El dinero manda. El éxito, al menos en taquilla, de John Wick hizo que una segunda entrega no tardara mucho en llegar. Una vez más tenemos al gélido Keanu Reeves interpretando (es un decir) al frío asesino John Wick. Esta vez la premisa para devolver a Wick a la acción es de lo más forzado que recuerdo. Me saco un villano de la manga como por arte de magia y que siga la orgía de disparos a quemarropa. Aquí solamente interesan las escenas de acción. ¿Que todo resulta forzado y se le ven las costuras a la trama? ¿Que el retrato psicológico de los personajes parece propio de una obra de primero de infantil? Da lo mismo. Esta vez todo va un poquito más allá. Más violencia, más escenas de acción y más sangre. Pero John Wick 2 no alcanza el nivel de entretenimiento de su predecesora. Se ha perdido el factor sorpresa mientras la mitología presentada en la primera no se desarrolla. Reconozco que la escena inicial en el garaje me gustó y algún tiroteo estuvo francamente bien, pero en general el film repite los errores de su predecesora y ni siquiera iguala ninguna de sus virtudes. Que alguna tenía. Chad Stahelski dirige en solitario esta segunda entrega y se muestra como un tipo muy hábil rodando escenas de acción y bastante flojo en las escenas de relleno.

Esta historia me resultó del todo inverosímil por mucho que estemos hablando de cine de evasión. Parece ser que el mundo está lleno de asesinos a sueldo camuflados por las calles. Peor aún, nadie parece inmutarse cuando se produce un tiroteo en un lugar público. Como era de esperar, la policía no hace acto de aparición en toda la película. John Wick 2 se limita a repetir esquemas y le falta esa mala baba o esa ironía que ya se echaban de menos en la primera entrega. Más allá de las estilizadas escenas de acción no hay nada, un absoluto vacío narrativo. Una pena, la cosa prometía.

En este despropósito solamente acto para adictos a la adrenalina hasta aparece un recuperado Laurence Fishburne para reencontrarse con Keanu Reeves casi 20 años después de Matrix. Lamentablemente, ninguno de los dos ha mejorado como actor en todos estos años. El cine de acción tampoco. Es más estilizado y espectacular, pero le falta conexión con el espectador. Lo peor de todo es un inverosímil final que evidencia que todo esto va a acabar en una trilogía. Que nadie se haga ilusiones.

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