Aun con el convencimiento de la inexistencia de las verdades absolutas, sigo alimentándome el espíritu autoconvencido de que existen cosas en las que creer. Una de ellas el rock and roll a pesar de la estafa piramidal en la que el negocio lo ha tratado de descomponer. Creo en el rock and roll cuando es ácido y árido, cuando provoca la contorsión del gesto en privado de aquel que deshilacha halagos en público. Creo en el rock and roll cuando su autenticidad reside en un tieso dedo pulgar. Creo en los músicos que pelean contra las circunstancias que siempre son adversas hasta cuando vienen de cara. Por eso recibo con los brazos abiertos de este “Heading to hell” de Bomber en el que han dejado de lado la más que evidente de su “Blacklisted” editado en 2022, aunque siga siendo subyacente y a ella se una una hostilidad punk de agradecer.

La inicial “Heading to hell” va directa a la yugular, base rítmica correosa, guitarras furiosa y la ácida garganta de Albatross como marca de la casa. Más pausada -que no menos poderosa- se presenta “Lorda of war” en la que destacan esas guitarras con ecos a Metallica. ‘Whisky Priest” regresa a la exitosa combinación de distorsión y velocidad adecuada para además añadir un más que interesante giro melódico. “Rock and roll today, hangover tomorrow” se alinea fielmente a su anterior trabajo coronado con un estribillo adictivo y canchero. “Hollow soul” tiene un “espíritu” muy rock and roll que sale a la luz tras unas guitarras iniciales incrustadas en el metal para luego desencadenar una tormenta de ritmo.
“You’re wrong” eleva la potencia a su máximo esplendor, batería acelerada y contundente, bajo contestatario, guitarras a lo Mötorhead y la voz seca, cortante. “Riot in jail” sorprende por su rollo sureño, riff repetitivo, grasa y gasolina en la melodía de voz, el espíritu Kilmister recién abandonado Hawkwind también se puede adivinar. ¡Temazo!. “Politicians”, introducido por diversos speechs de sobra conocidos es una declaración de guerra de los del abierto, su cara más metal/punk, una canción con visos de convertirse en un torbellino sobre el escenario. “From the ashes” recupera la más pura devoción por las huestes de Lemmy, con ese sonido tan característico. “Mad dogs” representa la irreverencia punk, aun en una estructura muy hard rocker se percibe esa actitud contestataria. Cierra este fantástico disco “Debajo del bar”, una canción con un rollo muy heavy clásico, gracias a esa guitarra, un cruce bastardo entre Obús, Metallica y Mötorhead.



















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