Bajo el sugerente -y atractivo- título de «A celebration of Rory Gallagher», el incombustible Gerry McAvoy volvía a los escenarios hispanos otro año más, con su Band Of Friends, haciendo parada una fría noche de invierno -y de domingo- en la capital hispalense. Gerry, junto a Brendan O´Neill, sustituto del tristemente fallecido Ted Mckenna a la batería y Davy Knowles, quien parece haberse consolidado como guitarrista de B.O.F., como demuestra que el trío también haya editado material propio bajo el nombre de MKO, y que cuyo disco homónimo recomiendo a cualquier fan de Rory, se subían al escenario de la Sala Custom, que no presentaba el aspecto respecto a público de otras veces, pero también hay que decir, que este fin de semana en Sevilla han coincidido los conciertos de El Drogas, Soziedad Alkoholika y Band of Friends, lo que seguramente ha llevado a que el público rockero se tuviese que repartir entre los distintos días.
Aún así, el trío salía al escenario dispuesto a extender la magia ante un público entusiasta que evidentemente estaba allí con una única misión, revivir las canciones de uno de los guitarristas más importantes que ha dado el rock en toda su historia. Llama la atención el estupendo estado de forma tanto de Gerry como de Brendan y es que no olvidemos que ambos músicos atesoran ya sobre sus espaldas siete décadas de vida, pero como una maquinaria perfectamente engrasada, junto a la frescura que aporta la juventud de Knowles -Gerry bromeaba sobre el escenario que el estaba grabando el primer disco de Gallagher cuando Knowles no había aún nacido- y su capacidad tanto con la guitarra como con la voz, comenzaban el concierto con un fantástico y potente «Double vision» que rompía cualquier duda que aquel que se enfrentase por primera vez a la propuesta que maneja McAvoy pudiese albergar.

Y es que no olvidemos que no podemos catalogar a Band Of Friends como una banda tributo al uso o algo parecido, ni mucho menos. El bajista formó parte durante dos décadas de la vida musical de Rory Gallagher y junto a él, Brendan O´Neill, que no solo es amigo de toda vida del bajista con quien puso en marcha la primera banda donde ambos militaron sino que estuvo diez años tocando con Gallagher, por lo que esta celebración de Rory Gallagher es realmente eso, y se nota en todo momento por el cariño con el que McAvoy se refiere y recuerda a Gallagher desde el escenario una y otra vez. Por su parte, Knowles, que físicamente adopta una imagen que recuerda a Gallagher, se echa sobre la espalda en todo momento el peso del concierto, algo complicado porque las comparaciones siempre son odiosas, pero el guitarrista consigue llevar a buen puerto su nave gracias a su forma de tocar y su fantástica voz que se adapta a la perfección a las canciones de Gallagher a pesar de ser más melódica.
Volvamos a la música, suena «Messin´with the kid», pero además BOF no dudan en meter temas ajenos al material de Gallagher como «Under the gun» o «Stand your ground» pertenecientes al disco «Ballroom of dreams» en las que evidentemente Knowles se siente más cómodo vocalmente y que además no desentonan con el devenir general del concierto. Por cierto, también perteneciente a ese mismo disco, sonó «Man o’ the west» uno de los momentos más emotivos de la noche por parte de McAvoy que explico que desde hace años en su mente tenía la idea de homenajear a Rory con ese título, hombre del oeste, ya que el excelso guitarrista irlandés era de la costa oeste irlandesa y que no fue hasta que conoció a Knowles en Chicago cuando le dio forma, dedicando la canción a la memoria de Gallagher, un momento que todos los presentes hicieron suyo.

Pero por supuesto, los clásicos de la discografía de Rory no podían faltar, caso de «Going to my hometown», ukelele por parte de Knowles incluido, «Moonchild», «Lonely mile», una aclamadísima «Tatto’d lady» o «I fall apart», canción que como el propio McAvoy contó, fue la primera que grabó junto a Rory Gallagher. Si el público estaba disfrutando de un estupendo show de blues rock enérgico, desde el escenario se desprendía la sensación de que los músicos también estaban en su salsa, con un McAvoy muy expresivo en todo momento y comunicativo con la gente. Suena «Bad Penny» antes de poner punto final -de momento- con ese trallazo de hard rock llamado «Shadow play» que extendieron hasta el éxtasis logrando que la sala se dejase la garganta en los coros. Retirada momentánea y vuelta a los escenarios para hacernos disfrutar con un largo «Bullfrog blues» de nuevo con un público entregado y unos músicos en perfecta comunión. Una noche para recordar.




















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