Camille Preaker (Amy Adams) es una periodista de San Luis que ha sido enviada a su ciudad natal, Wind Gap, para cubrir el asesinato de una joven. El retorno de Camille al hogar de su infancia reabrirá viejas heridas y hará florecer traumas del pasado debido a la tensa relación que mantiene con su madre (Patricia Clarke). Nada en la ciudad de Wind Gap será lo que parece. El tórrido verano de la América rural es un lugar ideal para sacar a flote lo peor del ser humano. La fina frontera entre el bien y el mal se difumina a cada paso que nuestra protagonista va dando.

Los personajes femeninos toman el control de la serie, quedando los masculinos reducidos a meras comparsas, ellas son las protagonistas. Y se agradece. Los hombres somos demasiado obvios, las mujeres son siempre personajes mucho más atractivos, llenos de aristas y matices. De todo ello sabe bien Jean Marc Vallée, quien ya realizó un formidable retrato femenino en Big little lies. Es la hora de las mujeres, pero no de esa imagen estereotipada de mujer débil o víctima necesitada de la protección del macho de turno. Que nadie se lleve a engaño, en Sharp objects las mujeres no son siempre personaje positivos ni de una pieza. Sirva como ejemplo la protagonista, Camille, perfectamente encarnada por una Amy Adams sensacional, una mujer traumatizada que arrastra demasiados traumas y adicciones. A pesar del asfixiante calor, siempre viste de negro y manga larga. Qué demonios, una mujer que escucha Led Zeppelin en su coche mientras bebe hasta perder el conocimiento es una joya literaria. Hablando de Led Zeppelin, Sharp objects tiene una magnífica y variada banda sonora. No menos complejo es el personaje de la madre, Adora, una mujer poderosa que viene a ser el adalid de la corrección política y las buenas maneras. Todo en ella es tan decadente y caduco que no podemos evitar sentir fascinación y repulsa a partes iguales. No podemos olvidarnos del otro personaje femenino que forma parte del triángulo de mujeres protagonistas: Amma, la hermanastra de Camille. Eliza Scanlen interpreta a esta joven adolescente que tiene dos caras y muestra siempre la que más le conviene según sea su interlocutor.

El insano ambiente de la serie (esa tensa calma que parece que va a explotar de un momento a otro) me pareció muy logrado así como el agobiante ambiente familiar en la casa de la protagonista. Lo políticamente correcto esconde turbios secretos que iremos descubriendo a lo largo de estos 8 escabrosos episodios. He de reconocer que en algún momento la serie pierde el ritmo y aburre un poco, quizás con 6 episodios hubiera sido suficiente, pero el resultado final bien vale el esfuerzo.

Sharp Objects tiene un final memorable en el que todas las piezas encajan y la redime de sus fallos de ritmo para convertirla en una de las series del año.

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