Los médicos actuales, no quieren trabajar de 9 a 22 h. Ya no se implican tanto en el paciente; son de otra generación. Quieren trabajar de 8 a 15, y, el resto del día, pasarlo con la familia.
Esto me parece totalmente normal, porque los hay que pierden la familia propia entregándose a los demás. Sin embargo, uno que sabe lo que es que le estrujen hasta el punto de darte por entero y no necesitar descanso, entiende que lo que no hay que perder es esa misma actitud de entrega, de servicio.
Quizá lo mejor sea un témino medio. Para eso tiene que haber más profesionales trabajando con unas condiciones de calidad, para que esa entrega total que es exigida en la labor de médico sea repartida entre más facultativos y así poder llevar a cabo su misión, a la vez que poder ver crecer a sus familias sin tener que tirar de fotografías pasadas para reconocerlos.
Todo es un tira y afloja, y lo primero es lo primero, claro está. Pero lo que no es de recibo es que esos profesionales de antes que han dado su vida por los demás en un frente de batalla que no entiende de estrategias ni planes, y exige actuar de improviso a veces, estén hasta perseguidos por una forma de trabajar que parece ser que no gusta a alguien. Una actitud necesaria en todas las facetas laborales humanísticas que viene apagándose desde hace tiempo, con la consiguiente falta de profesionales de alto nivel, que son los que necesitamos y los que representan a esta gran sanidad que sobrevive como puede.




















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