Volvemos con Las Flores del Mal, la obra de Charles Baudelaire, en este caso con el poema número LXII titulado, Moesta Et Errabunda. El cual trata de la época de placeres infantiles, ingénuos, frente a la pesadez de la vida adulta, la cual se hace más llevadera por los recuerdos placenteros de entonces.

 

LAS FLORES DEL MAL – CHARLES BAUDELAIRE

 

MOESTA ET ERRABUNDA

 

Dis-moi, ton cœur parfois s’envole-t-il, Agathe,
Loin du noir océan de l’immonde cité,
Vers un autre océan où la splendeur éclate,
Bleu, clair, profond, ainsi que la virginité ?
Dis-moi, ton cœur parfois s’envole-t-il, Agathe ?

La mer, la vaste mer, console nos labeurs !
Quel démon a doté la mer, rauque chanteuse
Qu’accompagne l’immense orgue des vents grondeurs,
De cette fonction sublime de berceuse ?
La mer, la vaste mer, console nos labeurs !

Emporte-moi, wagon ! enlève-moi, frégate !
Loin ! loin ! ici la boue est faite de nos pleurs !
— Est-il vrai que parfois le triste cœur d’Agathe
Dise : Loin des remords, des crimes, des douleurs,
Emporte-moi, wagon, enlève-moi, frégate ?

Comme vous êtes loin, paradis parfumé,
Où sous un clair azur tout n’est qu’amour et joie,
Où tout ce que l’on aime est digne d’être aimé,
Où dans la volupté pure le cœur se noie !
Comme vous êtes loin, paradis parfumé !

Mais le vert paradis des amours enfantines,
Les courses, les chansons, les baisers, les bouquets,
Les violons vibrant derrière les collines,
Avec les brocs de vin, le soir, dans les bosquets,
— Mais le vert paradis des amours enfantines,

L’innocent paradis, plein de plaisirs furtifs,
Est-il déjà plus loin que l’Inde et que la Chine ?
Peut-on le rappeler avec des cris plaintifs,
Et l’animer encor d’une voix argentine,
L’innocent paradis plein de plaisirs furtifs ?

 

 

MOESTA ET ERRABUNDA

 

Dime ¿Tu corazón vuela a veces, Ágata
lejos del negro océano, de la inmunda ciudad,
hacia otro mar donde el esplendor estalla,
azul, evidente, profundo, como la virginidad?
Dime ¿Tu corazón vuela a veces, Ágata?

El mar, el vasto mar ¡consuela nuestras fatigas!
¿Qué demonio ha provisto al mar, ronco solista
que acompaña al inmenso órgano de los vientos estrepitosos,
de esta función sublime de canción de cuna?
El mar, el vasto mar ¡consuela nuestras fatigas!

¡Llévame, carruaje! ¡Llévame lejos, fragata!
¡Lejos!¡lejos! ¡Aquí el barro está hecho de nuestro llanto!
¿Es verdad que a veces el triste corazón de Ágata
dice: lejos de los remordimientos, de los crímenes, del dolor,
llévame, carruaje, llévame lejos, fragata?

Cuán lejos estás, paraíso perfumado,
donde bajo un claro firmamento todo es amor y alegría,
donde todo lo que amamos es digno de ser amado,
¡donde en la pasión pura el corazón se ahoga!
¡Cuán lejos estás, paraíso perfumado!

Pero el verde paraíso de los amores infantiles,
el corretear, las canciones, los besos, los ramos,
los violines vibrando detrás de las colinas,
con los cántaros de vino, la tarde, en los bosques,
— Pero el verde paraíso de los amores infantiles,

el inocente paraíso, lleno de placeres fugaces,
¿queda más lejos que la India o China?
¿Podemos recordarlo con gritos lastimeros,
y darle vida todavía con una voz argentina,
al inocente paraíso lleno de placeres fugaces?

 

 

 

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