El concierto del pasado 29 de abril, casi me pilla por sorpresa, no sé si por el cuestionable funcionamiento de las redes sociales en cuanto a promover eventos en la zona o por mí despiste. Aún así, me recordó a cuando vivía en Londres y alguna banda como High On Fire tocaba a 10 minutos de mi casa y me enteraba unos días antes. Desafortunadamente la provincia de Cádiz no es tan prolífica en conciertos fuera de lo mainstream como sí lo es la capital inglesa.

Ahora bien, he de hablar de mi relación con la banda Atavismo. En muchos de mis círculos sociales siempre me hablaron bastante de la banda, es como esa serie o película que te recomiendan muchas personas pero estás cómo en otra página u onda y no quieres verla para no llevarte una visión muy magnificada o temes que no sea una visión orgánica. Así que de forma más natural, sentí que era el momento de empezar a escucharlos ya que tocaban a escasos minutos de mi casa. Por lo que esta crónica es de alguien con pocas escuchas a la banda.

 

 

He de decir que la sala/pub estuvo con un nivel de público bastante aceptable (diría que algo más de la mitad de la capacidad), aunque puede que por el tema promoción no estuviera a lo esperado. Mención especial a la decoración y atmósfera del TPOP, un sitio lleno de Pop Art y buen ambiente. Me he vuelto fan de los conciertos acogedores y la mayor parte del público estaba formado por melómanos y fans de la banda, por lo que estuve bastante cómodo.

Tras una corta espera, el concierto empezó sobre las 22:30. Atavismo entraba en escena con una formación de cuarteto, me contaron que empezaron como trío en sus inicios. Abrieron con un tema instrumental para caldear la sala y el público respondió con entrega.

 

 

Referencias al rock progresivo, sicodelia e incluso a Pink Floyd es lo que suele rodear a la banda. Algo con lo que no estoy del todo de acuerdo, aunque puedan venir en cierta manera de ahí, Atavismo ha desarrollado su propio lenguaje musical que está basado en la fusión de su teclado con licks de guitarra que crea un estado de hipnosis y trance al oyente, todo eso soportado bajo una batería contundente a la vez que casi tribal por momentos además de unas líneas de bajo densas que hacen que tu cabeza tenga que dejarse llevar por la cadencia sonora. Añadir que su sonido está también aderezado con el carácter propio de estar al sur del sur y me refiero a cierto regusto a Triana y el flamenco, quizás se podría hablar de cierta marca del «Andalusian Noise». El resto de setlist se adentró en una mezcla de canciones de sus discos «Desintegración», «Inerte» y «Valdeinferno». Los puntos más álgidos fueron temas muy sureños como «La Palmosa» o «Pan y dolor» casi al final del concierto, dónde parte del público hasta se animó a dar algunas palmas con el compás tan de aquí que saben mezclar en su música, lo que me hace pensar en lo que sería de ellos con ciertos padrinos en la música. Otra cosa a resaltar fueron momentos de calma como en la canción «Kraken» o la intensidad de «La maldición del Zisco». La banda parece que terminó con un buen sabor de boca y como elementos a reseñar fueron la batería de la banda por su labor de columna vertebral en el grupo por su sonido lleno de matices además de llevar gran parte de la interacción con el público, la solidez del bajista, Poti con su manejo de una pedalera enorme y esos cosquilleos sonoros por parte del teclado. Agregar que algo que muchas bandas deberían de hacer es el contacto visual y comunicación en cuanto a lenguaje corporal que tiene Atavismo entre ellos, se nota que no son una banda sino una familia y eso se transmite en el ambiente.

 

 

Por último mencionar de que al sur del sur tenemos suerte de disfrutar de cierto nivel de bandas, la pandemia ha disminuido bastante y ahora que nos volvemos a sentir más normales, hagamos por sentirnos más a través de la música y asistencia a conciertos de bandas que echaremos de menos en algún momento como Atavismo, Medicina, Híbrido y etc…

by: alejandro

by: alejandro

Melómano con especial atracción al rock de los 90, aprendiz de dibujante en mis ratos libres y apasionado de coleccionar fetiches de corte musical como guitarras, amplificadores, pedales o la púa que tiró Chris Cornell en el 2012. Me encanta compartir sensaciones que me transmite una canción, lugar o concierto siempre que me es posible.

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