Avanzamos un poema más en la traducción de Las Flores del Mal, la obra de Charles Baudelaire, y nos paramos en el poema LIV. En el que parece que nuestro poeta es víctima del remordimiento. El cual es descrito con gran precisión, y para el que se pide un remedio mágico, quizá, no de este mundo.

 

LAS FLORES DEL MAL – CHARLES BAUDELAIRE

 

L’IRRÉPARABLE

 

Pouvons-nous étouffer le vieux, le long Remords,
Qui vit, s’agite et se tortille,
Et se nourrit de nous comme le ver des morts,
Comme du chêne la chenille ?
Pouvons-nous étouffer l’implacable Remords ?

Dans quel philtre, dans quel vin, dans quelle tisane,
Noierons-nous ce vieil ennemi,
Destructeur et gourmand comme la courtisane,
Patient comme la fourmi ?
Dans quel philtre ? — dans quel vin ? — dans quelle tisane ?

Dis-le, belle sorcière, oh ! dis, si tu le sais,
À cet esprit comblé d’angoisse
Et pareil au mourant qu’écrasent les blessés,
Que le sabot du cheval froisse,
Dis-le, belle sorcière, oh ! dis, si tu le sais,

À cet agonisant que le loup déjà flaire
Et que surveille le corbeau,
À ce soldat brisé ! s’il faut qu’il désespère
D’avoir sa croix et son tombeau ;
Ce pauvre agonisant que déjà le loup flaire !

Peut-on illuminer un ciel bourbeux et noir ?
Peut-on déchirer des ténèbres
Plus denses que la poix, sans matin et sans soir,
Sans astres, sans éclairs funèbres ?
Peut-on illuminer un ciel bourbeux et noir ?

L’Espérance qui brille aux carreaux de l’Auberge
Est soufflée, est morte à jamais !
Sans lune et sans rayons, trouver où l’on héberge
Les martyrs d’un chemin mauvais !
Le Diable a tout éteint aux carreaux de l’Auberge !

Adorable sorcière, aimes-tu les damnés ?
Dis, connais-tu l’irrémissible ?
Connais-tu le Remords, aux traits empoisonnés,
À qui notre cœur sert de cible ?
Adorable sorcière, aimes-tu les damnés ?

L’Irréparable ronge avec sa dent maudite
Notre âme, piteux monument,
Et souvent il attaque, ainsi que le termite,
Par la base le bâtiment.
L’Irréparable ronge avec sa dent maudite !

— J’ai vu parfois, au fond d’un théâtre banal
Qu’enflammait l’orchestre sonore,
Une fée allumer dans un ciel infernal
Une miraculeuse aurore ;
J’ai vu parfois au fond d’un théâtre banal

Un être, qui n’était que lumière, or et gaze,
Terrasser l’énorme Satan ;
Mais mon cœur, que jamais ne visite l’extase,
Est un théâtre où l’on attend
Toujours, toujours en vain, l’Être aux ailes de gaze !

 

 

LO IRREPARABLE

 

¿Debemos reprimir al antiguo, al lento remordimiento,
que vive, se mueve o se retuerce,
y se alimenta de nosotros como el gusano de los muertos,
como del roble la oruga?
¿Debemos nosotros reprimir al implacable remordimiento?

¿En qué pócima, en qué vino, en qué infusión,
ahogaremos a ese viejo enemigo,
destructor y codicioso como una prostituta,
paciente como la hormiga?
¿En qué pócima? ¿en qué vino? ¿en qué infusión?

Díselo, hermosa hechicera, ¡oh! dile, si lo sabes,
a este espíritu lleno de angustia
y parecido al moribundo que pisotean las víctimas,
que el casco del caballo hiere,
díselo, hermosa hechicera, ¡oh! dile, si lo sabes,

a este agonizante que el lobo ya olfatea
y el cuervo vigila,
¡a este soldado roto! si es necesario que desespere
por tener su cruz y su tumba;
¡este pobre agonizante que el lobo ya olfatea!

¿Se puede iluminar un cielo negro y cenagoso?
¿Deberíamos romper las tinieblas
más densas que la brea, sin mañana y sin noche,
sin estrellas, sin destellos fúnebres?
¿Se puede iluminar un cielo negro y cenagoso?

La Esperanza que brilla en los azulejos del Albergue
se apaga, ¡se muere para siempre!
Sin luna y sin rayos, ¡encontrar dónde se alojan
los mártires de un camino perverso!
¡El Diablo ha apagado todo en los azulejos del Albergue!

Dulce hechicera, ¿amas a los condenados?
dime, ¿conoces lo imperdonable?
¿Sabes del remordimiento, en apariencia venenoso,
a quien nuestro corazón sirve de blanco?
Dulce hechicera, ¿amas a los condenados?

Lo irreparable carcome con su diente maldito
nuestra alma, lamentable monumento,
y con frecuencia ataca, igual que la termita,
por la base del edificio.
¡Lo irreparable carcome con su diente maldito!

— He visto a veces, al fondo de un vulgar teatro
que avivaba la orquesta sonora,
un hada encendida en un cielo infernal
una milagrosa aurora;
he visto a veces, al fondo de un vulgar teatro

un ser, que era solo luz, oro y gasa,
derrotar al enorme Satán;
pero mi corazón, al que nunca visita el éxtasis,
es un teatro en el que se espera
siempre, siempre en vano, ¡al Ser con alas de gasa!

 

 

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