No hace mucho que saqué en mi sección de Urmemetal on the truck a Nine Inch Nails, que fue la primera chorrada que se le ocurrió a Trent Reznor para que le encajara con el logo de la banda, que era lo que de verdad le importaba. A ver, para gustos colores, pero yo prefiero las ideas con significado, un poco de ética detrás de la estética. Por ejemplo, la última bala. Esta banda se llama así porque es el último intento de Igor, Adrián y Javi, sus componentes, de hacerse famosos y millonarios. Más allá de lo sugestivo que resulta visualmente, tiene una idea que lo respalda. Además, tengo la suerte de poder llamarles coleguillas, y de poseer el último ejemplar de la primera edición de su álbum debut. No es un Nobel, pero por algo se empieza. Un, dos, tres… ¡Bang!

 

 

Los lobos aúllan por ti. Hay que establecer algunas premisas: Adrián es un guitarrista del copón. Yo no tengo ni puta idea de corcheas, ni acordes, ni quintas, pero esa guitarra suena limpia, cada puñetera nota es como si las cuerdas nos hablasen. Un poso innegable a AC/DC. Esos primeros AC/DC de Highway to hell, o un poco más modernos, como los del Rock&roll Train —sobre todo cuando entran las estrofas. Es un rock áspero, duro, pero con raíces en el blues. En las estrofas bájale el tempo y llama a B.B. King, verás si sabe tocar. La instrumental del estribillo es un obús, como el solo. Adrián le saca filo a la púa, pero el bajo es puro AC/DC, no es necesario tocar mil notas por minuto para crear una base sólida sobre la que armar un tema.

Cruzificados como J.C. Un toque de Sabbra Cadabbra, de Black Sabbath, aunque me recuerda más la versión de MetallicA en el Garage Inc., con un poco de Airbourne, de Mastodon. El bajo y la batería tienen una misión clara: tienen que aportar una estructura sonora fuerte, sobre todo en las estrofas, donde la guitarra apenas hace ese decrescendo a lo Tony Iommi. Rock de la vieja escuela, pero haciéndole un guiño a sonidos más pesados. No es necesario ser un misil para imprimir velocidad, como les pasa a los Atasko, de Basauri, y tampoco hace falta meter doble bombo y destrucción para ser leñeros. Esta letra es de las mías. No se complica la vida, no es poesía compleja, pero sí tiene un mensaje, una ética detrás de la estética.

La vida pasa. Un poco a los Velvet Revolver en Slither. También es una buena analogía, aunque creo que Slash depende más de su guardia pretoriana que Adrián. Digamos que, en espíritu, La última bala tiene más que ver con U2 que con Guns&Roses. No hay un guitarra rítmica sacrificado en sala de máquinas, así que batería y bajo tienen que cargar con el esqueleto de la banda. En cuanto a la letra… joder, deprimente. Hace cuatro días que tenía 17, y ya ha pasado media vida, o casi. Ha pasado media vida / queda otra media por vivir / y hemos aguantado los golpes / sin dejar de sonreír / No me arrepiento de mis errores / de ninguno que cometí / pues nos han hecho como somos / nos han traído hasta aquí / Y mientras tanto / la vida pasa y yo / seguiré esperando un milagro que me alegre el corazón. Me ha definido perfectamente: espíritu del Je ne regrette ríen de Edith Piaf (Aunque Rammstein lo usaban en Frühling in Paris). Igor no lo canta, lo berrea. Parece que fuera a ser su última canción.

 

 

El infierno. Ese sonido a lo Born to be wild de Stepperwolf (la de Easy Rider), rock de etiqueta negra, de chupa de cuero y mancha de grasa. Centrándonos en Javi, es un Charlie Watts (D.E.P.): sin doble bombo, sin solos de batería de 35 minutos… un tipo entregado a la causa, solvente, eficaz y, sobre todo, humilde. Haciendo un símil futbolístico, es un Sergio Batista en comparación con Maradona o un Jonny Repp equivalente a Cruyff. Es el que pone el pase, y el que se deja el culo defendiendo para que el crack que infle a hacer diabluras. Está tirando de plato para darle empaque. Mucho sonido de la vieja escuela, Zach Wylde, Black Label Society… por no tirar más atrás, pero esto es como ver el camión de Begoña subiendo un puerto, que gruñe y saca un par de cojones que va a arrugar la carretera. Me estaba acordando de aquel grafiti de «no vayas al cielo, que Franco está allí». Entonces el cielo para Sherpa, los demás iremos donde suenen guitarrazos cojonudos.

A contracorriente. La que da nombre al disco, a mitad de recorrido.  Brotes de Status Quo en Whatever you want y del Jailbreak de AC/DC —muchísimo poso de los australianos en este disco—, cuando Bon Scott andaba todavía poniendo la guinda a las maquinaciones de los Young. Otro himno al sapere aude, a salirse del renque. Curioso que en la época donde más fácil es conseguir información sea cuando más fluctúan los bulos, las fake news, los charlatanes y los terraplanistas (hombre, si la Tierra no fuera plana, no sería un planeta, sería una esfereta)

Chicos de barrio. Ese tipo de punteo me resulta tremendamente familiar. Podría ser de Angus Young, pero también lo he oído en grupos más cercanos, de los originales o herederos del Rock Radical Vasco… podría ser alguna cara b de alguna cinta vieja de Barricada. Cierto que el bajo no suena mucho al Drogas, pero el guitarreo sí podría ser de Boni o del Alfredo. Igual que las anteriores eran un canto a no arrepentirse y a mantener la cabeza alta, se den los resultados como se den, esta es un poco más nostálgica. Es curioso, porque cada uno hemos tenido nuestro grupo de colegas y hemos hecho cosas diferentes, pero todos dibujamos la misma sonrisa al rememorar aquellos tiempos.

Tubos de escape y… Suena más a descendiente de AC/DC, digamos Airbourne o Jet, sobre todo los últimos, que a los Young y compañía. También tienen lo mismo que Atasko. No corren, no van desbocados, pero sí que imprimen la idea de velocidad. Tienes que escuchar la canción minuciosamente para darte cuenta de que no van quemando púas. Pasa como en la de Frau & Mann, de Lindemann en solitario (hay tramos en el estribillo que hay similitud).

La última bala. Qué cabrones. Estaba convencido de haberla escuchado en el primer disco, pero no. La han ido puliendo en directo (esa canción de presentación de los miembros que suele ir al final, o por lo menos en el último tercio del concierto), y claro, al escucharla, ya me la sabía. Es la receta de estos tres. El bajo como base, una batería que se echa la banda a las espaldas, un guitarrista que pone la diferencia y una voz de vena hinchada, con un par de ideas claras y, en el fondo, un mensaje de esperanza.

El rock no sólo es reventar guitarras contra el suelo, drogarse y reventar habitaciones de hotel, también es cuestión de mandar un mensaje, y ser buena gente. Estos tres animales de Zaldívar molan. Para quien le pique la curiosidad por qué más son capaces de hacer, enlaces de la banda:

Facebook: https://www.facebook.com/La-Ultima-BALA-1912267902333847/

Contratación: 667245278

La última bala – A contracorriente 2021

by: Teodoro Balmaseda

by: Teodoro Balmaseda

Si te gustan mis reseñas, también escribo novelas. Cadelarias de la Virgen

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