Recién estrenado su largometraje número 47 (sin contar las películas rodadas para televisión, la serie creada para Amazon o las rodadas con otros directores como “Historias de Nueva York” o “Lily la tigresa”), el genio de Brooklyn sigue al pie del cañón. Ha ganado multitud de premios, entre ellos varios Oscar, Globos de oro, Bafta, Goya y demás reconocimientos a nivel internacional por toda su trayectoria, como el Premio Príncipe de Asturias de 2002.

Sus inicios como escritor de chistes para otros comediantes, como cómico y protagonista absoluto en actuaciones de stand up comedy le dan la soltura y espontaneidad suficiente para abordar la carrera cinematográfica, siendo “Toma el dinero y corre” (1969) la primera obra de la que se encarga en todos los aspectos, dirección, guión y actor principal.

Desde entonces no ha parado de escribir, guiones de cine y televisión, libros de relatos, incluso obras de teatro, dirigir y actuar, con las únicas excepciones dedicadas a su otra gran pasión. Los lunes por la noche actuaba con su banda de jazz en el Michael´s Pub de NYC hasta que cerró y se trasladaron al Café Carlyle.

Sus primeras obras son dedicadas exclusivamente a la comedia, con cintas tan divertidas como “Toma el dinero y el corre”, “Bananas”, “Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo y nunca se atrevió a preguntar”, “El dormilón” y “La última noche de Boris Grushenko”. Hasta que llegó “Annie Hall” y le dio un plus a sus creaciones. Los 4 Oscar que ganó, entre ellos película, dirección y guión, le hicieron seguir ampliando sus miras, dando paso a películas más introspectivas como “Interiores”, “Manhattan” o “Recuerdos”.

Desde ese momento ha ido alternando la comedia con el drama, rozando la genialidad en multitud de ocasiones, pero siempre con un denominador común. La palabra, el texto, el guión, escrito siempre por él mismo, es el centro de toda su obra. Sus obras han dado un montón de premios más (sus guiones originales han estado 16 veces nominados al Oscar y ganado en 3 ocasiones), y aparecer en una película de Woody Allen, casi siempre, era señal de que tu carrera iba a despegar o estabas entre sus elegidos, pues sus proyectos alcanzan las casi 50 nominaciones al Oscar en diversos apartados.

La cantidad de actores y actrices que han pasado por sus obras tiran de espalda. La parte femenina viene encabezada por sus parejas. La primera parte de su obra viene de la mano de su 2ª esposa, la actriz Louisse Lasser que aparecía en “Toma el dinero y corre” (1969), “Bananas” (1971) y “Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo y nunca se atrevió a preguntar” (1972), además de prestar su voz en la iniciática “Lily, la tigresa” (1966). Pero los años 70 conllevaron un protagonismo absoluto de Diane Keaton, que puso su rostro hasta a 5 protagonistas femeninas de la época en “El dormilón” (1973), “La última noche de Boris Grushenko” (1975), “Annie Hall” (1977), “Interiores” (1978) y “Manhattan” (1979), para volver en los 90 con “Misterioso asesinato en Manhattan” (1993). La otra gran protagonista de sus películas es Mia Farrow, con la que mantuvo una relación personal durante más de una década, uniéndole hasta en más de una docena de películas, casos de “La  comedia sexual de una noche de verano” (1982), “Zelig” (1983), “Broadway Danny Rose” (1984), “La rosa púrpura de El Cairo” (1985), “Hannah y sus hermanas” (1986), “Septiembre” (1987), “Días de radio” (1987), “Otra mujer” (1988), “Delitos y faltas” (1989), “Alice” (1990), “Sombras y niebla” (1991), “Maridos y mujeres” (1992), y hasta en el capítulo propio de la película “Historias de Nueva York” (1989) compartida con Scorsese y Coppola. Pero además de ellas, han pasado por sus trabajos algunas de las más grandes como Gena Rowlands, Geraldine Page, Meryl Streep, Barbara Hershey, Claire Bloom, Anjelica Huston, Judy Davis, Helena Bonham Carter, Uma Thurman o Helen Hunt, destacando las interpretaciones que hicieron la gran Dianne Wiest, con la que llegó a trabajar hasta en 5 ocasiones de las que ganó 2 Oscar como actriz de reparto (Hannah y sus hermanas y Balas sobre Broadway), Scarlett Johansson, con la que trabajó en 3 ocasiones a principios del siglo XXI, y la gran actriz cómica Julie Kavner con la que llegó a colaborar hasta en 6 ocasiones. Les sumamos actrices que han ganado multitud de premios por sus trabajos en las películas de Woody Allen como Penélope Cruz o Cate Blanchett y certificamos que trabajar para él es signo de éxito.

De hecho, ya es una marca de su cine la aparición de jóvenes talentos femeninos. Podemos citar a la propia Mariel Hemingway (18 años en “Manhattan”), Juliette Lewis (19 años en “Maridos y mujeres”), Natalie Portman (15 años en “Todos dicen I love you”), Charlize Theron (22 años en ·”Celebrity”), Samantha Morton (22 años en “Acordes y desacuerdos”), Christina Ricci (22 años en “Todo lo demás”), Scarlett Johansson (20 años en “Match point”), Evan Rachel Wood (21 años en “Si la cosa funciona”) o la reciente Elle Fanning (20 años en “Día de lluvia en Nueva York) y son solo algunas de las actrices que han hecho una carrera reconocida en el mundo del cine y que Woody incluyó en sus obras a una edad temprana, antes de convertirse en las estrellas que son hoy en día.

 

 

Si volvemos la cara hacia el género masculino hay que dejar claro que él mismo es el protagonista absoluto, creando un personaje que todos creemos basado en él mismo. Ha sido parte fundamental de casi todas ellas, incluso poniendo la voz en off (La rosa púrpura de El Cairo, Días de radio…) en algunas, incluso traspapelando su personaje a otro actor (John Cusack, Jason Biggs, Larry David…) en otras. Quizás Tony Roberts sea uno de los más recurrentes porque ha contado con él hasta en 6 ocasiones. Pero si rascamos un poquito vemos la cantidad de estrellas que han pasado por sus manos, como Michael Caine, Jeff Daniels, Max Von Sydow, Gene Hackman, Alan Alda, John Malkovich, Leonardo DiCaprio, Sean Penn, Hugh Grant, Jonny Lee Miller, Hugh Jackman, Ewan McGregor, Anthony Hopkins, Javier Bardem, Alec Baldwin, Colin Firth o Joaquin Phoenix, siendo siempre rodeados por los mejores actores de reparto de la industria.

Hay algunos nombres que han ido unidos a su carrera. Quizás los más significativos, además de los ya mencionados, pasaron por la producción. Charles H. Joffe (presente en todas sus obras desde el inicio hasta su fallecimiento en 2008), Jack Rollins (que desde “Sueños de un seductor” en 1972 hasta su muerte en 2015 apareció en todos los formatos posibles en la producción), Robert Greenhut (al que conoció en “La tapadera” de Martin Ritt en 1975 y unió a su equipo desde entonces hasta 1996), Jean Doumanian (imprescindible desde que dejó el Saturday Night Live y se unió a Woody en 1994 hasta 2000), Letty Aronson (su hermana que se unió a sus proyectos desde 1994 hasta la actualidad) o Helen Robin (desde 1988 hasta nuestros días) son algunos de los nombres que van unidos a la carrera del genio de Brooklyn. Como productores, co-productores, productores asociados, productores ejecutivos o cualquiera de los puestos vinculados a la producción.

Algunos críticos y especialistas consideran a Woody Allen como el Balzac de los últimos años, convirtiendo Manhattan en la Francia del siglo XIX. Su talento, lucidez, ironía y análisis crítico devienen en un cine mucho más profundo de lo que a primera vista vemos.

Como decimos, su especialidad es la comedia, aunque ha pasado por la experimentación de otros géneros tan atractivos para él como el musical en “Todos dicen I love you” (1996), el cine dentro del cine en “Recuerdos” (1980) o “Celebrity” (1998), el falso documental en “Zelig” (1983) o “Acordes y desacuerdos” (1999) o el drama existencial al más puro estilo de su adorado Ingmar Bergman con “Interiores” (1978), “Septiembre” (1987) o “Otra mujer” (1988).

Su paso hacia un cine más serio le llevo a trabajar con directores de fotografía de una calidad superior. Quizás los casos más notorios sean Gordon Willis (habitual en sus películas desde 1977 hasta 1985), responsable de la trilogía de “El padrino” de Francis Ford Coppola o “Todos los hombres del presidente” de Alan J. Pakula, Carlo Di Palma (que tomó el relevo desde 1986 hasta 1997), autor de “Blow up” de Michelangelo Antonioni, o Sven Nykvist (habitual en la obra de su admirado I. Bergman) con el trabajó hasta en 4 ocasiones (“Otra mujer”, “Delitos y faltas”, “Celebrity” y el capítulo dirigido por él en “Historias de Nueva York”). Aunque también unió esfuerzos con artistas de la talla de Zao Fei (autor de la maravillosa fotografía de “La linterna roja” de Zhang Yimou) en 3 obras, incluso con el artista español Javier Aguirresarobe en “Vicky, Cristina, Barcelona” (2008) y “Blue Jasmine” (2013), hasta recalar en el maestro Vittorio Storaro en sus últimas 3 producciones “Café society” (2016), “Wonder Wheel” (2017) y “Día de lluvia en Nueva York” (2018).

Intentaremos centrarnos en la comedia o en las obras tragicómicas para reseñar algunas de sus películas más representativas, destacando siempre, por encima de todo, el texto, el guión, la sutileza de su propuesta, la comicidad de sus líneas, lo divertido que debe ser recitar sus textos. Sus años en la stand up comedy siguen reflejados en cada una de sus películas. 50 años después Woody Allen sigue siendo tan divertido, mordaz y analítico como siempre.

 

PELÍCULAS

 

TOMA EL DINERO Y CORRE ( Take the Money and run, 1969)

 

Virgil Starkwell (Woody Allen) es tan nulo y patoso que, tras su fracaso en la música con el violonchelo, se dedicó al robo. Pero también fue una nulidad en el crimen y acabó en la cárcel.

A medio camino entre la farsa cómica y el falso documental, Allen debuta como gran responsable en todos los aspectos para la gran pantalla.

Los padres aparecen disfrazados con gafas y narices que hacen recordar a Groucho Marx para un programa televisivo sobre Virgil debido a su vergüenza. Se somete a un tratamiento experimental en la cárcel que le permite salir, pero vuelve a delinquir hasta que conoce a una chica de la que se enamora (Janet Margolin).

  • Virgil: Enseguida me di cuenta que me había enamorado porque al olerla sentí dentro de mi como náuseas.

Mezcla algún gag visual, muy del estilo de los cómicos clásicos americanos como Oliver & Hardy, como invertir los grifos de la ducha y el lavabo o usar la nevera como armario ropero.

Ella trabaja como lavandera y en su 1ª cita Virgil se da cuenta que eso es amor:

  • Virgil: Cuando le dije si quería lavarme los calzoncillos sé que nació algo especial entre nosotros.

Las escenas del atraco al banco con las disputas sobre lo que pone en la nota de robo es tronchante, volviendo a prisión por defender su caligrafía. Sus constantes fugas, huidas y vueltas a la criminalidad logran su culminación cuando cumplen el plan de atracar un banco y coinciden con otros asaltadores, cogiéndolos a todos.

Virgil es castigado a sufrir durante varias horas la presencia de un agente de seguros en la celda de castigo, y así logra su 1ª nominación a un premio por sus textos (Sindicato de Guionistas). El otro hito de esta cinta es la unión con los productores Charles H. Joffe y Jack Rollins que, aunque ya eran parte de su vida profesional, le acompañarán durante la mayoría de su carrera en el cine.

 

TODO LO QUE SIEMPRE QUISO SABER SOBRE EL SEXO Y NUNCA SE ATREVIÓ A PREGUNTAR (Evrything you always wanted to know about sex, but you were afraid to ask, 1972)

 

Compuesta por 7 historias unidas por el tema común del sexo, reúne a una pléyade de actores reconocidos para hacer chanzas sin parar sobre ello.

En “¿Los afrodisíacos funcionan?” Woody Allen es un bufón en una corte medieval que convierte el Hamlet de W. Shakespeare en una farsa sobre el deseo y los espirituosos amorosos para conseguir llevarse a la reina (Lynn Redgrave) a la cama.

En “¿Qué es sodomía?” el Doctor Ross (Gene Wilder) trata a un pastor armenio que se ha enamorado de una oveja, pero que ésta ya no le quiere. La locura deviene cuando la lleva al consultorio y es el médico el que pierde la cabeza por el animal.

En “¿Por qué algunas mujeres tienen problemas para llegar al orgasmo?” Fabrizio (Woody Allen) es un artista postmoderno que no consigue que su mujer se excite hasta que encuentra la solución: hacerlo en público y correr el riesgo de ser descubiertos.

En “¿Los travestis son homosexuales?” unos novios llevan a los padres de ella a cenar a casa de los suegros, pero el padre (Lou Jacobi) al ir al baño se viste con la ropa de la mujer.

En “¿Qué son los pervertidos sexuales?” hay un concurso en la tv donde la gente tiene que adivinar la perversión del invitado o hacerla realidad.

En “¿Son exactos los descubrimientos de médicos y clínicas que se dedican a la investigación y experimentación sexuales?” Victor (Woody Allen) y Gina (Louise Lasser) acuden a la mansión del Dr. Bernardo (John Carradine) para ayudarle en sus investigaciones, pero su esclavo jorobado Igor (Ref Sanchez) y una teta gigante acaban sembrando el pánico.

En “Qué sucede durante la eyaculación?” nos muestra los diversos órganos humanos preparándose para un posible coito. El cerebro (con Tony Randall y Burt Reynolds a la cabeza) manda a ojos, oídos, estómago, etc… Los obreros trabajan la erección para que todo funcione y no falle como la última vez, hasta que los espermatozoides (Woody Allen, Robert Walden…) salen disparados.

Una coña total repleta de guiños que, sin ser lo mejor de Allen, contiene alguno de los momentos más hilarantes.

 

LA ÚLTIMA NOCHE DE BORIS GRUSHENKO (Love and death, 1975)

 

Boris (Woody Allen) es un joven ruso que revive sus recuerdos de infancia y juventud, y su relación especial con su prima Sonja (Diane Keaton), de la que está enamorado porque mantiene conversaciones intelectuales:

  • Sonja: … el juicio de cualquier sistema a una prioridad de relación de fenómenos existe en cualquier contradicción racional o metafísica o al menos epistemológica de un concepto empírico abstracto como el ser u ocurrir en la cosa en sí o de la cosa en sí misma.
  • Boris: Sí, yo he dicho eso mismo muchas veces.

Pero Sonja está enamorada de Iván (Henry Czarniak) , hermano de Boris, y Napoleón invade Rusia. ¡¡¡Guerra!!!! Así que Boris se alista en el ejército, aunque no quiere ir y el sargento le castiga:

  • Sargento: Ahora limpiarás las letrinas y el comedor.
  • Boris: ¿Cómo los distinguiré?

Boris conquista a una condesa que le confiesa:

  • Condesa: Eres el mejor amante que he tenido.
  • Boris: Es que practico mucho cuando estoy solo.

Tras muchos líos y diatribas, donde Woody Allen homenajea sin pudor a Ingmar Bergman, tanto en algunos planos como algunos diálogos, Boris es visitado por la muerte. A destacar que es la 1ª película en la que se junta a Juliet Taylor, habitual encargada del casting de sus películas.

 

ANNIE HALL (Annie Hall, 1977)

 

Esta es la película que cambió el rumbo del director. Dejó la comedia estrafalaria y descerebrada, para centrarse en las relaciones y en sus obsesiones. Y además aparece Nueva York por primera vez. La película comienza con un monólogo en primer plano en el que Alvy Singer (Woody Allen) cuenta un chiste:

  • Alvy: Unas señoras están en un hotel de alta montaña y dice una “vaya, la comida es realmente terrible”. Contesta la otra “Sí, y además las raciones son tan pequeñas”.

Ahí comienza a relatar su vida, a recordar sus relaciones amorosas, sus dos esposas y a Annie. Los minutos van pasando mientras Woody va intercalando recuerdos de infancia.

Un día Annie y Alvy van al cine, y en la cola hay un tipo que está filosofando sobre el cine de Fellini, hasta que Alvy se dirige a la cámara y desmonta a los intelectuales. Va intercalando su relación con Annie con los recuerdos del pasado de ambos. Su amigo Rob (Tony Roberts) fue quien les presentó en una partida de tenis. Ella canta y él es cómico, demostrando unos claros tintes autobiográficos.

Sigue manteniendo frases tremendamente cómicas, como cuando Alvy acude a casa de Annie porque hay una araña enorme en su baño:

  • Alvy: ¿No tienes insecticida? Te dije que tuvieras siempre, nunca sabes quién aparecerá arrastrándose.

Su relación se rompe y se une. En una de ellas van a Los Angeles a una entrega de premios y a ver a Rob que los pasea en coche:

  • Annie: ¡Qué limpio está todo!
  • Alvy: Aquí no tiran la basura, la reciclan para convertirla en programas de TV.

El vestuario de Diane Keaton, obra de Ruth Morley, es otro de los iconos que han quedado para la historia, con trajes de chaqueta, corbatas y sombreros que convirtieron a la actriz en un símbolo de modernidad.

La película finaliza con otro chiste contado por Alvy, esta vez con imágenes de las calles de Nueva York:

  • Alvy: El tipo que va a al psiquiatra y le dice “Doctor, mi hermano está loco. Cree que es una gallina”. Y el doctor responde “¿Por qué no lo mete en un manicomio?”. Y el tipo le dice “Lo haría, pero necesito los huevos”.

Su éxito fue arrollador, ganando 4 Oscar, y siendo elegida por el Sindicato de Guionistas Estadounidense como el mejor guión de comedia de la historia en 2015, por delante de emblemas del género como “Con faldas y a lo loco” o “Atrapado en el tiempo”.

 

MANHATTAN (Manhattan, 1979)

 

Isaac Davis es un guionista de 42 años de Nueva York que vive una aventura con Jill (Mariel Hemingway), una joven estudiante de 17, mientras su mejor amigo Yale (Michael Murphy) vive una aventura con Mary (Diane Keaton).

El cruce de relaciones entre todos los protagonistas, los paseos por las calles de la ciudad, museos y parques de la ciudad que nunca duerme convierte a “Manhattan” en algo más que una película romántica con tintes cómicos. Es un canto de amor hacia la ciudad que le vio nacer, crecer y le convirtió en el icono que es hoy en día. Aparecen imágenes que vuelven a nuestra mente cada vez que suena la música de George Gershwin, esquinas que buscamos si viajamos a Nueva York, incluso la oscuridad con la que Gordon Willis fotografía la noche de la metrópoli se vuelve brillante ante la lucidez de su propuesta.

El adiós de Diane Keaton a los personajes protagonistas en el cine de Woody Allen, el asentamiento definitivo de NYC como un intérprete más de sus obras, las constantes obsesiones del director en sus diálogos (el nazismo, la religión, Bergman, Fellini, Mahler, el amor…) y la cantidad de frases e imágenes que nos regala para guardar en la historia del séptimo arte. “Manhattan” es algo más que una película de Woody Allen, es algo más que cine, es siempre algo más y aunque al propio Allen no le gustó el resultado, su público sigue considerándola una de sus piezas únicas.

 

RECUERDOS (Stardust memories, 1980)

 

Sandy Bates (Woody Allen) es un director de cine de éxito, especialmente por sus comedias, que está en crisis existencial. Le van a hacer un homenaje y a dedicar una retrospectiva a su obra en una universidad, a la que va con desgana por presión de su representante (hay escenas en que tiene una aire a François Truffaut tremendo). Allí es abrumado por las enormes muestras de aprecio del público asistente, intercalando recuerdos de su infancia (donde vuelve a aparecer su pasión por la magia, el psicoanálisis…).

En uno de esos deja vu va a ver unos familiares. A su hermana la han violando y atacado brutalmente y su cuñado está haciendo ejercicio en una bicicleta estática:

  • Cuñado: Me dieron 2 infartos antes de empezar con la bici.
  • Sam: ¿Y después?
  • Cuñado: 2 más.

Intercala discusiones vitales con otras más existenciales:

  • Sam: Para ti soy ateo, pero para Dios soy la oposición leal.

Su amigo Tony (Tony Roberts) le dice que está saliendo con una chica perfecta:

  • Tony: Es una chica perfecta, no come dulces ni golosinas, solo anfetaminas.

Un tipo le pide un autógrafo para su ex mujer en la que le pide que ponga “para xxx, perra embustera e infiel”.

Woody Allen hace gala de esas dos vertientes tan marcadas en su cine de la época, la puramente cómica y la más existencial muy influenciada por Ingmar Bergman.

 

BROADWAY DANNY ROSE (Broadway Danny Rose, 1984)

 

Un grupo de actores dedicados al mundo del espectáculo (Woody Allen recluta a auténticos actores dedicados al género en los años 60 y 70 como Corbett Monica, Jackie Gayle o Morty Gunty) se juntan en un restaurante de Broadway hablando de los viejos tiempos. Empiezan 2, pero se van uniendo para ser 5, 6, hasta 7 y terminan hablando de Danny Rose (Woody Allen), un representante y agente teatral de fracasados y viejas glorias.

Es Corbett Monica el encargado de contar la mejor historia sobre Danny y es ahí cuando la película arranca. Danny acoge bajo su manto a Lou Canova (Nick Apollo Forte), un cantante pasado de moda que grabó un disco en los años 50 y al que nadie recuerda. Danny se entrega en cuerpo y alma para intentar que vuelva al ruedo, pero Lou tiene una amante ligada a la mafia, Nina (Mia Farrow), que le vuelve loco. Nina le decide a dejar a su mujer, incluso a cambiar de agente para mejorar sus opciones futuras, pero es Danny el que le salva el culo a ambos de situaciones muy difíciles.

La habilidad de Allen es contar las miserias y desventuras del mundo del espectáculo con un sentido del humor y un halo cómico digno de los mejores. Los diálogos están repletos de comicidad y las situaciones que plantea son totalmente disparatadas (como cuando les disparan y agujerean un camión de helio que les hace hablar con voces aniñadas).

Finalmente, Lou deja a Danny y a su mujer, obligando al agente a volver con sus cutres pero fieles representados. Nina no es feliz y se siente culpable por lo que deja a Lou y va a buscarlo para pedirle perdón. El amor, la sonrisa, la humanidad y la bondad consigue que la cutrez y la maldad se olviden, devolviendo a un Allen tan inspirado como en sus tiempos de “Annie Hall” o “Manhattan”.

¡Incluso le pusieron su nombre a un sándwich en un bar de Broadway!

 

LA ROSA PÚRPURA DE EL CAIRO (The purple rose of Cairo, 1985)

 

Cecilia (Mia Farrow) es una camarera en los años de la gran depresión norteamericana, que vive dentro de las películas que ve sin parar en el cine. Su marido Monk (Danny Aiello) es un jugador descontrolado sin trabajo que la maltrata.

“La rosa púrpura de El Cairo” es la película que no para de ver esos días para evadirse del engaño de su esposo, de la pérdida de su trabajo y su tristeza y soledad, pero Tom Baxter (Jeff Daniels) salta de la pantalla y se enamora de ella.

Tom quiere vivir la vida real mientras que Raoul Hirsch (Alexander Cohen), el productor, y Gil Shepherd (Jeff Daniels), el actor que encarna a Tom se enteran de lo que ha pasado y acuden para intentar solucionarlo.

Tom y Gil se acaban conociendo y los dos están enamorados de Cecilia que debe decidir entre la realidad y la ficción.

La escena en que Emma (Dianne Wiest) lleva a Tom al prostíbulo es maravillosa, al igual que las trifulcas entre los personajes de la película y las personas reales que están en el cine.

Una comedia romántica donde Mia Farrow y Jeff Daniels se enamoran escenificando el amor del propio Allen por el cine.

 

HANNAH Y SUS HERMANAS (Hannah and her sisters, 1986)

 

Hannah (Mia Farrow), Holly (Dianne Wiest) y Lee (Barbara Hershey) son 3 hermanas muy unidas que entrecruzan sus vidas. Hannah es el sustento emocional de la familia y está casada con Elliot (Michael Caine). Holly quiere ser escritora, pero monta una empresa de catering junto a su amiga April (Carrie Fisher). Y Lee está divorciada, está en paro y es ex alcohólica.

Lee vive con un pintor minimalista (Max Von Sydow) mucho mayor que ella que intenta enseñarle el arte de la vida; Elliot es un empresario de éxito que se enamora idílicamente de Lee y tiene una relación con ella; Mickey (Woody Allen) es el ex marido de Hannah, hipocondríaco, hiperactivo, productor de tv…; Todo se va liando entre los protagonistas creando una mezcla de comedia y drama puramente neoyorkina que, en manos de Allen, deviene en obra maestra.

Mickey creyó tener un melanoma en la espalda, pero resultó ser una mancha en la camisa. Incluso le comunicaron que era estéril, preguntando si con unas flexiones podría tener solución. Tuvo una cita con Holly que resultó desastrosa, aunque confesó “haberlo pasado bomba y ser como los juicios de Nuremberg”.

Tras muchos vaivenes, Mickey y Holly se reencuentran, Lee se casa con otro hombre y Hannah y Elliot arreglan sus diferencias, volviendo a la cena en casa de los padres en la noche de acción de gracias. Una cuadratura del círculo que regaló Oscar para M. Caine, D. Wiest y el propio W. Allen por el guión original.

 

DÍAS DE RADIO (Radio days, 1987)

 

Unos ladrones cogen el teléfono mientras están robando en una casa y ganan un premio radiofónico que disfruta la familia de la casa que han robado (¿habrá visto Allen “Historias de la radio” de José Luis Sáenz de Heredia?). Así empieza una de las películas más redondas de Woody Allen, repleta de situaciones cómicas, adornada en todo su metraje con la voz en off del propio Allen, cuyo guión fue nominado al Oscar.

Toda la filmación es pura nostalgia y, como digo, hay momentos delirantes, casi todos protagonizados por Dianne Wiest en el papel de Bea. En su ansia por encontrar marido sale mucho con hombres. Uno de ellos huye despavorido al volver a casa porque en la radio escuchan la famosa recreación de “La guerra de los mundos” de Orson Welles y cree que hay una invasión alienígena. Otro ve su posible romance quebrado por el estallido de la IIGM. Incluso hay un 3º que, una vez ella ya ha caído enamorada y se lo dice, le confiesa que es gay.

Aún así, encontramos alguna escena de puro y estrambótico humor Allen, como cuando el tío Abe (Josh Mostel) le dice a su esposa, la tía Ceil (Renée Lippin):

  • Ceil: A Abe siempre le colocan pescado.
  • Abe: Si no te gusta ponte a chupar la tubería del gas.

O cuando el pequeño Joe (Seth Green) pide dinero a su padre para comprarse el anillo de un superhéroe que ha escuchado en la radio:

  • Tess: Presta más atención a tus estudios y menos a la radio.
  • Joe: Tu siempre estás escuchando la radio.
  • Tess: Es diferente, nuestras vidas ya están destrozadas.

En otra escena Tess (Julie Kavner) habla con Bea (Dianne Wiest) sobre su exigencia para encontrar pareja:

  • Tess: ¿Qué tenía Nat Bernstein?
  • Bea: Llevaba calcetines blancos con el smoking.
  • Tess: Eso no es razón suficiente. De cualquier hombre del que te enamores siempre tendrá algún defecto.
  • Bea: En principio parecen estupendos.
  • Tess: No sé, parece que siempre eliges a los perdedores. A veces me pregunto si realmente deseas casarte.
  • Bea: Más que cualquier otra cosa. Quiero tener un hijo antes de que sea demasiado tarde. Solo quiero que sea perfecto.
  • Tess: Nunca será perfecto. Si esperas la perfección no quedarás embarazada, terminarás con los dientes en un vaso de agua.

O celebrando la Nochevieja en casa mientras escuchan a los famosos despedir 1943 por la radio, Ceil y Abe lo comentan desde el sofá:

  • Ceil: ¿No te gustaría ir a los sitios de moda y beber champagne en mi zapato?
  • Abe: No podría tragar tanto líquido.

Una película ensoñadora, con un envoltorio mágico salpicado por la constante música que sonaba en la radio a principio de la década de los 40.

 

DELITOS Y FALTAS (Crimes and misdemeanors, 1989)

 

Judah Rosenthal (Martin Landau) recibe un homenaje, pero esa tarde había recibido una carta de su amante Dolores (Anjelica Huston) para aclarar las cosas y hablar con su esposa Miriam (Claire Bloom).

Se entrecruzan las historias de Lester (Alan Alda), productor televisivo de éxito, su cuñado Cliff Stern (Woody Allen), director de documentales y películas de arte y ensayo, su hermano Ben (Sam Waterson), un rabino judío que se está quedando ciego, y Judah, el oftalmólogo de este que se confiesa con él cuando acuda a su consulta.

Siendo una película dramática, contiene alguno de los gags más cómicos de la filmografía de Woody Allen, como cuando su hermana Barbara le confiesa que un hombre que ha conocido en una página de contactos del periódico le ha atado a la cama para defecarle encima, o cuando él mismo le confiesa a Barbara que “no ha estado dentro de una mujer desde que visitó la estatua de la libertad”.

Es una de las cintas que mejor mezcla la comedia con el drama, donde el asesinato o la infidelidad van de la mano con la farsa y la chanza. La culpa se convierte en uno de los temas fundamentales en la obra de Woody Allen, y volverá a repetirse en muchas de sus películas (Match point, El sueño de Casandra, Irrational man…)

Judah, en una de sus charlas con su hermano mafioso Jack (Jerry Orbach), dilucida la posibilidad de acabar con la vida de su amante para quitar de en medio el problema, y llega a una conclusión:

  • Judah: Dios es un lujo que yo no puedo permitirme.

O cuando Halley Reed (Mia Farrow) le confiesa a Cliff:

  • Halley: Mi ex marido y yo nos enamoramos a 1ª vista, quizá debí echarle otro vistazo.

O en una discusión matrimonial entre Cliff y su esposa Wendy (Joanna Gleason):

  • Cliff: Oye, cariño, fuiste tu la que dejaste de hacer el amor conmigo. El próximo 20 de abril hará un año. Recuerdo la fecha porque era el cumpleaños de Hitler.

Su importancia en la obra de Allen es fundamental y la construcción del guión pasa a ser un ejemplo perfecto para llevar de la mano la comedia y el drama.

 

MARIDOS Y MUJERES (Husbands and wives, 1992)

 

Sally (Judy David) y Jack (Sydney Pollack) llegan a casa de Gabe (Woody Allen) y Judy (Mia Farrow) para decirles que se van a separar. Mia no lo entiende y se disgusta muchísimo. Es la última película de Mia Farrow con Woody Allen, ya que en los últimos días de rodaje se descubrió la relación de Allen con su actual esposa e hija adoptiva de Farrow.

Woody y Mia hablan sobre sus amigos como si hablaran sobre su propia relación, sus propios problemas y realidades. Jack se lía con una monitora de aerobic del gimnasio al que va y Sally lo hace con Michael, un compañero de trabajo. A su vez, Gabe y Judy se replantean su relación y él se siente atraído por Rain (Juliette Lewis), una alumna de la Universidad, y Judy se plantea otras opciones fuera del matrimonio.

Todo parece ideado como parte de la crisis matrimonial que la pareja real Allen-Farrow pasaba en su vida actual. Todos pasan por la cámara de un supuesto documental que se está rodando para retratar la vida en pareja de los matrimonios.

Sin embargo, sigue habiendo chispas de humor, como cuando Rain le cuenta a Gabe sus distintas relaciones:

  • Gabe: Vaya, pero si ahí tienes material para tu 1ª novela, y para la secuela, incluso para una ópera de Puccini.

Un antes y un después en el cine de Allen, que abandonaría el protagonismo de Mia Farrow para recuperar la comedia pura durante unos cuantos años.

 

MISTERIOSO ASESINATO EN MANHATTAN (Manhattan murder mystery, 1993)

 

Larry y Carol Lipton (Woody Allen y Diane Keaton) son un matrimonio que vive en Manhattan y reparten sus gustos entre el deporte que inicia la película en el MSG y la ópera que será lo siguiente en ver (él ya se ha comprado los tapones). Al volver comentan el caso de un asesino que mató a 12 víctimas, las descuartizó y se las comió:

  • Larry: Bueno, es un estilo de vida alternativo.

Suben en el ascensor con los vecinos Paul y Lillian House (Jerry Adler y Lynn Cohen), y ellas comentan que se conocen del gimnasio, aunque Larry prefiere atrofiarse, y pasan a su casa a tomar un café y charlar. Al día siguiente, al volver de ver “Perdición”, se encuentran con que ella ha fallecido de un infarto.

La noche siguiente van a la ópera, pero salen antes de acabar porque:

  • Larry: No puedo escuchar tanto Wagner, me dan ganas de invadir Polonia.

Carol y su amigo Ted (Alan Alda) no paran de especular que la mujer ha sido asesinada y ella consigue unas llaves de la casa de los vecinos, entrando cuando Paul ha salido, y al contárselo a Larry:

  • Larry: Ooooh, ¡guarda un poco de locura para la menopausia!.

Carol y Ted siguen empecinados y un día ella la ve en un autobús. La acaban encontrando y la siguen hasta un hotel, pero la vuelven a encontrar muerte:

  • Larry: Esta mujer está muerta en sesión continua.

La aparición de Marcia Fox (Anjelica Huston), una de las autoras de Larry, a la que intentan liar con Ted, protagoniza alguna de las escenas más cómicas, como cuando le intenta enseñar a jugar al póker a Larry.

Otra de las comedias claves en la producción de Allen que, aunque no llegó a los Oscar, sí pasó por los Globos de Oro, los Bafta o los César.

 

BALAS SOBRE BROADWAY (Bullets over Broadway, 1994)

 

David Shayne (John Cusack) es un autor teatral fracasado que consigue finalmente financiación para estrenar una obra. Una gran estrella de Broadway (Dianne Wiest) asume el protagonista femenino y otro gran actor (Jim Broadbent) el masculino. La pega es que el dinero lo pone un gángster (Joe Viterelli) que exige que le den un papel a su querida (Jennifer Tilly), que resulta una actriz nefasta.

Una vez más, Allen construye una comedia de situaciones grotescas y descacharrantes que se elevan a la máxima expresión cuando el matón que ponen de guardaespaldas (Chazz Palminteri) de la amiguita se convierte en la revelación de la cinta.

El esbirro mafioso (Cheech) reescribe la obra y la hace realmente buena, pues además de cobrar deudas para la mafia tiene un don con las letras. Se implica tanto que se da cuenta que el problema de la obra es Olive (Tilly) y la elimina. La sustituta mejora exponencialmente la función, pero todo se descubre.

Una de las películas más inspiradas de Allen, con un ritmo delicioso, evocador de una época pasada, con un color, una música y unas actuaciones brillantes. De ahí ganó Dianne Wiest su 2º Oscar como mejor actriz de reparto, mérito de la insistencia de Allen porque todo el mundo quería sustituir a Dianne, incluida la propia Wiest.

Nunca un artista ha sido tan persistente:

  • David no te rindas nunca, quizás te estrenen post mortem.

 

PODEROSA AFRODITA (Mighty Aphrodite, 1995)

 

Woody Allen convierte una tragedia griega llevándola al siglo XXI, metiendo un coro funesto griego como hilo argumental.

Amanda (Helena Bonham Carte) y Lenny (Woody Allen) están casados y discuten sobre la idea de adoptar un hijo:

  • Lenny: Mis genes son de medalla de honor, no vamos a adoptar nada.

Pero al final adoptan a un niño y discutiendo sobre el nombre del bebé, Lenny propone alguno de sus ídolos: Groucho, Django, Sugar Ray, Thelonious, Harpo… hasta llegar a Max. Max crece y al cambiar de casa pregunta a Lenny:

  • Max: ¿Quién manda en casa? ¿Mamá o tú?
  • Lenny: ¡Mando yo! Mamá toma las decisiones y mando yo, son dos cosas distintas. Ella manda y yo domino el mando a distancia de la tv.

Lenny entra en crisis y busca a la madre biológica de Max que resulta ser una prostituta y actriz de cine porno que quiere ser actriz seria y se ha cambiado el nombre varias veces: Leslie St. James, Linda Ash, Judy Orgasmo…

El coro va desgranando la ínfula moral y dramática del texto, y Cassandra lo ridiculiza:

  • Cassandra: Veo desastres, veo catástrofes, pero aún ¡veo abogados!

Lenny se acerca tanto a Linda como se aleja de Amanda. La convence de dejar la prostitución y buscar un hombre que la quiera de verdad, incluso convence a su chulo para que la deje marchar. Y Linda está muy agradecida:

  • Linda: Como no querías que te la mamara, te he comprado una corbata.

Otra maravilla de romanticismo disimulado que reparte un Oscar a su intérprete femenina (Mira Sorvino) y te deja con una sonrisa y una sensación de buen rollo y bienestar constante cuando el coro griego cierra la cinta cantando y bailando el clásico de Dick Hyman “When you’re smiling (the whole world smiles with you)”.

 

DESMONTANDO A HARRY (Deconstructing Harry, 1997)

 

Lucy (Judy Davis) llega muy enfadada a casa de Harry Block (Woody Allen) porque ha escrito un libro donde relata detalladamente su affaire, destrozando su vida. Cada libro suyo recoge experiencias propias, entremezclando las imágenes de la vida real con las contadas en sus novelas.

En uno de ellos, Harvey Stern (Tobey Maguire) se hace pasar por otro que está en el hospital en coma, para usar su apartamento y pasar una noche con una prostituta, hasta que la muerte llama a la puerta y se lo lleva porque lo confunde con el auténtico, en un claro homenaje cómico a “El séptimo sello” de Ingmar Bergman.

Sus relatos cobran vida, como el caso de Mel (Robin Williams), el hombre desenfocado, o Helen (Demi Moore), la judía militante psicóloga.

Acompaña a su amigo Richard (Bob Balaban) al hospital porque no se encuentra bien y allí suelta una de sus sentencias tan divertidas:

  • Harry: Las palabras más bonitas de nuestro idioma son “es benigno”.

La universidad en la que estudió, y que le expulsó, le va a hacer un homenaje, y como va solo decide llevarse a Cookie (Hazelle Goodman), la prostituta que suele contratar últimamente, a su amigo Richard y rapta a su hijo para que lo comparta con él.

Cookie y Harry establecen una conexión y ella le pregunta:

  • Cookie: ¿Por qué llevas siempre tanto dinero encima?
  • Harry: Siempre llevo dinero encima para putas porque una vez pagué con un cheque y el fisco me empapeló.

De camino a la universidad pasan a ver a su hermana, judía radical, con la que termina discutiendo por la religión:

  • Harry: La tradición es la ilusión de lo permanente.

Toda la película está repleta de frases y diálogos descacharrantes, devolviendo al mejor Allen, incluso su texto fue nominado al Oscar a Mejor guión original. Una de esas películas donde, sin darte cuenta, te pasas 90 minutos riendo sin parar.

 

LA MALDICIÓN DEL ESCORPIÓN DE JADE (The curse of the jade scorpion, 2001)

 

Estamos en 1940 y CW Briggs (Woody Allen) es el mejor investigador de una agencia de seguros de NYC. Betty Ann Fitzgerald (Helen Hunt) es una nueva ejecutiva de la empresa que está reestructurándola para optimizar recursos lo que la enfrenta a CW.

Una noche celebran el 50 cumpleaños de George, (Wallace Shawn) uno de los trabajadores y acuden al espectáculo de un mentalista. Voltan Polgard (David Ogden Stiers) hipnotiza a WC y a Betty Ann para que se enamoren y todos ríen mucho sabiendo el odio que se profesan. Lo que no saben es que las palabras clave para la hipnosis, Constantinopla y Madagascar respectivamente, no han sido desactivadas y lo utilizará para que roben en varias casas  de familias ricas aprovechando sus conocimientos de seguridad.

La maravillosa música utilizada para la película, de Duke Ellington, Hoagy Carmichael o Morgan Lewis, con la recurrente melodía de “In a persian market” de Albert W. Kelelbey interpretada por Wilbur de Paris para los robos le dan un toque de comicidad y ligereza que le hacen avanzar sin parar, siempre con una sonrisa en la boca.

Las investigaciones de los robos le hacen conocer a Laura Kensington (Charlize Theron) hija de una de las familias robadas, incluso le hace sospechar de Betty Ann, lo que hace husmear y cotillear su despacho y su casa, descubriendo su romance con Chris Magruder (Dan Aykroyd), jefe de la empresa, y salvándola de un suicidio al romper dicha relación.

Todo da un giro cuando una empresa externa de investigación descubre pistas que acusan a CW de los robos y, aunque este pone a su párroco como posible defensa de su persona (una pena que esté buscado en 3 estados distintos por pederastia), lo acaban encerrando.

WC se escapa y acude a casa de Betty Ann a esconderse porque, pese al odio mutuo, es la única que lo defiende. Discuten y ella amenaza con llamar a la policía:

  • WC Briggs: ¡Hágalo! Así podrá insultarme los días de visita.

Los compañeros de trabajo le ayudan a seguir investigando y descubren el apaño del mago, liberándolo del hechizo, permitiendo que WC solucione el caso. Termina despidiéndose de la Agencia de Seguros, pero decide desvelar su amor por Betty Ann justo antes de que esta se vaya de viaje a París con Chris y…

El Nueva York de los años 40, los punzantes diálogos cómicos entre Woody Allen y Helen Hunt, la constante comicidad de las situaciones planteadas, la sexualidad irreverente de Charlize Theron, la dinámica banda sonora, las constantes del cine de Allen (la magia, el amor, la música, la palabra…)… todo hace que estemos ante una de sus películas más divertidas y desacomplejadas, con toques del director entregado a la comedia de sus inicios, pero sabiendo manejar los hilos de la acción para que no se quede estancada.

 

UN FINAL MADE IN HOLLYWOOD (Hollywood ending, 2002)

 

Val (Woody Allen) es un director de cine con 2 Oscar al que la industria olvidó, pero le llega un guión que parece perfecto para él y producido por el hombre que le quitó a su esposa. Acaba aceptándolo porque es su oportunidad para volver a las grandes ligas, aunque al principio se negaba por venir de quién venía:

  • Val: Él es un filisteo y ella una colaboracionista, es un conflicto religioso.

De camino a la reunión para concretar el contrato se toma una pastilla en el taxi para estimularse, y otra antes para calmarse, aunque se había tomado otra que hace que se quede seco cuando llueve. Su agente Al (Mark Rydell) le acompaña y le ayuda a aceptar.

La presión le puede y un par de días antes de empezar a rodar se queda ciego por algo psicosomático, pero Al insiste en que siga adelante con la colaboración de alguien que esté cerca en el plató. Todo es un caos, pero parece que nadie se da cuenta hasta que despiden al traductor chino colaboracionista y se lo cuentan a su ex Ellie (Téa Leoni).

Va a sesiones con psicólogo para ayudarle. Resulta que tiene un hijo punk de su anterior matrimonio que es la clave para arreglarlo. Se llamaba Tony (Mark Webber), pero se cambió el nombre por Mugre X:

  • Val: Te quiero Mugre.

Al arreglar la relación con su hijo recupera la vista, pero al ver el copión de la película ve el desastre:

  • Val: Tráeme una litrona de cianuro.

La película es un fracaso y todo es desesperación, hasta que llegan críticas desde Francia donde la califican de obra maestra… y recupera el amor de su ex y se van a vivir juntos a París.

Con momentos hilarantes y disparatados, recordando al Woody Allen de sus inicios, nos vuelve a regalar otra de esas películas que tras el velo de la intrascendencia muestra la grandeza de su cine.

 

MELINDA Y MELINDA (Melinda and Melinda, 2004)

 

Max (Larry Pine), Sy (Wallace Shawn), Louise (Stephanie Roth Haberle) y Al (Neil Pepe) son 4 amigos que discuten durante una cena sobre la comedia y la tragedia en la vida. Al cuenta una historia real que pasó a unos amigos y Max, autor dramático, idea una historia trágica sobre ella, mientras Sy, autor cómico, desvía los hechos hacia la comedia e idea la opción divertida.

Melinda (Radha Mitchell) es el único punto en común de ambas vertientes, llegando por sorpresa a casa de unos amigos (versión dramática) o vecinos (versión cómica), combinando sin parar ambas historias para resaltar la contrariedad de la vida.

Lee (Johnny Lee Miller) y Laurel (Chloë Sevigny) encabezan la parte dramática de la cinta, mientras Susan (Amanda Peet) y Hobie (Will Ferrell) lo hacen con la versión cómica. Woody Allen va sincronizando ambas historias, desintegrando la vida de las parejas a las que afectó su llegada.

La descacharrante presencia de la comicidad de Will Ferrell choca de lleno con la impronta peligrosa de la planta de Johnny Lee Miller, mientras Chloë y Amanda ponen color a las protagonistas femeninas que decoran la complejidad de la personalidad de Radha Mitchell.

Una de esas rarezas en que la comedia y el drama se dan de la mano y combinan a la perfección para dar lucidez a la locura.

 

MATCH POINT (Match point, 2005)

 

Chris Wilton (Jonathan Rhys Meyers), un ex jugador de tenis profesional se une a una familia de la alta sociedad londinense dando clases a su hijo Tom (Matthew Goode). Su novia Nola Rice (Scarlett Johansson), una estadounidense que quiere ser actriz, posee un atractivo arrollador y se lía con ella.

  • Nola: ¿Alguna vez te han dicho que tienes un juego muy agresivo?

Chris sale con Chloe (Emily Mortimer), la hija del clan Hewett, y esta le busca un trabajo en las empresas de su padre, pero él se ha quedado colgado de Nola.

  • Nola: Los hombres creen que soy algo especial.
  • Chris: ¿Y lo eres?
  • Nola: Nadie me ha pedido que le devuelva el dinero.

Chris termina obsesionado con Nola y, pese a casarse con Chloe, cuando Tom y ella rompen, inician una aventura que llega a su extremo cuando la deja embarazada y le asegura que dejará a Chloe para irse con ella. Nola le presiona hasta que Chris se deshace de ella y la culpa ocupa el protagonismo que ostentaba la pasión.

La policía investiga y encuentra un diario en casa de Nola, pero el azar, como en el tenis, hace que la bola caiga en campo contrario o propio tras golpear la red.

Una película que supuso varios cambios en el cine de Allen. Por un lado le unió a Scarlett Johansson, con la que llegó a filmar 3 cintas casi seguidas; por otro lado dejó Nueva York para cruzar el charco y sustituirlo por Londres; además asumió el drama puro como el protagonista absoluto del film; y por último volvió a juntar la opinión de la crítica alabando su trabajo. Una de sus mejores películas dentro del siglo XXI que sirvió para demostrar que todavía le quedaba mucho por decir.

 

SCOOP (Scoop, 2006)

 

Se celebra el funeral del periodista Joe Strombel (Ian McShane) y en el barco de Caronte hacia el otro lado charla con una mujer que le rebela quién es el asesino del tarot a quién todos andan buscando.

Sid Waterman (Woody Allen), más conocido como el mago Splendini, sube a Sandra Pransky (Scarlett Johansson) al escenario para hacer un truco y se le aparece el espíritu de Strombel diciéndole que investigue la noticia de que el adinerado Peter Layman (Huhg Jackman) es el asesino del tarot.

Sid y Sandra se unen para investigarlo y acuden a la piscina de un club de la alta sociedad londinense donde acude Peter, presentándose como padre e hija. Les invita a una fiesta privada en la mansión familiar, donde Sid hace trucos de cartas a los invitados y cotillea por las habitaciones mientras ella visita la mansión con Peter, estableciéndose una relación entre ellos.

Por la noche, Sid acude a jugar al póker con los amigos ricos de Peter, demostrando sus habilidades con los naipes:

  • Sid: Con mis primeras ganancias del póker conseguí entrar en Mercedes, era mi 1ª novia.

La relación entre Peter y sus investigadores sigue acercándose, y Sid sigue lanzando dardos sin parar:

  • Sid: Me crié en la confesión israelita, pero al hacerme mayor me convertí al narcisismo.

Sandra y Peter empiezan a salir y ella cree que le pedirá matrimonio:

  • Sid: Tu eres de una familia ortodoxa, ¿seguro que aceptarán a un asesino en serie?

Cuando van a la prensa, la policía coge al auténtico asesino confeso. La película finaliza de nuevo en el barco de Caronte, esta vez con Sid haciendo trucos de cartas a los que le acompañan en el viaje definitivo.

 

SI LA COSA FUNCIONA (Whatever works, 2009)

 

Boris Yellnikoff (Larry David), un pesimista, hipocondríaco e irónico hombre adulto de Nueva York nos introduce en una noria de comicidad y romanticismo al más puro estilo Allen. Comienza con un monólogo ante la cámara donde da rienda suelta a su negativa y ceniza visión de la vida, hasta que, llegando a casa, acoge a una joven sureña que ha llegado a la ciudad huyendo de su familia y buscándose la vida. Los continuos enredos unen a sus amistades con la madre (Patricia Clarkson) que llega en su busca, una vez separada de su padre, creando equívocos y situaciones muy cómicas.

La joven Melody Celestine, interpretada por Evan Rachel Wood, conoce a un chico que la lleva a su primer concierto en la ciudad que nunca duerme, una banda de rock llamada Anal Sphincter; su madre Marietta se convierte en una artista que vive con dos hombres a la vez; su padre (Ed Begley, jr.) deviene en un gay confeso; y ella, tras un tiempo de matrimonio con Boris se une a un joven actor (Henry Cavill) que vive en un barco.

El guión está repleto de frases delirantes y situaciones cómicas. Aquí van un par:

Boris y Melody estrenan su feliz matrimonio por NYC. Él da clases de ajedrez a niños y ella pasea perros. Un día va a buscarlo para volver pronto a casa y:

  • Melody: ¿Qué te pasa?
  • Boris: La úlcera me ha estado matando.
  • Melody: Pero si me dijiste que no tenías úlcera.
  • Boris: Te dije que no me la habían encontrado, no que no tenía.

Cuando su madre ya ha llegado a la ciudad y están comiendo en una terraza con su hija Melody, Boris y un amigo de este:

  • Marietta: Llévame a un sitio divertido.
  • Melody: Boris, ¿dónde la llevo que sea divertido?
  • Boris: ¿Al museo del holocausto?

Marietta intenta liar a Melody con un joven actor y está intentando convencer a su hija para que vaya a verlo:

  • Marietta: ¿cómo se quedó cojo?
  • Melody: Se tiró por la ventana y el suicidio no funcionó.

Boris y Melody están comprando en el mercado justo antes de volver a casa, y Boris diserta sobre su sentido religioso:

  • Boris: La esposa de Job es mi personaje favorito de la biblia porque elige la muerte antes que la servida aceptación como ese masoquista con el que se casó.

Cuando Melody le abandona, Boris vuelve a intentar suicidarse tirándose por la ventana, pero cae sobre una mujer que está paseando a su perro, y resulta que es una vidente (Helena), de la que se enamora:

  • Helena: Tienes una visión muy negativa de la raza humana
  • Boris: Han tenido que instalar retretes automáticos en los lavabos públicos porque no puedes confiar en que la gente tire de la cadena.

 

MEDIANOCHE EN PARÍS (Midnight in Paris, 2011)

 

Inez (Rachel McAdams) y Gil (Owen Wilson) están prometidos y acompañan a los padres de ella a París, donde Gil quisiera vivir, pero en los años 20, para conocer a todos sus ídolos. Él ha abandonado su trabajo como guionista en Hollywood para acometer su 1ª novela y quiere imbuirse del clasicismo y romanticismo de la ciudad.

Se encuentran con una pareja estadounidense, Paul (Michael Sheen) y Carol (Nina Arianda), que resultan pedantes y engolados, pero que son antiguos amigos de Inez y quedan para ir a todas partes. Gil no cuadra con ellos y busca cualquier excusa para irse. Una noche decide irse a caminar por la ciudad hasta perderse, y pasa un coche antiguo que le traslada al pasado, a esos añorados años 20. Allí conoce y trata a Scott Fitzgerald y su esposa Zelda, a Cole Porter, Ernest Hemingway, Luis Buñuel, Joséphine Baker, Pablo Picasso, Salvador Dalí, T.S. Eliot, Henri Matisse, Man Ray y a Gertrude Stein, que se convierte en su editora personal, cuya guía y opiniones convierten su novela en una obra notable.

Los contantes cambios de época, demostrando un amor ilimitado de Allen por París, van determinando la separación entre la pareja protagonista y el apego de Gil a la ciudad de las luces. Conoce a una joven vendedora de mercadillo llamada Gabrielle (Léa Seydoux) en el presente y a otra joven artista inspiradora de muchos artistas en el pasado llamada Adriana (Marion Cotillard) de las que queda prendado. Esta última sufre el mismo hipnotismo que Gil por el pasado, concretamente por la Belle Epoque parisina, hasta que una noche aparecen en el Maxim’s de finales del siglo XIX y conocen a Toulousse-Lautrec, Degas o Gauguin y ella decide quedarse allí.

  • Gil: La otra noche tuve un sueño. Una pesadilla en la que me quedaba sin Citromax, y entonces iba al dentista y él no tenía novocaína. ¿Me comprendes? Esa gente todavía no tiene antibióticos.

Él vuelve al presente y decide abandonar a Inez y quedarse en París para terminar y publicar su novela, dejando una gran postal amorosa hacia el pasado y el presente de Woody Allen, con un final tan esperanzador como iluminado.

La película logró 4 nominaciones a los Oscar, ganando el de Mejor guión original para el propio Allen, regalándonos algunas de sus escenas más divertidas e inspiradas, como:

  • Gil: Adriana, usted eleva a arte el concepto de groupie.

 

BLUE JASMINE (Blue Jasmine, 2013)

 

Jasmine (Cate Blanchett) es una neurótica divorciada neoyorkina que se va a casa de su hermana Ginger (Sally Hawkins) a San Francisco para pasar la mala racha. Estaba casada con Hal (Alec Baldwin) que era un chorizo de las finanzas, terminando suicidándose en la cárcel.

Recuerda cuando Ginger y su marido Augie (Andrew Dice Clay) les visitan en Manhattan:

  • Jasmine: Ufff, me agotan. Mañana lo dejaré todo, mi yoga, mi pilates…, y me tomaré el día libre.

En el viaje Ginger ve como Hal le pone los cuernos a su hermana. Destaca el contraste entre una hermana pija y elitista, y la otra inculta y con los pies en la tierra.

En San Francisco, Ginger está saliendo con Chili (Bobby Cannavale) tras separarse de Augie, y Jasmine establece relaciones con Dwight (Peter Sarsgaard), un diplomático que puede conservar su nivel de vida, hasta que todo se descubre. Él solo la quería para iniciar su carrera política y ella para volver a su vida irreal.

Cate Blanchett recibió multitud de premios por su actuación, incluido el Oscar a Mejor Actriz, y el guión puede considerarse el último realmente notable de la carrera de Allen.

 

LA MÚSICA EN EL CINE DE WOODY ALLEN

 

Todo el mundo conoce la pasión de Woody Allen por el jazz y la música clásica. Desde niño intentó convertirse en músico y, primero con el saxo y finalmente con el clarinete, se convirtió en un alumno aventajado. Esa pasión la ha llevado a su cine y, a partir de su 3ª película como director, recurrió a su extensa discografía para decorar las escenas que iba rodando, recurriendo al jazz para la mayoría de sus comedias y a la música clásica para la mayoría de sus dramas.

Músicos de la talla de Cole Porter, Louis Armstrong, Billie Holiday, Erroll Garner, Coleman Hawkins, Artie Shaw, Django Reinhardt, Duke Ellington, Lester Young, Benny Goodman, Billie Holiday, Tommy Dorsey o Jackie Gleason pasaron a formar parte de sus obras. Probaba canciones para cada una de las escenas hasta que quedaba satisfecho con la combinación, dejando un sello indeleble en sus trabajos.

Aunque quizás, el emblema por el que pasará a la historia posiblemente sea el trabajo de George Gershwin para “Manhattan” (1979). La Orquesta Filarmónica de Nueva York, bajo el mando de Zubin Mehta y la Orquesta Filarmónica de Buffalo con la dirección de Michael Tilson Thomas supieron dar la forma perfecta a la obra de Gershwin. La intro con “Rhapsody in blue” y los rascacielos, luminosos y calles de la ciudad al fondo son algo inolvidable.

Pasando a los dramas, la música clásica toma el protagonismo, recurriendo en multitud de ocasiones a sus compositores favoritos. Gustav Mahler, Franz Schubert, Giuseppe Verdi o Gaetano Donizetti aunque también incluye piezas de Beethoven, Wagner, Mozart o Boccherini. Pero su favorito es Johan Sebastian Bach del que aporta más composiciones en sus películas, aunque también incluyó varios temas del compositor alemán de principios de siglo XX Kurt Weill, más asociado al cabaret y las operetas, pero igualmente válido y adecuado para sus films.

Woody Allen ha conseguido que la música sea un personaje más dentro de sus películas. Quizás Quentin Tarantino haya sido el único director de cine que, alejado del cine musical, haya logrado darle una importancia capital a la banda sonora de sus trabajos.

 

SU OBRA FUERA DEL CINE

 

Su estreno viene de la mano de “Don’t drink the wáter” en 1966. La dirigió Stanley Prager y aparecían actores como Lou Jacobi, Tony Roberts, Donna Mills o Anita Gillette, aunque puede que la producción de Charles H. Joffe y Jack Rollins sea lo más significativo para el futuro en su carrera. En los años 90, el propio Allen dirigió una adaptación televisiva protagonizada por Michael J. Fox, aunque en 1969 Howard Morris ya lo había hecho con Jackie Gleason y Estelle Parsons como protagonistas.

Puede que la más conocida sea “Play it again, Sam”, estrenada en 1969 en Broadway con la dirección de Joseph Hardy y las actuaciones del propio Woody Allen, Diane Keaton, Tony Roberts y Jerry Lacy. Su éxito la llevó al cine, con Herbert Ross como director, aunque el propio Woody Allen adaptó el texto y la protagonizó. En España se han hecho varias adaptaciones a los escenarios, bajo el título “Aspirina para dos” o por el más conocido “Tócala otra vez, Sam”.

En 1981 apareció “The floating light bulb” que, pese a las buenas críticas, fue un fracaso de público. La dirigió Ulu Grosbard y la interpretaron Beatrice Arthur, Danny Aiello, Brian Backer y Jack Weston.

“Central Park West” se estrenó en NYC en 1995 y cuenta la relación de un matrimonio cuando la esposa se entera que el marido tiene una relación con otra mujer, que resulta ser mucho más joven. La dirigió Michael Blakemore y la protagonizaron Debra Monk, Linda Lavin, Paul Guifoyle, Gerry Becker y Tari T. Signor, y llegó a hacerse una adaptación española dirigida por Veronica Forqué bajo la traducción de “Adulterios”, con María Barranco, Miriam Díaz-Aroca, Fernando Acaso, Fermí Herrero y Paloma Bloyd en los papeles.

En 2004 se estrenó “A second hand memory”, dirigida por el propio Allen, con Dominic Chianese, Nicky Katt, Erica Leerhsen, Elizabeth Marvel y Michael McKean en los papeles protagonistas. Tuvo cierto éxito en el circuito Off-Broadway, aunque pasó sin pena ni gloria.

Hay varias más en las que aparece como autor, director o cuya obra se ha adaptado en otros países o a otros géneros, pero me gustaría destacar un libro que recopila muchos de sus relatos que, repletos de ingenio, ironía, sarcasmo y sentido del humor, dan una muestra clara del genio de Brooklyn. Estoy hablando de “Cuentos sin plumas” que engloba 3 de sus textos más lúcidos: “Cómo acabar de una vez por todas con la cultura” (1971), “Sin plumas” (1975) y “Perfiles” (1980).

En ellos podemos ver su clara admiración hacia el humor absurdo de los hermanos Marx o sus constantes referencias al nazismo, el judaísmo o el psicoanálisis. Textos tan absurdos como “El séptimo sello” (clara referencia a su adorado Ingmar Bergman), “Correspondencia”, “El conde Drácula” (genial invitación al vampiro durante un eclipse de sol) o “¡Viva Vargas!” dan muestra del genio e ingenio de su pluma en la 1ª parte de la obra. Otros como “Los personajes femeninos de Lovborg: una evaluación”, “La puta de Mensa” o la obra corta “Dios” (donde personajes clásicos griegos buscan el final adecuado para el éxito de la obra de teatro que van a representar: Diabetes y Hepatitis que contarán con la colaboración de un coro griego y Colitis y Triquinosis entre otros) alumbran la 2ª de las partes integrantes. Y para cerrar hay relatos como “Mi apología” que dejan clara la visión cómica de un tipo que, todos los días de manera  tradicional, se sienta ante su máquina de escribir para trabajar.

Para concluir podemos mencionar “Pura anarquía” que, en 2007, recopila hasta 18 de los relatos que publicó en la revista norteamericana The New Yorker.

Puede que estemos ante el último ejemplo de renacentista moderno, capaz de ser un genio en diversos artes y partes de la cultura popular. Director de cine, escritor, músico, actor, monologuista… quizás no seamos conscientes de lo que perderemos cuando ya no vivamos otro otoño con un estreno de Woody Allen.

 

 

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