La caseta municipal de Espartinas presentaba un fantástico ambiente que se venía arriba cuando pasados unos minutos de las diez de la noche, una de las grandes leyendas del Heavy Metal de este país comenzaba su descarga. A estas alturas y después de tantos años, no en vano, Obús debutaban discográficamente en 1981, cada concierto de la banda es un continuo de grandes éxitos coreados por un público entregado ante una banda que ha significado-y lo sigue haciendo- tanto para muchos de nosotros. Es imposible no destacar el estado de forma de Fortu, viejo zorro curtido en mil batallas conocedor de aquellos “trucos” necesarios para seguir sacando adelante con solvencia los conciertos lo que no minimiza ni un ápice el fantástico estado de su garganta y su omnipresente figura sobre el escenario y es que no olvidemos que el vocalista cumplirá 72 años en estos días.

Fernando Montesinos y Carlos Mirat son dos músicos lo suficientemente solventes para contribuir de manera titánica al desarrollo del concierto, ambos tienen presencia escénica y tuvieron la oportunidad de ofrecer sendos solos, que por cierto, el bajista dedicó el suyo a Lemmy e incluso reprodujo algunos compases de “Ace of Spades”. Pero todas las miradas se centran en Paco y Fortu. El guitarrista sin duda asume un segundo plano escénico que no musical ya que sus riffs anuncian la riada de clásicos que caen sobre nosotros, canciones que forman parte de mi vida, que me llevan acompañando desde que caí en las redes del Heavy Metal a mitad de los 80 y fortalezco cada día los nudos que me atan a él. El Obús estalló en Espartinas para delirio de los que allí nos dimos cita, y que sean muchas veces más.
















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