Toc toc. Toc toc.

¡Hey! ¡Heeeeey! Sí. Tú. Te estoy hablando a ti. Por eso he tocado a la pantalla de tu móvil/tablet/ordenador de ultimísima generación.

Si has llegado hasta aquí sólo tengo una cosa que decirte. Ve a escuchar Bosa. Puedes seguir leyendo a continuación, sería un detalle. ¡Pero no te desvíes de lo importante!

¿Por qué? Eso podrías preguntarme. A lo que te responderé que para qué has pulsado este enlace. Así que dejemos de perder tiempo y vayamos al lío.

Nota 90

Vita Imana ha sacado un discazo con mayúsculas. Ya desde la primera escucha podrás darte cuenta. Tras “Calima”, “No en mi nombre” te dará esa dosis de intensidad, agresividad y potencia que estabas buscando, aunque no lo sepas. Con unos riffs que no dejan lugar al reposo y una sección rítmica bestial, la atención al trabajo con la percusión de Miriam Baz ha de ser constante para poder apreciar todo lo que quiere decir este álbum, conseguirán que ni se te ocurra parar el reproductor.

“Desfiguradas” se meterá en tus oídos para quedarse a vivir, que no es malo en absoluto, pero si no paras de mover la cabeza como uno de esos perros que la gente ponía en los salpicaderos de los coches no te alarmes. Es lo normal. Destacar de este tema el genial interludio que mezcla unas guitarras que recuerdan a Rammstein con el toque tribal de la percusión.

La pista de bajo de “¡Contraataque!” es algo que cualquier bajista de metal va a desear haber grabado (el primero de ellos, yo). Ya que no es solamente reseñable ese genial inicio, sino el peso que aporta a todo el tema. Si antes hablamos de Rammstein, aquí toca hablar de Gojira a la hora de referirnos a las guitarras. Que no es precisamente algo que deba pasarse por alto.

Hasta el momento he hablado de la percusión, las guitarras y el bajo. Pero la batería suena con muchísima pegada, sobre todo en los bombos. La voz es un despropósito, la nueva incorporación de Mero Mero es otro ejemplo más del gran salto cualitativo que la banda pone de manifiesto con Bosa.

“Taikos III” es tu momento de tomar el aire. Con unas guitarras que bien podrían figurar en cualquier trabajo de Post-Rock instrumental (véase bandas como Toundra, Jardín de la Croix e If Theese Trees Could Talk), harán que respires junto con las notas que suenan para que puedas sumergirte en la segunda parte del disco.

Si alguna vez te preguntaste cómo conseguir con una banda de tamaño estándar lo que Slipknot hacen con 9 personas debes escuchar “Desdoblamiento”. Nada más que añadir, descúbrelo tú mismo. Con “Ojos de la serpiente” y “El mundo a mis pies” no dejan de mantener el nivel. Así que no pienses que este álbum tiene temas de relleno, no los busques. No los hay. Todos tienen ese algo que te hará volver a ellos.

En “Bosa” la banda no para quieta. La batería y la percusión no cesan en lo que puede parecer una competición con las guitarras y el bajo para ver quién puede aguantar más sin extenuarse. Sólo un un, dos, tres, cuatro sepulturero será tu descanso cuando los veas en directo.

Y para finalizar, “El duelo”. Esta genial pieza a medio tiempo será tú última oportunidad para que dejes de lado cualquier excusa que te impida apreciar todo lo bueno que hay en Bosa. Una canción que aunque en el papel pueda parecer larga, recorrerá tus oídos en lo que te parecerán pocos minutos. Y dejará plantada en tu mente esa melodía final que no podrás ni querrás olvidar.

 

 

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