«No respires» fue una sorpresa para el espectador. Una historia donde tres jóvenes intentaban robar en la casa de un hombre supuestamente desvalido al ser invidente pero que se complicaba al ser este un antiguo marine con gran formación militar. Encima, para colmo de males, el dueño de la casa tampoco generaba simpatías al descubrirse un ser monstruoso con una joven encerrada en su morada. Un vehículo de acción que confirmaba como interesante promesa al uruguayo Fede Álvarez que demostraba pericia en la dirección (como antes con el “remake” de “Posesión infernal”) y dotes como guionista de películas de género acompañado de su co- libretista Rodo Sayagues.
En esta continuación, ambos vuelven a compartir la pluma en el guion pero la realización va para Sayagues que firma su “opera prima”. Un largometraje que no llega a la cotas de la original pero tiene puntos destacados que gustarán a los amantes de estos géneros. De nuevo vuelven a alambicar la historia pues el terrible ciego de la primera parte es blanqueado. Sigue siendo un ser oscuro y gris pero vemos que tiene una hija de corta edad a la que adiestra en tácticas de combate y a la que apenas deja salir de la casa. El argumento se complica y se convierte en una “home invasión” de manual, con unos psicópatas que intentan acabar con padre e hija, sin que sepamos bien los motivos hasta el último acto. De hecho, esta continuación no tiene demasiado que ver con “No respires”, salvo el personaje central, y se puede ver sin necesidad de visionar la primera parte. Algo mejor para este tipo de público pues los que hemos visto la anterior no podemos olvidar los escabrosos acontecimientos en los que estaba inmerso el despiadado discapacitado visual.
Sayagues mantiene el tono y el ritmo y la algo más de hora y media de metraje transcurre a toda velocidad, con una presentación clara, un nudo basado en la invasión a la casa y un desenlace en la ocupada morada de los villanos, descritos como seres de una maldad extrema y con los que es imposible empatizar. Además las interpretaciones son exageradas e histriónicas para distanciar a los espectadores. Tipos sin ninguna virtud que deben ser masacrados sin piedad por el anti- héroe, de nuevo en la piel de Stephen Lang que compone el mejor papel de todo el reparto aunque, como hemos comentado más arriba, sea difícil distanciarse del horrible tipo que nos presentaron en “No respires”.
Sayagues construye un filme con buenas dosis de truculencia, unos cuantos sustos y algunos toques de humor negro en un desarrollo irregular, excesivo en las interpretaciones y con algunas lagunas en las explicaciones pero que transcurre a toda velocidad, sin demasiados parones y primando el sentido del espectáculo en este híbrido de cine de acción y terror. Una producción en la línea de las de Ghost House, la casa de Sam Reimi y Robert Tapert, aquellos jóvenes que epataron al mundo a inicios de los ochenta con “Posesión infernal”, cinta que también tuvo sus continuaciones con la divertida “Terroríficamente muertos” y la cada vez más reivindicable “El ejército de las tinieblas”. Desconocemos si “No respires” tendrá más secuelas pero de momento sí estamos seguros de un par de cosas: no llega a la altura de su precedente ni conseguirá las cotas de calidad de la franquicia de “Evil dead” ni de la gran mayoría de los trabajos de Sam Raimi.
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