cuEl final de una trilogía, la que empezó con el interesante híbrido de Born into this (2007) y fue continuada por el espectacular Choice Of Weapon (2012), ha llegado a su fin con Hidden City (2016). Una trilogía marcada por la espiritualidad y la redención, la mezcla de culturas, el fanatismo religioso y político y la invocación más o menos velada a aquellos viejos nativos americanos a los que ya recurrieron en Ceremony. Estos siempre han sido The Cult, místicos, profundos, misteriosos y apasionados hasta el límite.

La dupla formada por una de las parejas definitivas del rock’n’roll como Ian Astbury y Billy Duffy ha pasado por todo tipo de momentos y estados, extremismos, éxito brutal, ‘egos’ desmesurados, elixires espirituosos y competitividad en muchas ocasiones mal gestionada, pero Astbury y Duffy siempre han sabido que esa magia que sientes escuchando sus canciones tan sólo puede producirse si la pareja funciona, si están, de alguna forma, unidos y en sintonía con los astros y consigo mismos. Esto ha vuelto a ocurrir…

Tengo el privilegio de recordar mi primer concierto de rock’n’roll ‘serio’ (Mocedades y La Década Prodigiosa no cuentan…) con The Cult como si fuese ayer mismo, fue algo tan excitante, Valencia, 1992, época Ceremony de egos agigantados, teloneros los excesivos Suicidal Tendencies, ¿podía fallar algo?. Pues no!, Astbury era un jodido GURÚ con letras mayúsculas y qué decir de Duffy, un puto ‘guitar hero’ sacando puro fuego de su guitarra con aquella melena lacia y leonina que se gastaba. Aquello tenía que marcar y vaya si lo hizo Luego llegaron, curiosamente, Electric, Sonic Temple y Love para quedarse para siempre e instalarse de forma crónica en mi ADN rockero.

Pero saltemos, sin más dilación, al 2016 para extender la ‘energía oscura’ todo lo posible mientras lees…

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A pesar de que su anterior Choice Of Weapon era la fase intermedia de la trilogía que os comentaba, en mi opinión, el álbum se convirtió en toda una confirmación de que Ian y Billy volvían a brillar con fuerza, con potencia y con buenísimos temas que demostraban bien a las claras que el S.XXI también podía ser suyo. Era cuestión de tiempo que, no sólo se dedicasen a ‘cerrar trilogía’ sino que se volviesen a probar a lo grande tras el éxito conseguido con el anterior. Hidden City es la respuesta.

La banda inglesa siempre ha tenido una máxima que hace que los adore más todavía si cabe, y esa es la de no hacer un disco igual a otro, la de no estancarse con un sonido, una temática o un tipo de producción similares y este es el tradicional reto y el tópico riesgo al que queda sometido Hidden City, al igual que Electric lo hizo tras Love, Sonic Temple lo hizo con Electric, etc,.. etc,.. Siempre evolucionando, siempre probando nuevas ideas, refrescando su sonido y su propuesta pero siendo reconocibles desde el primer segundo.

En este álbum, ya se veía tras los adelantos que iba a ser un disco más oscuro y atmosférico, que la densidad y el dramatismo iban a predominar y así ha sido, Choice… era mucho más directo, más pesado, más implacable y con los arreglos justos, Hidden City se podría decir que es todo lo contrario. Debo confesar que las primeras escuchas no me acabaron de convencer, que lo sentía como un disco irregular, como Born Into This, pero en el mal sentido y que me agobiaban los temas lentos pero esto, aunque no sustancialmente, ha cambiado algo mi apreciación.

Temas como el enérgico «Dark Energy» ´jugando a ser Iggy Pop (época American Caesar), el flamígero estribillo de Astbury y la tribal percusión de Tempesta de «No Love Lost» (excluiremos el seudo-rap) y el chulesco regustillo a Sonic Temple en «G O A T» ya me seducen desde el primer instante pero algo ha cambiado, la producción de Bob Rock es mucho más profunda y compleja, el color gris oscuro, incluso el negro, se hacen con el disco rapidamente por mucho que tengamos temas más ‘bailables’ como el gótico y ‘Bowiano’ «Dance The Night», «Heathens» o el excelente y pegadizo «Avalanche of Light».

Y, puestos a demostraros el tenebrismo de Hidden City, me remito a los adelantos «Deeply Ordered Chaos» y el retorcido «Hinterland», llenos de teclados y pianos, de densa psicodelia, de reflexión y existencialismo. Además, los temas lentos y los nostálgicos pianos hacen más acto de presencia que nunca tomando Astbury claramente el mando, jugando a ser un afectado ‘crooner’ y demostrando el increíble estado vocal en el que todavía se encuentra, aunque vea muy irregulares «In Blood», «Lillies» o el crepuscular «Sound And Colour». Eso sí, «Birds of Paradise» es una maravilla que bebe de Love y que mantiene muy bien el tipo, que tiene un profundidad y un dramatismo muy bello. Astbury se encuentra triste pero Duffy sigue sin fallar metiendo punteos aquí y allá a cada cual más acertado.

Concluiré diciendo que me ha costado entrar este disco y que prefiero a unos Cult más enfadados y socarrones, más directos, pero no dejo de reconocer que sigo atrapado y que la fibra me la siguen tocando como nadie con otro disco que arriesga, que evoluciona y que expande como nunca la experiencia The Cult.

Nunca fallan…

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THE CULT – Hidden City

by: Pupilo Dilatado

by: Pupilo Dilatado

¡Pupilo Dilatado ante todo! Licenciado en Bellas Artes y profesor en secundaria de 'marías' audiovisuales en la provincia de Castellón, ¡hasta aquí lo serio!, je,je, pero lo que uno lleva dentro es la melomanía enfermiza, mis manías bizarras, morbosas, iconomaníacas y 'fanzinerosas', mi alma rock'n'roller hasta la médula y una obsesión generosa por las Pin-Ups de otra época. Para acabar, soy hijo del 'Popu' y bastardo del "Appetite for Destruction"... aunque me derrita con Madonna y Shirley Manson (Garbage). También se me puede encontrar en mi blog

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