Parejas Vivas: Brenda y Talco

Publicado el 27/04/2018 | por admin | En Papel, Especiales

– Mira, Brenda, yo te querría desde los cuatro puntos cardinales, norte, sur, este y oeste,
pero no sé qué me pasa, cielo, estoy como nublado, o con mucho viento, o de noche, sí,
quizá estoy como de noche, oscuro y medio perdido.

– Talco, llevas poniéndome excusas tontas desde hace más de tres años… vamos a ver,
¿tú me quieres o no?

– Yo creo que en general sí, en general te quiero, Brenda.

– En general ¿cuánto? ¿mucho, poco, a ratos, depende, según, sin en cambio?

– En general bastante, Brenda.

– ¿Un bastante más bien mucho o más bien poco o un bastante bastante?

– Mujer, un bastante bastante sí, yo te diría que tirando a más, pero en general
te quiero bastante.

– A ver, ¿querrías vivir conmigo?

– Brenda, siempre lo mismo. ¿Vivir de vivir, juntos, todos los días?

– Eso.

– Así vivir vivir… yo creo que podríamos vivir juntos en general, no sé, algo así como empezar
a vivir juntos, de cuando en cuando.

– Pero Talco, si llevamos dos años viviendo juntos en general, de cuando en cuando.

– Ya, pero si te fijas, en general cada vez vivimos más juntos.

– Sí, hace un año que los martes comemos juntos, eso ya es más juntos que antes.

– Mujer, dicho así… no es la comida de los martes, es que en general cada vez vivimos más
juntos. No sé, en general compartimos más cosas, como que nos vamos conociendo más.

– En general.

– Sí, en general. Yo te querría desde los cuatro puntos cardinales, Brenda, norte, sur, este y
oeste, desde el mar, desde el cielo, desde los fiordos noruegos, desde todas partes, cari,
pero no sé qué tengo, es como una indecisión, como una incertidumbre, algo que no me
deja encontrarme, que no me deja ser yo mismo.

– Ya, en general.

– Sí, eso, tú lo has dicho, en general, ¿ves como nos vamos conociendo cada vez más?

 

A veces, la vida es dura e imperiosa como una compulsiva enfermedad, que hasta puede matar
de agotamiento. Otras veces, en cambio, es blanda y sumisa como la más obediente de las novicias
del convento de Santa Nona. Hay de todo, claro.

 

 

por Narciso de Alfonso

 

 

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