Parte del encanto de esta banda reside en su clasicismo: ni espectáculo, ni poses ensayadas, ni imagen estrictamente definida. Lo único a lo que el público puede agarrarse es a su música. Esto, que debería ser regla general, el quinteto, remando remando contra las olas del presente, lo fuerza tocando en penumbra y moviéndose lo justo sobre el escenario. Montan, tocan y dan las buenas noches.

El muro de sonido que ofrecen en directo, ladrillos de volumen y compenetración, no funcionó tan bien en Arena como en el pasado Azkena por culpa del sonido, algo ya habitual en esta sala cuyos graves hace tiempo que no suenan como deben. Incluso en los interludios los bafles del lado izquierdo chirriaban continuamente. Así, en los clímax de los temas de IV, cuando el grupo nos subía al cielo, justo antes de tocar el sol era inevitable caerse, pues lo que antes era medianamente nítido se convertía en una bola de sonido que arrasaba con el bajo y las voces. Canciones como «Stormy High» se vieron desmerecidos por ello.

Por lo demás, los Black Mountain cumplieron con creces. Las pegas no podían ser más circunstanciales, pues tocaron prácticamente entero su flamante IV, un álbum repleto de géneros y variaciones que van desde el rock clásico al kraut, con influencias de Pink Floyd a Black Sabbath. En directo representaron con convicción y soltura los tremendos pasajes de guitarra y teclado de canciones como «Defector» o «Space to Bakersfield», así como las armonías vocales de «Line Them All Up» o «Cementery Breeding», coordinando en ocasiones hasta cuatro voces.

Las variaciones entre estudio y directo fueron apreciables en intensidad y no en forma, pues no se perdieron en improvisaciones dilatando los pasajes más atmosféricos, sino que optaron por potenciar una guitarra que desde «Mothers of the sun» -un himno- nos voló la cabeza, un sonido agresivo, distorsionado, más propio del stoner rock que de lo que sea que toquen Black Mountain. Nada que objetar.

De haber tenido lugar el concierto en una sala con mejor infraestructura, estaríamos hablando de uno de los bolos del año. Mandando las circunstancias en este caso, me quedo con lo mejor: una intensa hora y media sin lugar para la charla o la presunción en la que la música de este quintento, en ocasiones, nos elevó lo suficiente como para recordar durante mucho tiempo.

by: Edgar

by: Edgar

A la música le dedico la mayor parte de mi tiempo pero, aunque el rock me apasiona desde que recuerdo, no vivo sin cine ni series de televisión. Soy ingeniero informático y, cuando tengo un hueco, escribo sobre mis vicios. Tres nombres: Pink Floyd, Led Zeppelin y Bruce Springsteen.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Últimas entradas

Últimos comentarios

  1. La verdad que genera cierta melancolía este artículo, Megadeth siempre será la mejor banda de la historia. En cuanto al…

Te puede interesar

Crónica del Festival Plaza Sonora, Zuera, 06-06-206

Crónica del Festival Plaza Sonora, Zuera, 06-06-206

Todo empezó con una loca idea que parecía salida de conversación de sobremesa que acabó en “agárrame el cubata”. Tres amigos de Zuera decidieron crear un festival de música desde cero en un entorno rural, lejos de los grandes circuitos y sin el respaldo de la...

Crónica del concierto de Uli Jon Roth en Barcelona, 31/05/2026

Crónica del concierto de Uli Jon Roth en Barcelona, 31/05/2026

Era el año 1976 cuando la banda germana SCORPIONS lanzaba al mercado “Virgin Killer”, un trabajo que les supuso un enorme reconocimiento que se vio ratificado con su posterior “Taken By Force” y su monumental directo “Tokyo Tapes”. Por otro lado esa época fue la...