Crónica del concierto de 51 GRADOS & WHIP SHOCK en Sala Milwaukee (El Pto de Sta María) 12/10/18

Publicado el 14/10/2018 | por Carlos Tizón | Conciertos, Opinión

Tenía pensado comenzar esta crónica soltando el rollo sobre por que un viernes por la noche no estáis disfrutando de una cerveza fría y una buena banda en algún garito de la ciudad en vez de estar poniendo videoclips de bandas rock en Facebook o escuchando la enésima versión de algún conocido tema de U2 en otra fiesta programada por el Ayuntamiento. Comprendo que las situaciones a veces son adversas pero cuando se convierte en costumbre… Pero no, paso, cada cual que haga lo que le de la gana, son maneras de vivir. El viernes 12, festivo aunque siempre haya algo que celebrar, el Sur del Sur recibía la visita de los madrileños 51 Grados. El Puerto de Santa María, preciosa ciudad donde corren malos tiempos para la música en directo, o al menos para las bandas con repertorio propio, y la Sala Milwaukee el lugar elegido para la descarga. Y no es ninguna afirmación gratuita, las escasas treinta personas que se dieron cita para disfrutar de un concierto con dos muy buenas bandas por tan solo 6 pavos es la prueba definitiva. Ya puede usted dictar sentencia señoría que yo voy a lo mío, que para eso he abierto una cerveza fría y he encendido el ordenador donde juntar cuatro letras. Después de compartir algo de comer y beber en Bugalú (gastropub local que no debéis de dejar de visitar) con Iván, Carlos y Rodri, los tres culpables de ese power trío llamado 51 Grados, entraba en la sala para disfrutar del grupo que se encargaría de abrir la velada, Whip Shock.

Con  una juventud insultante, este trío gaditano nos dejó a todos con la boca abierta tanto por la calidad de sus canciones, su ejecución y la energía que desprenden sobre el escenario. Más que hijos del sonido de los 90 debería de decir que son nietos, porque estos chavales si consiguen que nadie les canse en este jodido mundo de la música, viendo el nivel que ya atesoran, en unos años pueden ser un puñetera máquina de matar. Su sonido cabalga entre el grunge y el garage rock, cargado de distorsión. Su sección rítmica es matadora. Durante los cincuenta minutos que se apoderaron del escenario, Whip Shock consigueron contagiar su electricidad a los asistentes y arrancar más de un elogio. La noche comenzaba muy, muy bien, desde luego ya no había ninguna duda de que era una buena elección estar esta noche aquí.

 

Después del huracán Whip Shock, era el turno de 51 Grados y los madrileños mostrando una profesionalidad tremenda tomaban el escenario. La primera sorpresa fue percibir como en directo el trío aumenta en potencia y fuerza respecto a sus discos. Aquello era un concierto casi en familia y así se lo tomaron ellos en su relación con los asistentes, estableciendo Carlos mucha comunicación con la gente, algo que se agradece en estos tiempos en los que los egos muchas veces no se corresponden con las realidades. Abrieron fuego con “Redentor”, la batería de Rodri marcando el ritmo y el grupo lanzado en una carrera sin vuelta atrás. Caen “Cometas” y “Seguir aún”. Reconocimientos varios y agradecimiento de servidor por el detalle de la banda con este irredento juntaletras. “Invencible” suena de escándalo, poderoso como un trueno. Si en estudio ya es una gran canción, en directo se convierte en esa canción que querrías que sonase toda la noche. El minutero corre con demasiada prisa o eso parece, porque los minutos vuelan mientras 51 Grados se comen el escenario. “Estigma”, “Faro”, “Desconexión” y “Síndrome” ponen punto final a una noche de decibelios y buen rollo.

Si 51 Grados pasan por tu ciudad no te lo pienses ni un solo instante. Alegría y rabia. La primera por comprobar como siguen luchando músicos cuya principal razón de ser es que sus canciones suenen en cada escenario. La segunda por ver como mucha gente prefiere quedarse en su zona de comfort que arriesgar a descubrir otra nueva banda. El Sur del Sur volvió a sudar rock and roll, y 51 Grados junto a Whip Shock fueron los grandes culpables.

Sobre el autor

Licenciado en el arte de apoyar el codo en la barra de bar. Comencé la carrera de la vida y me perdí por el camino, dándome de bruces con el rock and roll. Como no pude ser una rock star, ahora desnudo mi alma cual decadente stripper de medio pelo en mi blog, Motel Bourbon.

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