En los últimos meses ando en contacto con unos personajes que, no me pregunten de dónde sacan el tiempo para hacerlo, están al día de todas las novedades que van saliendo en sus géneros musicales favoritos y que, por eso mantengo esa conexión, son tremendamente afines a los míos. Casi a diario informan de todos los discos que se han publicado y proveen de los enlaces correspondientes para poder escucharlos. No sólo eso, los escuchan y van comentando. ¡Es un agobio! Por mucho que me pudiera gustar, me resulta imposible seguirles el ritmo. No es sólo que las obligaciones propias de la vida de un adulto con un nivel relativamente aceptable de adaptación al medio me impidan disponer del espacio en el que sentarme a escuchar con atención tanta música y analizarla, es que además no me apetece. Es demasiado. Termino escuchando sólo cosas puntuales que llamen mi atención o despierten mi curiosidad por el motivo que sea dentro de una paleta de motivos bastante amplia. Pero esta lucha por mantenerte en la más trepidante actualidad me impediría regocijarme en escuchar lo que sea que me pida el cuerpo en ese instante y que no siempre es lo más novedoso. Y además resulta que no todo aparece en los canales informativos que ellos usan. Este es el caso del dúo cantabro Bifäz que os traigo hoy y que estimo interesante daros a conocer porque si estáis esperando a descubrirlos en la lista de novedades de las plataformas más comunes os vais a comer un… bueno, ya sabéis. ¡Ahí no están! En Bandcamp sí, pero en las demás ni olerlos.

Los conocí buceando en el andargraun, Carlos anunció el disco en un oscuro grupo de feisbu dedicado al trapicheo vinilístico y llamó mi atención porque, aunque no todos en ese grupo nos conocemos o interactuamos, sí que es cierto es que hay que tener buena relación con el administrador para que te permita dar a conocer ahí tu trabajo. Sí, lo sé, es una cosa un poco endogámica, pero, siguiendo el ancestral precepto de «los amigos de mis amigos son mis amigos», decidí darle un tiento a su propuesta. No creo que llegase a escuchar el tercer tema del disco cuando ya estaba contactando con Carlos, guitarra y voz del asunto, para decirle que yo quería tener en mi casa uno de esos jugosísimos vinilos. Así, con un colega nuevo hecho por el camino, fue como mis estanterías se echaron temblar porque cada vez soportan menos el peso de tanto plástico y mis vecinos salieron a comprar nuevos y más eficientes tapones para las orejas. Desde mi plato empezó a tronar el doom rabioso, yo te diría que hardcoreta, de Bifäz. Imagínate a los Black Sabbath más oscuros e hipervitaminados y a unos Eyehategod pasados de rosca y encabronados con la existencia a más no poder. ¡Y sólo son dos tíos ahí endiñándole como posesos! Junto al ya mencionado Carlos, Omar se encarga de aporrear la batería y hacer las voces. No necesitan a nadie más.

Si me hubieses preguntado hace un tiempo te hubiese dicho sin pensarlo dos veces que el formato dúo me parecía escaso para estos menesteres. A mi mente hubiesen venido como ejemplo los White Stripes y eso destruiría cualquier opción de imaginar algo digno hecho con esa paleta de sonidos. Sí, eso he dicho, no puedo con los White Stripes, me parecen un despropósito. No se lo tome usted, si es flan, como una afrenta sino como una forma de exponer mi criterio para que, conociéndolo, sepa en que coordenadas situar mis palabras de cara a decidir si quiere aceptar como válido o no lo que vengo a decir. Bifäz es un dúo pero no va por los caminos de White Stripes. Pero, claro, la vida es sabia y nos permite acceder a otras experiencias que amplían nuestra perspectiva y nos hace receptivos a encontrar nuevas joyas. En este sentido, la temporada que Orthodox estuvieron funcionando como dúo, tanto en directo como en disco (ese Axis es una maravilla), y Bala, en especial ese temarraco que es Agitar, me obligaron a asumir que se pueden hacer cosas muy potentes con solo dos músicos. ¡Es todo un tema! Estaba listo para escuchar Bifäz y vaya si ha merecido la pena.

Lo que presentan los cántabros en su debut es un pepinazo de poco más de veinticinco minutos repartidos en seis temas con un sonido crudo, orgánico a más no poder, rasposo, cargado de mala leche y poderío, tocado con solvencia y elegancia, sin fisuras, un muro de sonido contra el reventarte la cabeza una y otra vez mientras le pides al cerebro que por favor pare, que te de un respiro, que apague el mundo exterior y te dejen a solas con esa música maravillosa. Música maldita, música de la destrucción, de lo más oscuro del ser humano y a la vez de lo más endeble. Hay cosas que son puro andargraun, que tienen esa voluntad, la de no agradar a nadie más a que a sí mismos. Todavía queda autenticidad en este mundo miserable de inteligencias artificiales, procesadores de sonido que están convirtiendo los amplis de válvulas en una especie en peligro de extinción, baterías plastiqueteras y filtros para todo. Escuchar a Bifäz es una bocanada de aire, quizá no fresco porque esta música suena a local de ensayo, a como suenan los instrumentos en realidad, a la vida misma sin paliativos, y ya se sabe que ahí por la pura emoción del momento el ambiente se vicia un poco y huele a sobaco. Sudor y fango, fango y sudor que cantaban los ya legendarios Cadena Perpetua.

Bifäz no temen arrastrar su sonido y suene grumoso, impactante, con todas las aristas cortando sin complejos. También se pueden venir abajo, pero en los escasos momentos en los que la distorsión desaparece y dejan ver un corazón casi de blues, este es del más denso y doloroso, del de los cruces de caminos que propician encuentros con aquello que otros no se atreven a mirar. La furia enmascarada tras unos segundos de coger aire para poder continuar con el grito primario que es toda su propuesta. Y aún así la producción del disco es brillante, todo suena a la perfección, bien definido, todo te deja una huella delimitada con precisión quirúrjica. Una bola de graves precisos, manejados con soltura, con todos sus armónicos en su sitio. Me encanta como suena este disco, estoy muy cansado, si usted ya ha leído otras reseñas mías lo habrá notado, del estándar que ha impuesto en el metal en los últimos años (y sí, seguiré defendiendo que la culpa es de Fear Factory, aunque no sea el momento de profundizar en esta pulla). Encontrar este tipo de producciones es una alegría. Mi más sincera enhorabuena a todos los involucrados en sacar este pedazo de joya.

Así que ya sabe, a mí me ha gustado bastante. Un disco de sludge cabrón y sin miramientos con el que limpiar mente, cuerpo y, sobre todo, orejas de las mendacidades del mundo y la música que nos rodean a diario. No sé hasta donde pueden llegar estos dos cafres, pero espero que no pierdan esa firme voluntad de andargraun por el camino, los hace especiales e interesantes. Al menos para mi forma de entender la vida, la música, el universo y todo lo demás. Ya usted decida si se anima a darles una oportunidad, si gusta de este tipo de sonoridades yo creo que se podrá alegrar si opta por hacerlo.

 

Bifäz – Extinción

by: Felix Morales

by: Felix Morales

Otro que pasó por la universidad para nada, como tantos. Culo inquieto, curioso insaciable, músico inclasificable y escritor para minorías. Nihilista nato. Autor de La senda del hipopótamo y Crisis de identidad. Mente perturbada tras ((((L)))) FAN ((((T)))). Toco en un grupo pero no me dejan decir cuál es. ¡Qué puta es la vida!

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