Lo malo que tiene este sistema, tanto en lo económico como en la hegemonía cultural, es que te absorbe. Llega un momento que es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo, y la autoexplotación, la exigencia máxima y las prisas totales no son la excepción. En mis tiempos, los de los casetes y los discman (pero no en el guateque ni en la discoteque), tu grupo favorito sacaba un disco y era tu vida durante meses, hasta que te aprendías las respiraciones del voceras. Ahora las bandas están obligadas a sacar la canción del siglo una vez al mes, a estar en plena actividad en redes a diario (cuando es materialmente imposible: todos los días no das un concierto de 3 horas, o sales del estudio de grabacion) si quieren seguir luchando contra el eco del vacío y contra el olvido. Esto ha derivado en que los discos se han reducido: una banda no saca un disco de quince canciones cada tres años, saca tres EP de seis temas cada quince meses. Hoy, la divina providencia une a Santi Pekeño Ternasko, a Mercedes Herrada, a Carlos Tizón y al héroe en la sombra, Ángel Ferrer. Cuántos amigos en poco espacio, y además para hablar de nu metal siniestro y divertido… mejor, si no imposible, muy difícil.

Esclaus de la teva ràbia. Empezamos bien: un riff como una broca, del estilo a Prison song, de System of a Down. Con una batería enrabietada, las guitarras intercalan lapsos de silencio con relámpagos, dejando el protagonismo instrumental al bajo, que chisporrotea como Júpiter desde un radiotelescopio. Cuando el guitarreo estalla en el puente, justo antes del estribillo, me traen a la mente a los yeclanos más famosos del mundo, mis amigos los Knibal, sobre todo en sus últimos trabajos, Mi cuerpo son mis normas. A media canción tienen un momento S.A. en Polvo en los ojos que te puede luxar las cervicales. Mitad metal, mitad hardcore con actitud punk. Aunque parezca mentira, es un canto a la vida, al menos en el sentido de no querer morir por los caprichos de un zumbado. Muy a colación en estos tiempos donde un pedófilo sin enmascarar puede inmiscuirse en la política del país que le salga del níspero y donde toda la legislación internacional se mide en ojivas nucleares (pregunta a Kim Jong Un). Una versión modernizada de Johnny cogió su fusil, interpretada desde la visión particular de estos forajidos de Castellterçol.

Insensible. Vale, la distorsión tiene más peso, el bajo suena más eléctrico, se parece más al de Lemmy… pero la raíz del Toxicity, de System of a Down, crece sana y da fruto en Krü. El riff tiene un poso a Science yo creo que innegable. Han bajado un poco la velocidad, pero, al contrario de lo que pueda parecer, gana contundencia. En cuanto a las letras… la misión de cualquier artista es reflejar su época, y esta gente no está exenta. Ojo al discurso, como si lo estaría haciendo megáfono en mano en una huelga, porque podría ser la sinopsis del mejor capítulo de Black Mirror: La necessitat constant de mantenir-se al dia, de compartir fragments de la nostra vida i de rebre validació ens converteix en esclaus d’un cicle interminable d’ansietat i gratificació. Esto es el resumen de lo que llevamos de siglo, sobre todo desde que los móviles y el anarcocapitalismo se llevaron el 60% del cociente intelectual humano.

Viatge. En esta estoy dividido: instrumentalmente, me recuerda a otras bandas como Static X o Coal Chamber, pero, viendo la letra… no se puede negar: Buenos momentos, de S.A. A ver, puede ser porque me interesa la filosofía, porque el existencialismo es mi pasión, pero estoy viendo a Camus mirando hacia una noche estrellada, preguntando por el sentido de la vida y, al no recibir respuesta, sintiendo la angustia existencial. Tenemos claro que antes de nacer no sabemos qué hay, que dentro de la existencia tampoco entendemos casi nada y no tenemos ni puta idea de lo que viene después, si viene algo. No sabemos qué forma tiene el universo, si es infinito, si se calienta o se enfría o si es eterno. Tan solo corremos como si supiéramos donde vamos… y todo con un sonido entre Pantera y Sepultura.

Oblidats. Lo mejor de reseñar discos es poder recomendar otras bandas y trazar paralelismos. Si además es una cara B dejada de la mano de Dios… pues ya para nota. La última del disco Rosenrot, de Rammstein, el disco, no la canción, se llama Ein lied. Vale que la parte vocal no tiene un pijo que ver, pero esa guitarra con la distorsión noqueada… que no sé por qué, pero se nota que es una guitarra eléctrica, lista para dar leña, es casi una reconstrucción de las mismas notas. También es verdad que Rammstein ni pone baterías y Krü integra el resto de instrumentos, que, cuando esta la banda a pleno rendimiento, parece derivar hacia un sonido más a los Deftones más cañeros. En cuanto a la letra… hay una especie de mensaje antropológico. En la República Helénica (no digas Grecia) previa a Sócrates, los de la mitología, creían que cuando morías cruzabas con Caronte y terminabas en el Hades, un lugar donde vagar sin memoria y sin aliento. Cuando te dedicaban un sacrificio de sangre, recuperabas la memoria temporalmente (no sé si como sinónimo de recuperar la identidad o como tortura, para repasar tus errores), pero, a la larga, terminabas desapareciendo en el olvido. Este es ese mensaje poco profundo y optimista, de canción del verano en radiofórmula, que mis orejotas sacan de este tema.

Estrany. Batería que abre camino y bajo todopoderoso. Como ando tirando mucho paralelo al mundo del metal y del hardcore, vamos a echarle sal a la receta. Bullet The Blue Sky, de U2 en el inmortal The Joshua Tree, que debería ponerse en bucle en los colegios 5 horas a la semana hasta que toda la música de mierda desaparezca en un desagüe sónico. Vale que cuando entran las guitarras cambia un poco el astro, pero el espejismo fue maravilloso lo que duró. El sonido tan duro contrasta con el mensaje de la letra. Esto habla del cerebro humano: si tienes miedo, estrés, ansiedad… si hay un peligro que ocupa tu atención, tu personalidad empieza a difuminarse. Espejo de los tiempos que corren, donde regalamos tranquilizantes y analgésicos por un tubo a quien pierde el 70% del sueldo en el alquiler el día 1 de cada mes.

Vivint a l’ombra. Timbales, punteo desgarrador y riffs entrecortados para generar una especie de carrera en círculos en las estrofas, para lanzar acordes amplios y acompañar los coros. En cuanto al aspecto lírico, también el lobo como ese elemento de la naturaleza amenazante. No se siente tan extraño como insectos o arácnidos, es más cercano, como una especie de pariente malcarado. No sé si es cosa mía o esta banda tiene, cuando menos, inquietudes metafísicas y antropológicas, porque esa forma de deshumanización a causa del miedo, de buscar la huida, de vivir en la sombra… como el Yelmo del terror, que daba la invisibilidad a Hades en la Titanomaquia.

Seis temas intensos como para hacerte sangrar por la nariz. Gente con una pulsión clara en cuanto a música y un sinfín de temas que recorrer en las letras de sus futuros trabajos. Para los que sienten la misma angustia existencial o tienen las mismas inquietudes, enlaces de la banda:

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Instagram https://www.instagram.com/krubandcat/

Spotify https://open.spotify.com/intl-es/artist/4aLdyMvY8BdYX7ZJBRFQeg

Krü – Foscúria (2025)

by: Teodoro Balmaseda

by: Teodoro Balmaseda

Si te gustan mis reseñas, también escribo novelas. Cadelarias de la Virgen

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