Al salir del recinto, con todavía dando vueltas por la cabeza las sensaciones vividas tas dos horas de concierto, no es esa primera media hora dedicada a la presentación de los temas del nuevo disco, ni esa segunda parte donde ante nosotros apareció esa Luz rockera, ni esa parte final con ese espectacular guiño que algunos en algún momento pudimos intuir,  lo primero que a más de uno nos vino a la cabeza ah sido poder comprobar como algunos artistas, tras cuarenta años de carrera, no han olvidado que es gracias a todo ese gentío sentado en el teatro que son lo que son, por eso es de agradecer que autenticas leyendas como Luz Casal, desde el primer momento hasta la última nota, haya buscado esa complicidad con «su» publico y haya acabado orquestando una autentica comunión entre artista y espectador, y bien pudiera ser por ese guiño final, pero no, si al final todo el recinto ha acabado de pie con una larga ovación al artista, es porque a lo largo de esas dos horas, minuto a minuto, ante nosotros se nos ha presentado una artista que parece seguir teniendo las mismas ganas de cuando empezó.  Más de uno tendría que tomar nota.

Y dicho esto, tocaría ya entrar a desgranar lo que ayer si vivió en el Teatre Principal de Terrassa a lo largo de dos horas que, sin duda, ya pasan a formar parte de la historia de esa sala en la que hace ya algunos años un grupo de aficionados al teatro tuvimos ocasión junto a alguna de esas artistas consagradas inaugurar, pero eso pertenece a otra historia, no la vivida ayer.

Luz Casal, tras abrir el concierto con «Que corra el aire», canción encargada de dar nombre a su último disco, ya dejó claro que estábamos ante la gira de presentación del mismo, por lo que la primera parte del concierto giró en torno a este último trabajo. Uno tras otro, hasta ocho si mi memoria no falla, fueron cayendo para el disfrute del respetable, y es que vaya pedazo de disco acabó manufacturando el pasado año. Momento especial cuando nos explica a quien va dedicado esa delicia llamada Lucas, y es que no se me antoja mejor poema para narrar esa triste historia que envuelve la canción.

Una vez presentada esa pasada de banda que la acompaña, mención especial a ese par de guitarristas, bestiales a lo largo de toda la noche, y tras un pequeño cambio de vestuario que ya dejaba intuir que nos íbamos a adentrar en esa faceta rockera que tanto nos gusta a algunos de Luz Casal.  Sí, una tremenda segunda parte en la que, tras esa delicia llamada «Entre mis recuerdos», una tras otra van cayendo auténticos himnos para nuestro deleite, así, como quien no quiere la cosa, «No me importa nada», «Sentir», «Loca», Plantado en mi cabeza»… hasta terminar como no podía ser de otra manera con «Rufino». Un demoledor set que nos deja con ganas de más y que, tras un breve parón para otro cambio de vestuario y para que la banda recupere fuerzas, nos adentra en la tercera y última parte del show.  Una parte en la que de inicio la electricidad da paso a la acústica para volvernos a emocionar con esa mosntruosidad llamada «Piensa en mi». Y tras unos recuerdos a su tierra natal con «Morna» llega el momento de los dos guiños finales. El primero dedicado, tal como ella se encarga de recordar, a Mari Trini con «Amores», para a continuación dar paso a esa memorable versión del «Boig per tu» de Sau.

Y mientras el espíritu de Carles Sabater sobrevolaba el Teatre, Luz Casal ponía fin a una de esas noches mágicas que acaban perdurando en la memoria.

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