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A LA ARROGANCIA NO LE GUSTA LA COMPETENCIA

Publicado el 08/10/2016 | por admin | En Papel

La existencia de una enorme cantidad de basura en ciencia ficción es un hecho verificado y lamentable. Dicho esto, el hecho no es más pronunciado que la existencia de basura en todos lados.

 Theodore Sturgeon

La Ciencia Ficción ha muerto…

Negarlo sería una estupidez y una pérdida de tiempo absoluta. En una era dominada por Internet, la publicidad, la superpoblación, los medios informativos, la contaminación industrial, la amenaza de actos terroristas, el cambio climático, y la corrupción política y militar, escribir sobre imperios alienígenas o naves espaciales, es una opción descabellada para cualquier escritor.

El problema del género es que la mayoría de los jefazos que controlan los fanzines y las editoriales, pecan de una retroalimentación ombliguera espantosa. El mundillo se ha quedado estancado en la Edad de Oro de la Ciencia Ficción (1938-1946) que se encuentra tan desfasada como las películas mudas de los años treinta, cuando la visión del futuro que ofrecían Asimov o Bradbury parecía real y atractiva. Creo que el ser humano ha evolucionado desde mediados el siglo XX, podemos aspirar a ser ambiciosos, originales y creativos; abrir nuevos horizontes. Evidentemente, existe una norma fundamental que debes respetar para ser aceptado dentro del fándom español: ser fiel a los tópicos.

Cuando veo los libros que publican las editoriales de turno, las mismas que opinan que lo que yo escribo es una mierda, me dan ganas de arrojar la toalla. ¿Cuál es el problema? ¿Por qué el género ha caído en manos de individuos narcisistas que se creen importantes? ¿Dónde está el talento y la inventiva de los escritores españoles? La mayoría de mis coetáneos no tienen cojones, se limitan a copiar a los clásicos, no se arriesgan a ofrecer algo nuevo. Siempre he tenido la teoría de que si narras algo, debes sudar sangre para dar lo mejor de ti mismo, independientemente de las personas que critiquen tu trabajo porque no tiene la suficiente calidad literaria. Publicar un libro de Ciencia Ficción se ha convertido en una tarea prácticamente imposible. Lo único que le importa a las editoriales es que la obra dé dinero y nada más. Si no has ganado unos cuantos Premios UPC, Alberto Magno, Andrómeda o Pablo Rido, por poner algunos ejemplos, lo tienes crudo. ¿Qué posibilidades tendrían hoy en día escritores de la talla de Philip K. Dick o Alfred Bester en sacar un libro al mercado? Ninguna, me temo.

Hace dieciséis años que me muevo por el fándom, intentando no ahogarme entre los cardúmenes de basura que flotan en las aguas del género. Quiero que la gente me valore por el mérito de escribir, no por ser amigo, primo, cuñado, o colega de alguien; mi integridad artística me importa demasiado como para venderme. He recibido todo tipo de críticas, tanto positivas como negativas, cosa que procuro aceptar de la mejor manera posible. Duele pegarte X tiempo escribiendo un relato o una novela, con todas las ilusiones del mundo, exprimiendo tus sentimientos e imaginación, para que un imbécil que jamás se ha puesto delante del ordenador, tenga el valor de decirte que eres mediocre.

En cuanto a los concursos… la gran mayoría están amañados. Hablo de certámenes importantes, con cuantiosos premios económicos y repercusión a nivel nacional. Desde que hay dinero de por medio siempre ganan escritores que tienen varias obras en el mercado. Lógicamente, si las editoriales publicaran a desconocidos, nadie compraría el puñetero libro. El premio Minotauro es el ejemplo perfecto: por norma suelen quedar finalistas autores que la casa ha editado previamente. El mundo editorial es un negocio puro y duro, la idea romántica del talento o de la genialidad literaria es una quimera. Por ello jamás me presento a ningún concurso importante: es una pérdida de tiempo y un agujero económico espantoso. Animo al lector a que haga los deberes y busque en Internet certámenes cuyo galardón oscile entre los 3.000/10.000 euros. ¿Quién fue el finalista del año pasado? ¿Un escritor anónimo?… ¿O un novelista establecido con ventas, reputación y un buen número de seguidores? ¡Premio! Existen excepciones, pero muy pocas. Muchas editoriales no tienen el menor escrúpulo en jugar sucio. Pobre de aquel escritor novel que se rasque el bolsillo con concursos de estas características. Es preferible que lo intente con certámenes pequeños como este humilde servidor: ciertas ligas están más allá del alcance de los mortales comunes.

Como habrás adivinado, no soy un rico heredero como el príncipe Zamunda ni vendo un millón de ejemplares al año. Mi lugar siempre estará de parte del autor, no de las grandes editoriales. Me costó diez años publicar mi primera novela: Dorian Stark (Ediciones Babylon, 2011). Conozco de primera mano los rechazos editoriales, el trabajo duro y el desgaste que implica ser artista. De hecho, no es la primera vez que después de trabajar catorce horas en un restaurante asqueroso, cuando llego a casa, no me queda otro remedio que sentarme a escribir para no perder la cabeza. Supongo que un libro sobre vampiros adolescentes molones estaría de fábula para que los editores me tomaran en consideración. ¿Qué la idea está muy mascada? ¡Es lo que demanda el rebaño que compra cualquier estupidez que vendan como best seller en el Corte Inglés!

En definitiva, y para no extenderme demasiado, todo está podrido hasta la médula de los huesos. Seguiré escribiendo contra viento y marea, por el simple hecho de que disfruto haciéndolo. Una vida sin arte me sería imposible de soportar. La literatura es lo único que me mantiene cuerdo; sin ella nada tendría sentido ni interés. En cuanto a mi carrera —por denominarla de alguna forma— como escritor, procuraré no tomarme tan en serio a mí mismo y disfrutar más con mi trabajo. La humildad y la autocrítica son esenciales para alcanzar la perfección. Dejo la arrogancia para los editores que la han convertido en su credo personal. Por cierto, antes de que se me olvide: si has llegado hasta aquí… gracias por leer mi historia. Supongo que te habrás dado cuenta de que me divertí mucho escribiéndola.

 

Autor:

Alexis Brito Delgado (Tenerife, 1980). Escritor, amante del cine y fanático de David Bowie, los Smiths, Iggy Pop, Nick Cave, Depeche Mode, la Velvet Underground, R.E.M. y The Verve, entre muchos otros. Autor de las novelas “Soldado de fortuna: Las aventuras de Konrad Stark” y “Gravity Grave”.

Sobre el autor

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Una respuesta a A LA ARROGANCIA NO LE GUSTA LA COMPETENCIA

  1. Luis Cifer dijo:

    Veo que sabes de lo que hablas y no te duelen prendas en decir la verdad. Te felicito por ello. Todo ese mundillo de editoriales y premios es una auténtica mafia, tu bien lo sabes y mejor lo has plasmado. No pierdas la ilusión y un saludo.

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