Magic Lips seguían los pasos de bandas como Rival Sons o los mismos The Brew: integrantes jóvenes que han machacado los grandes discos de rock de los setenta, emulando a sus ídolos (arrancaron con un coreado «Jumping jack flash») y aunando esfuerzos para recuperar el sonido de tiempos pasados. Sangre fresca. Si bien les faltaba rodaje, se defendieron correctamente ante un público que iba a lo que iba. El vocalista y guitarrista incluso exhibió solvencia moviendo a buen número de hambrientos de The Brew, haciéndonos cantar y palmear, sacándonos del estado de espera en que nos encontrábamos. Sus temas propios sonaban interesantes, aunque como su presencia, necesita pulido. Son jovenes y tienen tiempo para ello.

Diez minutos después del punto y final de Magic Lips se apagaban las luces de nuevo y The Brew salían a escena como acostumbran: a matar. De sopetón, tres cañonazos de su nuevo álbum, todos ellos halagados por el público. El trío los interpreta con confianza, como si de clásicos se tratase, y estos suenan como en el mismo Shake the tree pues, al igual que Control, este capta perfectamente la intensidad de su directo. Una guitarra potente, con mucha presencia, de filo grueso, cuyos riffes sonaban como mazazos. Un bajo juguetón, corpóreo, y una batería cuyos materiales son de otro planeta. No entiendo como Kurtis no se la carga pieza a pieza golpe tras golpe. Allí, al fondo del escenario, parece que cayesen obuses. Por todo ello, aunque The Brew son tres tipos, parece que tocasen diez.

Jason salta, cabecea y castiga sus guitarras a base de molinillos y riffes inquebrantables. Se alejan del sonido ecléctico zeppeliano -que no de estructuras y melodías-, sin distanciarse de la tradición purpeliana para sonar más a sí mismos, tanto en esos arranques explosivos como en elegantes medios tiempos como «Whithout you». Antes de ganárse al público con juegos o clichés, se lo ganan con canciones, sorprendiendo por su intensidad. Para cuando llevan al público de la mano, tanto Tim como Jason piden ruido, cánticos y gritos que reciben únicamente dando a cambio más de lo mismo. Hasta el final.

Muy celebrados los cortes de Control, asentados en su repertorio y sonido de hoy, así como sus himnos «KAM» y «Every gig has a neighbour». El grupo ya cuenta con un gran repertorio de temas, y a dia de hoy, deja fuera muchos clásicos («Postcode hero», por ejemplo). Por ello, duele que el espectacular solo de batería de Kurtis sea tan largo, o que no se decidan a deshacerse del momento arco de violín por el único hecho de haberlo convertido en seña de identidad. No creo que lo necesiten a estas alturas, pero esta visto que el público adora ambos y no seré yo quien lo repudie. Preferiría tres o cuatro temas más, pero la aclamación popular manda.

El sonido de la sala El Sol fue espléndido y brilló a lo largo de todo el show. Se pasaron un tanto con el volumen y algunos momentos, como el solo de «KAM» rozaron lo estridente, pero en cuanto a nitidez y equilibrio podemos hablar de excelencia. La banda brilló en todo momento y el último tema, «Million dead stars» no fue menos. La despedida fue mucho más intensa que emotiva. Todos cantamos con gusto el estribillo, agradados por las palabras de Tim («en cuanto terminemos, nos bajamos a tomar algo con vosotros») y por el descanso que, queramos que o no, merecíamos después de tal arrollador repertorio.

Como siempre, The Brew son garantía. Parecen sentirse cómodos en el circuito de salas; no creo que necesiten más. Y así los queremos, cercanos y profesionales, siempre con ganas de echar abajo el recinto a base de vatios y rock. Un rock que, como decía, cada día es más suyo que nostálgico.

Setlist de The Brew en Madrid

Shake the tree
Johnny Moore
Knife edge
Without you
Repeat
Skip
KAM
Name on a bullet
Black hole soul
Every gig has a neighbour
Solo de Batería
———————————
Mute
Million dead stars

by: Edgar

by: Edgar

A la música le dedico la mayor parte de mi tiempo pero, aunque el rock me apasiona desde que recuerdo, no vivo sin cine ni series de televisión. Soy ingeniero informático y, cuando tengo un hueco, escribo sobre mis vicios. Tres nombres: Pink Floyd, Led Zeppelin y Bruce Springsteen.

3 Comentarios

  1. Daniel

    Coincido contigo totalmente. Tras terminar el concierto escribí a mis amigos diciéndoles que brutales, sobre todo la primera parte del concierto porque en la segunda alargan temas sólo para mostrar su virtuosismo, lo que no necesitan y nos deja huérfanos de más temas

    Responder
  2. Daniel

    Por cierto, yo juraría que también sonó Reached the sky

    Responder
    • Daniel

      Perdón, quería decir Rock and Roll dealer. Serían las ganas…

      Responder

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