Jueves , una fría noche de Abril. Me reencuentro con la sala Zeta 25 años después de que cruzara sus puertas por primera vez y tras varios lustros sin hacerlo. Un cuarto de siglo en el que, pienso, yo he cambiado más que ella. Ya no están aquellos pósters de películas de serie B de los años 50 (tipo El ataque de la mujer de los 50 pies o El planeta prohibido) pero el local permanece casi inmutable al paso del tiempo. Ya desde su apertura la sala Zeta ha sido un referente del rock en Zaragoza. Todavía recuerdo las largas partidas al billar escuchando buen rock. Para celebrar este reencuentro no se me ocurre nada mejor que un concierto de un grupazo como The damn truth. Los de Montreal nos ofrecieron un show brutal en todos los sentidos. No les bastó con llegar pletóricos de forma sino que derrocharon energía y buen rollo. El show de The damn truth es una montaña rusa que nos trasladó al mejor rock de los años sesenta y setenta. No lo digo solamente por la imagen de alguno de sus componentes, sino por la calidad de sus composiciones. The damn truth no han inventado nada, ni falta que hace a estas alturas, pero lo que hacen lo hacen con pasión. Algo que cada vez escasea más. The damn truth disfrutan sobre el escenario y, lo que es más importante, nos hicieron disfrutar al resto. Poco les importó la decepcionante asistencia de público, lo dieron todo como si estuvieran ante un gran estadio.

Con un sonido perfecto y una ejecución sin fisuras, ofrecieron un concierto memorable. La complicidad entre los miembros de la banda era más que palpable y se contagió pronto entre los asistentes. A todo ello contribuyó la arrolladora voz de una Lee-La Baum realmente fuera de órbita. Tampoco el guitarrista Tom Shemer, el batería Dave Traina o el bajista PY Letellier se quedan cortos ni en calidad con sus instrumentos ni en personalidad. Además, son un combo muy visual: ese Shemer subido al bombo de la batería o la camisa abierta de Letellier son todo un espectáculo a base de descaro y chulería rockera. Empezaron fuerte pisando a fondo el acelerador con lo más granado de su último LP publicado hasta la fecha, el genial Devilish folk de 2016. Del repertorio de anoche me quedo con Pirates & politicians, Broken Blues y Heart is cold así como su versión del Love is blindness de U2 (una de las mejores y más incomprendidas baladas de los irlandeses). Han pasado 3 años desde su publicación pero el grupo defiende estos temas como si fuera la primera vez que los tocaran en directo. La verdad, es un verdadero lujo poder ver tan de cerca a un grupo tan entregado y pasándoselo tan bien. Tras el concierto, el grupo siguió derrochando simpatía mientras repartían abrazos, firmaban discos y se hacían fotos con todo el mundo. Lo dicho, oiga, un lujo.

 Permitidme una reflexión que me sale del alma. Lo único que puedo reprocharle a la perfecta noche de ayer no se debió a la sala ni al grupo, se debió a la gente que se quedó en casa. Me pareció que un grupo de esta calidad y esta entrega se merecía una mayor afluencia de público. Entiendo que era jueves y que cada uno tiene sus obligaciones pero ya me empiezo a cansar de la gente que se queja que no vienen buenos grupos a Zaragoza (algo que es totalmente falso) pero luego no se mueven del sofá ante propuestas tan interesantes como la de The damn truth. Señores, esto del rock se va al garete si los feligreses nos quedamos en casa. El ingente esfuerzo de promotores y salas no es suficiente, hace falta que el público acuda a las salas. Y no me sirve la excusa del precio, lo que se pagó ayer por ver a este grupazo es simplemente ridículo. Pocas veces tocar el cielo sale tan barato. Que luego la gente rockera se deja 100€ en ver por una pantalla gigante a dinosaurios tipo U2, Springsteen, Rolling Stones o AC/DC en el único concierto al que asisten al año mientras eventos mucho más cercanos y baratos (pero de innegable calidad) no reciben un apoyo suficiente. Qué a gusto me he quedado. 

Una Respuesta

  1. Curica

    Es una pena que mis compromisos con el cónclave impidieran mí asistencia, una pena sin excusa…
    Espero no fallar la próxima vez.

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