Escuchaste esa canción. Por fin despertaste y supiste, que caminabas solo
a un lado de la línea.

Tu realidad se dio la vuelta y comprendiste que la enfermedad es el reflejo
de otra vida oculta que clama desde su mal llevado anonimato.

Gírate y verás la mano que te hace caer. Y no esperes motivo justo
ni saber humano;
es una maquinaria absurda que no entiende de razones y bebe de tus sueños.

Resiste y la verás, tirando de tu alma, sonrojada, indecisa como una colegiala
caprichosamente enamorada, que no sabe ni quiere más que tu dominio.
Bésala en la frente, pídele que borre su rayuela de muerte y si fuera necesario,
oblígala con el lenguaje de tu corazón. Y con esa melodía, haz que despierten
otras flores que se marchitan, anónimas, a la intemperie.

Sácalas del jardín del tiempo y ponlas en el vivir.

 

 

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