Si algo está caracterizando a la ciudad de Murcia y a la Región, en particular, en los últimos años, es la cantidad de talento que en todos los géneros musicales está apareciendo por cada uno de sus rincones. Ítaca bar, centró cultural de referencia de la capital desde su apertura hasta la actualidad, tiene mucho mérito en ello, apostando fuertemente por eventos de cualquier índole, así como su compromiso con todos los problemas que circundan a este mundo: sus ciclos de conferencias, charlas y encuentros son ya un clásico para los que poblamos esta ciudad.

En el marco de los Encuentros sonoros, una estupenda idea desarrollada por Thomas Alburquerque, Victoria F. Castillo, Iván Fernández Garcia y la Cooperativa Ítaca, actúo una joven promesa de la canción de autor de la capital: Lelé Terol. Nacida en el año 1991 en la ciudad de Granada, la joven intérprete e instrumentista andaluza ha editado hace poco su primer Ep, La Costera: un trabajo variado y ecléctico en el que repasa no sólo sus propias influencias musicales y da rienda suelta a su caudal creativo, sino también su biografía. ¿Y qué mejor forma que hacerlo mediante el arte?  Muchas veces, la mejor forma de explicar quiénes somos es mediante éste; la singladura de nuestras vidas a través de la creación y la plasmación de sentimientos que, como bien decía Rafael Sanzio, es la herramienta idónea para que cada uno explique las cicatrices que, tanto en el alma como en la memoria, dejan los recuerdos.

Acompañada la joven creadora por Rubén Villahermosa a la guitarra española y al teclado y por Jorge Asmarats a la guitarra solista, la granadina ofreció un recital sobrio y elegante. Composiciones como Again and Again, en el que la andaluza ejemplifica ese eterno retorno del que hablaba el filósofo Friedrich Nietzsche, en su voz es como una promesa de cambio y una forma de poder clarificar y cerrar ese pasado con la tinta indeleble del coraje. La misma tónica se repite en Juan López, una canción nacida de un poema de un poeta amigo suyo que ella adaptó siguiendo una tónica parecida a la de Quique González, en su momento, con Aunque tú no lo sepas, del ya emérito Luis García Montero, aparecido en su libro Habitaciones separadas. Es delicada, hiriente y sensual por momentos: un daguerrotipo emocional en el que la música, dirigida por los suaves acordes de guitarra, viaja hasta las oquedades emocionales de la artista. Entre finos gritos mezclados con su candorosa voz, se dibuja el perfil de un entramado sensitivo que la propia artista Lelé y su banda ejecutan a la perfección.

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No creo que haya mucho que decir a estas alturas sobre el Hallelujah de Leonard Cohen. Cuando Jeff Buckley la escuchó por primera vez la convirtió en una liturgia en la que multitudes de almas transidas se vieron imbuidas por el dolor que el norteamericano le imprimió, a modo de homenaje, también, a su padre. Lelé y sus músicos se acercaron en su interpretación mucho más a Buckley que a Cohen: las estrofas casi susurradas en contraposición con el tono elevado que adoptaba para recitar éste fueron, sin lugar a dudas, uno de los puntos álgidos de la velada, conmoviendo a todos los asistentes. Al mismo tiempo que se sucedían otros temas de su Ep la sensación fue parecida: no sólo tenía la granadina talento para versionar o un material interesante sobre el que trabajar y evolucionar, sino que supo, en la performance, recoger las influencias de la canción de autor, el flamenco –es irredenta fan de Enrique Morente– y el Rock, vertiéndolas en una serie de composiciones íntimas a la par que accesibles. La andaluza, a lo largo de todo el recital, dio la sensación de que su universo musical y emocional podía ser explorado por todos;  y ése fue, seguramente, su mayor acierto.

Los únicos inconvenientes estuvieron propiciados por factores externos, como los problemas de sonido y acústica, que en algún momento del espectáculo hicieron farragoso éste. Pero no dejaron de ser anécdotas que no mermaron la cercanía  que tanto la intérprete como sus compañeros exhibieron. En una ciudad de Murcia que no es más que un cebadero de cerdos en el que la cultura está monopolizada por los mismos sátrapas y destripaterrones de siempre, que surjan cada vez más músicos comprometidos no sólo con su disciplina, sino con la promoción y dotación de medios para sus compañeros, es de agradecer. Ítaca y los chicos de Encuentros sonoros tienen gran culpa de ello. Lelé Terol hizo un concierto muy solvente, apuntando maneras; ahora, a esperar a que se concrete en una excelente carrera musical.

Fotos:  Alejandro García Menchón.

 

by: Alex Palahniuk

by: Alex Palahniuk

Veinticuatro años. Estudiante de Derecho, amante de la música, la literatura, el ensayo y apasionado de la escritura.

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