Brechas generacionales, esas simas invisibles que trocean la sociedad. Al ver la portada de mis coleguis los Cuarentena, con cuatro cabezas en formol, a lo Futurama, me doy cuenta de cómo cambian las cosas. Los chavalillos ya no pillan los chistes de Los Simpson. Ahora que estoy cerquita de fichar por cuarentena, pero la década, no los que tocan, me empiezo a sentir como el Windows Millenium, obsoleto. Pero se me pasa escuchándolos. Julio está convirtiéndose en una especie de Keith Richards: da igual los años que tenga, sigue molando. Lo que pasa que estos cabrones son los primeros que se llevan la triple reseña, y corro el serio riesgo de repetirme, así que les voy a dar leña a dos manos para que pasen de mi culo. Un, dos, tres… ¡Cuarenta!

 

 

Leyenda urbana. Sin intros, ni toques al charles, ni hostias, menos hablar y más guitarrear, me flipa el punteo. Canción de rock, de toda la vida, con el que crecí cuando era cachorrito, cuando escuchaba el rock radikal vasco, muy mezclado con el punk. Oía una canción de cuatro notas en bucle con el bajo (No más punkies muertos, de los M.C.D.) y me creía Cliff Burton, el futuro de la música mundial. El caso es que, una vez que empieza la letra, vuelvo a mi mantra de El Reno Renardo o los Mojinos Escozíos: por el hecho de sonar a cachondeo, no quiere decir necesariamente que sea una mierdilla que han compuesto en diez minutos sentados en el váter. Al enumerar leyendas urbanas me estoy dando cuenta de las que me he tragado. A ver, soy inocentón y me las cuelan fácil, pero, ¿en las alcantarillas de Nueva York no había cocodrilos como autobuses de grandes? ¿A la Obregón no le estalló una teta en un avión? Joder, me dan ganas de pedirle una entrevista, con polígrafo y notario. Es que antes de las redes sociales, los bulos boca-oreja eran imparables. Como aquello de la fan de Ricky Martín… o la del riñón. Yo tuve esa conversación. ¿Cómo de pibón es la pibona que de repente se ha enamorado de mí? Con un riñón se puede vivir, ¿no? Por cierto, se han dejado lo de quedarse ciego por tanta afición onanista. Cuarentena: la única banda que da que pensar mientras te ríes.

Ya es viernes. Voy a soltar una blasfemia, a ver si me bloquean: esto suena a punk-pop americano. SUM 41, Blink 182 o, más acertado, Green Day. Como si julio fuera a salir en pantaloneta (si dices pantalón corto, fuera de mi iglesia), con una camiseta de Avril Lavigne y la gorra con la visera sobre una oreja haciendo pijaditas con un monopatín. El Tony Hawk de Barakaldo lo llamaban. Ya hablando en serio, es de las canciones que podría cantar en coreano. Sólo oigo el bajo de Fran chisporroteando en sala de máquinas, la batería de Chus cabalgando como un caballo de carreras en la última recta y el guitarreo desbocado. Joder, pues que va a ser verdad que no soy joven. Yo también limpio la puta casa el viernes. Doscientos mil metros cuadrados en cuando cojo la escoba. Es como barrer Wembley asiento por asiento.

 

 

Cruce de caminos. Si no te sabes la historia, te quitan el carnet de heavy, y la radio del coche se queda enganchada en Radio María. Padrenuestros en bucle de Logroño a Bratislava. Robert Johnson —cuenta la leyenda— que era un guitarrista fulerín, hasta que en un cruce de caminos se encontró al maligno, que le dio la destreza del maestro a cambio de su alma. Esto del cruce de caminos es viejo. Hasta Goethe en el Fausto lo menciona. Había un ritual, que en cada versión cambia. Vas por el día y, bien cerca del cruce, entierras algo. Al demonio le sale como una notificación de Messenger, y por la noche vuelves al mismo cruce y Mefistófeles te andará esperando. A ver, que el demonio gilipollas tampoco es, Julio. Déjate de vender almas y ensaya, tío perro. Nos ha jodido el listo. Quiere vender el alma y drogarse esperando convertirse en Tom Morello. Para ser rey del blues, pactaré con Belcebú / Para ser rey del rock tomaré drogas y alcohol. Ya tengo el videoclip en la mente. Samu, el de los Terzero en Discordia, con la bata de guatiné, los rulos y el rodillo de amasar pan, berreándole que tire pal local, pero a ensayar, no a estar de cervecitas con los coleguis. Si por tocarse los huevos se lograría algo en el arte, tendría el Nobel de literatura en régimen vitalicio.

El blues del antisistema. Por eso me gusta Julio, además de por su físico irresistible. No lo he oído nunca cagarse en la virgen, ni perder los nervios… ni hablar en serio. Siempre está tirando de ironía, siempre sonriendo, pero ¡ojo cuidao! Este mendas no es tonto. Con el paso del tiempo y la evolución de la banda, su espíritu punky, que sique latiendo debajo de su boina, ha pasado a enviar un mensaje igual de caustico, pero mas subrepticio. No me gusta que el dinero / pueda cruzar la frontera / que cerramos a personas / que huyen de múltiples guerras. Si la hegemonía de los países fuera en función de sus recursos, la República Democrática del Congo sería primera potencia, seguido de cerca por Brasil, y esto sería un erial. Si eres de los cagapoquitos que se envuelven en su bandera mira la procedencia de tu coche, tu tele, tu ordenador, tu móvil o tu ropa. Se fabricaron muy lejos de aquí por manos pequeñitas que no te da pena que pasen hambre. ¡Gracias, Amancio! Yo no soy antisistema, antisistema eres tú. ¿Alguien más ve la ironía? Violentos los que hacen un referéndum, constitucionalistas los que no se han leído la Constitución y quieren derogarla, policía patriótica la que usa medios públicos para espiar a rivales políticos, y defensores de los públicos los que te quieren meter 90 pavos por ir a Urgencias. En serio, tíos, sois los putos amos. Si encima llegáis a ser guapos, me lo tatúo en el pecho.

 

 

En un 124. Esto ya me ha pillado de nuevas. No conocía a los Andolini, aunque me imagino por qué se llaman así, y tampoco he visto un 124 andando en mi vida. Estaba pensando en Qué difícil es hacer el amor en un Simca 1000. Aquellos trastos de puro hierro, chiquitines como autos de choque y con más cojones que el caballo del Espartero. Mi abuelo tenía un Renault 12 ranchera inmortal el tío cabrón. Lo tiras por un barranco y subes andando con él. El guitarreo-bajo tiene un aire a la de Qué güeno que estoy, de los Mojinos y, con ayuda de Juan, que no se la ha tenido que aprender, y el Bicho, de Bicho*Z, otro que tiene kilómetros en las zapas, tiran este pitorreo, esta oda de sobaco oloroso al amor físico. Seré un poco tiquis miquis, pero en un 124 no me desvirgas ni aunque desmontes los asientos. Pobres amortiguadores.

 

 

En resumen, y mira que lo he dicho, pero es así. Cuarentena hace comunidad: de músicos, del rollo, de La Rioja y alrededores… son ese tipo de personas que no encabezarán en Wacken, ni harán solos a lengüetazos con una guitarra en llamas, pero serán los que mejor opinión se van a llevar por parte de las otras bandas y los organizadores, y encima los cabrones son capaces de tirar más mensaje de lo que parece a simple vista. Fíjate si son buenos, que puedo estar más de media hora meándome como un caballo de carreras y no me levanto por dejar esto terminado.

Para los de la vieja escuela —there’s no school like old School—, enlaces de la banda:

Facebook: https://www.facebook.com/cuarentena40

Webhttp://sinchorradas.es 

Youtube: https://www.youtube.com/channel/UCwKdqTgPGuDH5awbnBlsz7w

Cuarentena – Leyenda Urbana

by: Teodoro Balmaseda

by: Teodoro Balmaseda

Escritor de ficción y crítico desde la admiración. Si te gustan mis reseñas, prueba 'Buscando oro' en tu librería o ebook.

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