El capitalismo siempre habla de utilidad: «estudia algo con salida», «dedica tu esfuerzo a algo con recompensa», «¿a quién le importa el arte/la música/la poesía? Sin embargo, cuando nos encerraron en casa en 2020 o en el reciente apagón, lo primero que hacemos es poner una serie o escuchar música con lo que quede de batería en el ordenador, o en el móvil. No importa, no vale nada, pero todos tenemos una canción, una banda, para no amuermarnos cuando nos puede el curro chungo o en un viaje largo en coche. No tiene una explicación racional: o lo sientes, o no sientes eso de Antoine de Saint-Exupéry: «lo esencial es invisible a los ojos». Yo lo siento, esa alquimia de crear historias haciendo hileras de letritas que se pasean por la pantalla en blanco, y hoy tenemos un proyecto en la misma línea. Un tipo que, en su tiempo libre, en vez de tocarse los huevos en el sofá, se rompe los cuernos en componer, en grabar y en crear. No es, por tanto, la típica banda donde se juntan unos cuantos colegas buscando ser los nuevos MetallicA, o los nuevos Barricada. Es la lucha contra los elementos de un aspirante a Hesíodo en los tiempos actuales. Un, dos, tres… ¡Conducta!

¡Hoy! Esa guitarrita, aderezada apenas con unos chasquidos del charles… tiene un aire cojonudo a los Piperrak. ¡Basta ya! era el nombre de la canción. Joder, la tenía en una cinta de casete… no la tenía, ¡la tengo! Y ahora puedo decir con el pecho bien hinchado que Txitxarro es colega mío. Un grande. Cuando entra la guitarra eléctrica, aún le veo más parecido. Con el bajo haciendo pijaditas por debajo del guitarreo… dan ganas de empezar a berrear Yo también creía que con ignorar nos dejarían en paz… esto tiene otro rollo en la temática de la letra. Se parece a Calle 13, cuando cantaban Yo soy así, pues porque sí.

Ancianos olivos. Dicen que la historia humana se data cuando apareció el esqueleto de un hombre de las cavernas recuperado de una rotura de fémur, porque sacaba a relucir que alguien había estado cuidando de él en su proceso de recuperación. El primer atisbo del humano pensando en la trascendencia es el que sembró un olivo, sabiendo que pasarán generaciones hasta que ese ramajo debilucho esté en su máximo esplendor. Hay olivos más antiguos que las carabelas de Colón. En cuanto a la letra, homenaje al No somos nada, de La Polla Récords, pero trayéndolo a un sonido más a lo Sínkope, como si la mano de Vito estuviera en la sala de máquinas.

Diario de una noche. Es interesante el rollo de la batería, con intersticios de doble bombo reforzando el mensaje. Canción de noche de rock and roll, cariñoso homenaje a los Barri. A noches largas de consumo de sustancias y alcoholes, también con el estribillo del Jartos d’aguantá, de los Reincidentes, que también son unos grandes, de esos que, como el Drogas, están envejeciendo con toda la dignidad.

Entre la espada y la pared. Me acabo de dar cuenta de un leve paralelismo con El Reno Renardo. No está ni en el guitarreo, ni en las letras. Creo que es el timbre de voz. Geniales los subrayados de la batería en la última estrofa, justo antes del puente. Una de esas canciones que huyen de la mala interpretación del estoicismo desde el capitalismo salvaje, que es la vez fuerza de desesperación, pero a la vez llamada a la resistencia.

Fuera de control. El comienzo se parece a La Polla Récords en Ya No Quiero Ser Yo, del Toda la puta vida igual (no sé si será su mejor disco, pero a mí es el que más me mola). Un bajo, cosido a la guitarra, poderoso, que lanzan una batería trotona. Cuando arranca la batería a paso normal, vuelvo a pensar en los Reinci. Con un 1% de la población controlando el 90% de los recursos y teniendo que oír que los chinos no sé qué, cuando han sacado a más de cuatrocientos millones de personas de la pobreza y tecnológicamente viven en el siglo XXIII, es difícil quitarle la razón a esta canción. Vivimos en un imperio en decadencia, mucho rollo con los derechos humanos, mucho rollo provida, pero sobran los de fuera y de Gaza, mejor ni hablamos…

Aitor Zabaleta. Otra cosa no seré, pero futbolero… yo soy de los que los lunes aparece afónico, y que se va jodido a casa cuando palmamos —sí, palmamos, como si hubiera fallado yo el penalti—, pero este futbol ya no me representa. Los jugadores no son personas, son marcas que explotar, igual que los clubes, y las gradas se han llenado de dos tipos de personas: clientes —muchas veces turistas que no saben si el balón es esférico o piramidal—, y borricos con la banderita del pollo (eso sí, escondida debajo de la cazadora). Por supuesto, hay gloriosas excepciones en algunas gradas (Vigo, Coruña, Pamplona, Vallekas, Cádiz, Glasgow…), pero a Aitor Zabaleta, como decía Juan, de S.A., lo mataron por ser vasco. Y punto. Los accidentes ocurren, y te puedes matar saliendo de la ducha, pero no hay derecho a dejar el forro por irte a Madrid a ver un puto partido de fútbol, ni hay derecho a que los clubes den manga ancha porque, al fin y al cabo, los ultras son «clientes fidelizados». Por sacar algo positivo, mi enhorabuena a Anoeta que hace una de las cosas más difíciles: evitar que ese nombre caiga en el olvido.

Para los que aún creen en el arte, y en la creatividad contra viento y marea, enlaces del proyecto:

Spotify https://open.spotify.com/artist/1AsG4EZLkwJKsPOC8lO2Z1?si=ZuPW92kPSSqz6C_LjaVu-g

YouTube https://youtube.com/playlist?list=OLAK5uy_lWhzQKHa2IDbLvpGJhPm5Ha2aUGdd6128&si=4yYWHJo0SO_wxRD3

Conducta Insuficiente – Diario de Una Noche

by: Teodoro Balmaseda

by: Teodoro Balmaseda

Si te gustan mis reseñas, también escribo novelas. Cadelarias de la Virgen

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