Del recuerdo, siempre presente, a la inminente actualidad, viaja la colaboración de Gerry McAvoy con Brendan O’Neill y Davy Knowles. De la vieja amistad de décadas de bajista y batería, que compartieron su primera banda hasta que la vida los volviese a unir en un escenario junto a Rory Gallagher a la intromisión del guitarrista en la vida de ambos, cuando entró a formar parte de Band of Friends, el proyecto con el que McAvoy continua manteniendo-más aún- vivo el legado de Rory Gallagher sobre los escenarios, de lo que di buena fe el pasado mes de enero sobre las tablas de la sevillana sala Custom. Este MKO plasma las composiciones originales de tres músicos que tan bien se complementan en directo y que fruto de esa complicidad dan el inevitable paso de la versión al tema propio.

“MKO” recorre la senda originada por la semilla plantada por McAvoy. Blues rock con notable presencia y preponderancia de la guitarra, pero con apertura de miras que lo llevan a explorar riveras propias del rock americano e incluso de un seminal hard rock a su vez deudor de ese blues eléctrico que le sirvió como simiente y prendió la mecha en bandas como Bad Company por ejemplo. El disco lo abre “Fires” que contiene reminiscencias de Rory Gallagher continuando con el proyecto común de los tres músicos dejando constancia de la solvencia de Knowles tanto a la voz como guitarra. “Days gone by” se entronca en la tradición del mejor Rock Americano, un corte que recuerda a las maneras de Tom Petty o John Mellencamp.
“Someone Else’s dream” retorna a la senda del blues eléctrico, un efectista medio tiempo en el que la guitarra de Knowles asume protagonismo derrochando efectos rockeros mientras vocalmente profundiza en ese hard setentero a lo Paul Rodgers que comentaba más arriba. Otro tema lento es la intensa “Hold on strong” de claro cariz rockero, creciendo al llegar al estribillo. A medio camino entre el blues rock y el hard rock de inspiración sureña a lo ZZ Top se situa “High horse”. Llega una de mis canciones preferidas del disco, “The great charade”, con unas fabulosas acústicas y ese ambiente sureño con el que la impregnan estos tres fantásticos músicos.
“Never enough” recupera el camino de la fuerza -siempre bajo control, por supuesto- otorgando presencia aún efectivo blues rock de omnipresencia guitarrera. El disco la cierra la rítmica “Still got work to do”, una canción idónea para abrir conciertos. Casi 40 minutos de tres músicos de dos generaciones distintas pero unidos por una misma pasión. Uno de esos discos con sabor a carretera que tanto se disfrutan.



















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