Toundra-IVHasta III, Toundra siguieron una trayectoria estilística lo suficientemente lineal como para no sólo no decepcionar, sino incrementar seguidores y reputación hasta el punto de participar en los festivales más multitudinarios y dejar con la boca abierta a parte del extranjero. Quizá la salida de Victor y su sustitución por parte de Macón (ex Adrift, El Páramo) ha tenido algo que ver, o simplemente, la banda se ha visto en la apropiada posición de hacerlo, pero en suenan en IV notablemente distintos.

Se mantienen las premisas básicas, pues si no, no serían tan fáciles de identificar: música instrumental repleta de influencias de todo tipo, desarrollos largos, ágiles, ricos en giros, y el sonido de la percusión y la distorsión por tuétano. Sin embargo, la banda se recrea esta vez en lo ambiental. Los intensos estallidos eléctricos que tan bien les han funcionado hasta ahora son menos frecuentes, y caen como truenos sobre composiciones que suenan a naturaleza, a paisaje. Los cortes están llenos de tramos muy floydianos que en ocasiones sorprenden por su considerable elaboración, sin dejar de lado una sensación de improvisación y espontaneidad fruto del instinto.

Toundra siguen haciendo magia con pedales y arpegios sencillos. Con poco, hacen mucho; por ello, cautivan. El arranque es encomiable y definitorio: «Strelka» y «Quarqom» son un organizado mosaico de lo mencionado, una fotografía de los Toundra del 2015, más ambientales y elegantes, revestidos de una producción acorde a la velocidad de su crecimiento. IV suena fenomenal, a medida de un equipo de calidad, y todo este primer conjunto de pasajes claroscuros, de guitarras desdobladas y de melodías atmosféricas lo atestiguan.

IV cuenta con dos canciones más que su antecesor, ocho en total; entre ellas, «Lluvia», un interludio que se hace largo, un tropiezo que no llega a accidente. También choca con lo preconcebido «Viesca», con un crescendo que termina en pasaje propio de película familiar. Son quizá estas dos piezas las que le resten los puntos de brevedad e intensidad que tenían sus anteriores trabajos, lo que sumado al añadido ambiental, lo hacen menos directo, más requeridor de escuchas.

Hay pocas bandas que hagan un rock instrumental tan dinámico y colorido. Canciones como «Belenos» o «Kitsune» tienen tantas capas e influencias que se podrían dividir en tres independientes. No cuesta dejarse embelesar. Van al grano. Dieron con la fórmula que aúna matices, ingredientes y elaboración compleja con ritmo constante y falta de espesor. Ni aburren ni empalagan. En IV, fascinan, divierten y emocionan con una propuesta más espiritual tan intensa como se espera de ellos.


Os recordamos que la banda presentará este nuevo trabajo en un conjunto de con conciertos especiales que llevamos días anunciando.

TOUNDRA – IV: para dejarse hechizar

by: Edgar

by: Edgar

A la música le dedico la mayor parte de mi tiempo pero, aunque el rock me apasiona desde que recuerdo, no vivo sin cine ni series de televisión. Soy ingeniero informático y, cuando tengo un hueco, escribo sobre mis vicios. Tres nombres: Pink Floyd, Led Zeppelin y Bruce Springsteen.

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