A pesar de provenir de San Petersburgo, Oleg Gitaracula (guitarra) y Svetlana Zombierella (bajo) son amantes de la serie z y el cine más psicodélico del otro lado del telón de acero. Su pose gélida era lo único que nos indicaba su procedencia geográfica. Por suerte el chileno-germano Dr. Boris (batería) tiene la sangre bastante más caliente y fue quien más conectó con el público.  Debo reconocer que, a priori, Messer chups me parecía una propuesta arriesgada a la hora de presentarla en directo durante hora y media. El repertorio de Messer chups, formado casi exclusivamente por instrumentales, podría resultar cargante o tedioso si no eres un auténtico fan del surf. Por suerte, la cosa no fue así. Messer Chups se las apañan fenomenalmente para ahuyentar el tedio.

Su directo es potente a base de trallazos directos que no sobrepasan los 3 minutos. En la pantalla de cine del escenario se proyectaban escenas de películas de serie Z y pulp. Entre vampiros, monstruos y strip teases, sus temas instrumentales encuentran el acompañamiento ideal. Sonaron grandes temas de aire retro que podrían sonar en cualquier película de Tarantino como Insomnia of the mummies, Chupacabra twist o They call me zombie. Incluso hubo hueco a homenajes a temas de sobra conocidos como Popcorn (Popcorno Revenge), Peter Gunn, The Munsters theme, James Bond  o Twin Peaks. El sonido del trío fue potente y nítido. Del conjunto destaca la omnipresente guitarra de Oleg Gitaracula, quien lleva el peso de la actuación a base de reverb. El tipo no es la alegría de la huerta pero es un músico consumado que domina la técnica a la perfección. Por su parte, Zombierella cumple a las cuatro cuerdas de su bajo Danelectro Longhorn aunque se muestra demasiado fría y distante con el respetable. Un claro contraste con la imagen promocional del grupo (pura sexploitation). Seamos claros, Zombierella personifica esa inalcanzable femme fatale (con pinta de Pin up a lo Bettie Page) que sirve de reclamo promocional pero en directo le falta carisma. Un poco más de empatía con el respetable nunca hace daño, quizás con una sonrisa hubiera sido suficiente. Todo lo contrario que Dr Boris, quien desde la batería nos amenizó la velada mientras nos presentaba los temas y pedía más chupitos de whisky y tequila.

Al final quedó claro que el surf y los monstruos forman una pareja a la que todavía le queda mucha vida. Así lo entienden Messer chups y el público que los disfrutó de lo lindo.

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