La localidad de El Bosque en Cádiz es una de las que mejor se come en la sierra gaditana, lo cual es mucho decir porque es una zona donde es complicado hacerlo mal pues el producto, tanto en carnes como en verduras es antológico. Además cuenta con el añadido de rutas senderistas espectaculares, como la preciosa del río Majaceite y un Jardín Botánico diferente y muy bonito, con el pinsapo, un tipo de abeto que solo se puede ver por el Parque Nacional de Grazalema, como protagonista. De hecho, al regresar de este fabuloso lugar, pudimos observar en la carretera que conduce al centro de la ciudad el huerto ecológico que posee La Casa del Duende, por lo que comprendimos el porqué del buen sabor de todas las viandas que ponen en su local, un fijo en lo que a buena mesa se refiere. Es imprescindible reservar, sobre todo si se va a almorzar, pues en esta temporada sólo abre en viernes, sábado y domingo y el sitio está siempre completo.

 

 

En esta ocasión pudimos visitarlo dos veces, en comida y cena, y la sensación en ambas es positiva, pues no sólo es una restauración de muchos quilates sino que además está decorado con gusto y clase, con una entrada simulando un bosque encantado, lleno de plantas y hojas y un interior mágico, con los duendes en las cortezas de los árboles, las hormigas paseando por el techo y una infinidad de detalles que hacen obligada la visita. Da gusto comprobar lo que son las cosas bien hechas. Ellos se definen como cocina vanguardista y campestre, adjetivos que reflejan a la perfección lo que ofrecen, sumado a un equipo de sala joven, amable y profesional.

 

 

El ágape comenzaba probando su cerveza, una rubia de trigo elaborada por ellos, con agua de la sierra, como reza la etiqueta que orgullosamente exhiben. Estaba buena. Sin más. No comparable a los buenos platos que empezamos a probar.

 

 

El primero era un fuera de carta de aquel día, una ensalada de brotes tiernos con burrata ahumada y pesto, presentada tapado por una campana que al descubrirse soltaba toda la humareda que daba sabor al queso, por otro lado pleno de sabor e integrado con los brotes tiernos y los tomates cherry asados. Uno de esos platos con los que piensas que quien lo haya cocinado no puede ser mala persona. Es imposible.

 

 

De la parte de entrantes de su divertida carta probamos los chupa chups de payoya, la cabra típica de la zona que ofrece una leche con la que hacer fantástico, y premiados quesos, junto a unos tiernos champiñones y una confitura casera deliciosa.

 

 

Perfecto para compartir, como el crujiente de calabacín con jamón, queso y tomate ecológico. Los fritos no son para nada grasientos y ceden el protagonismo a los vegetales y acompañamientos de estos.

 

 

Tras los entrantes pudimos probar el mini japo, un pan bao con chicharrón, huevo de codorniz, lechuga, queso crema y su propia salsa, con un toque agridulce. No estaba mal pero languidecía ante el superior Taco Lupita, con un perfecto guiso de carne que se deshacía en la boca acompañado de un estupendo guacamole.

 

 

 

Una fusión pensada y adecuada. Tanto nos gustó que, con posterioridad, pedimos su carrillada de jabalí al PX, donde el salvaje porcino era tierno y jugoso, notándose el cocinado sin prisas, con la salsa gelatinosa que ofrecen los vinos generosos de Sanlúcar de Barrameda. Una delicia para el paladar presentada en una olla de color rojo que mostraba esa dicotomía entre lo antiguo y lo moderno.

 

 

Célebres son también sus perolitos, del que probamos las hadas de patata y queso fundido, con bacon, pollo y el toque ligeramente picante de la salsa gaucha. Una bomba calórica que llena,  perfecta para los “tragaldabas” de la pitanza.

 

 

Para rematar su carta de postres es interesante y lleva el sugerente nombre de las golosinas de Willy Wonka, parafraseando al célebre chocolatero de “Charlie y la fábrica de chocolate”, bien en el cuento de Roald Dahl o en sus dos películas. Por desgracia, sólo probamos la crema de pistachos, con nata y nueces pecán caramelizadas. Muy rica, donde se notaba la nata casera y el toque de leche condensada. En próximas ocasiones probaremos más de estas delicias finales, pues a buen seguro que es un restaurante para repetir y una de las mejores opciones si se tiene la suerte de visitar esta zona tan bonita de la provincia de Cádiz.

by: Jose Luis Diez

by: Jose Luis Diez

Cinéfilo y cinéfago, lector voraz, amante del rock y la ópera y ensayista y documentalista con escaso éxito que intenta exorcizar sus demonios interiores en su blog personal el curioso observador

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