La realidad es un espacio abierto atravesado por el presente, el pasado y el futuro, en el que confluyen distintas tensiones, algunas de las cuales pinchan el glucocálix de la conciencia, y ese no decir necesario que tiende a disolverse en el olvido, pasa a formar parte de unas tuberías que circulan por todo el entramado de las ciudades llenándose de lo peor de cada ciudadano. Lo que nos vuelve irascibles y deseosos del infortunio ajeno. Tensiones que reordenan interminablemente un presente que deja a su paso por la línea del tiempo los escombros acumulados, esa parte de la historia que no sale en los libros de historia.

La realidad es un colibrí suspendido cuyo pico pinta ondas que se expanden en el río de la eternidad como esas gotas de lluvia, xilófono definitivo. Y cada onda es un suceso superpuesto a otros sucesos adyacentes. Algo bueno y algo malo puede estar pasando a la vez a pocos metros de distancia en distintos tiempos que son uno.

La realidad se suele confundir con la verdad, o con la vida. Pero es como una foto sin márgenes en la que cabe todo, incluso la verdad y su mentira. Incluso la vida. Tiene varias capas que tapan otras realidades. Falsedades que ocultan, a su vez, lo real; más profundas e invisibles para cualquiera que no se lo pregunte. Cuántos muertos ignorados, desposeídos de su yo entre esas vetas escondidas.

En la realidad nos sumergimos lentamente como en esos espás burbujeantes que alteran la materia y la atemperan hacia la sincronía de un reloj inconmensurable que nos vuelve pequeñas ruedecitas dentadas, unidas por fricción, trabajando al unísono para que el tiempo pase en un color determinado.

Como operación delicada que es, los poetas comienzan a roer la realidad con tal delicadeza e inocencia que nadie, juraría, creería que eso es lo que sucede. Se desmontan los mecanismos del pensamiento, la orfebrería mental se desvanece. La realidad se aleja del corazón.

Otra manera de verlo. El mundo se aleja de los hombres porque el mundo los sobrepasa en inteligencia, veut dire: la Tierra piensa. Y nosotros lloramos debajo de nuestro nombre agitando los pañuelos en la noche y barcos sedientos de realidad bailan entonces con nosotros. Y le rendimos diosa, el gran homenaje, el mayor asombro, el bostezo.

 

 

by: Angel

by: Angel

Melómano desde antes de nacer, me divierto traduciendo canciones y poesía. Me gusta escribir. Soy un eterno aprendiz y bebo de casi todos estilos musicales, pero con el buen rock alternativo me derrito.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Últimas entradas

Últimos comentarios

Te puede interesar

Merodeando a la cárcel de fuera

Merodeando a la cárcel de fuera

Es inverosímil que pueda escribir estas palabras merodeando a la cárcel de fuera, ese lugar al margen de la sociedad que no entiende de patrias y descansa en el abismo repleto de sondas buscando a Dios y al misterio de la vida con más empeño que los que malviven...

merodeando al teléfono del Universo

merodeando al teléfono del Universo

El teléfono del universo está deseando tener nuevos oyentes. Primero espera a que el bulto de la desesperación de agrande en soledad, para así estar más dispuesto a coger esa llamada. Una llamada que inicia la conversación interminable de tu vida. La ramificación...

merodeando al señor de las intenciones

merodeando al señor de las intenciones

Al señor de las intenciones le molestan las malas intenciones. Por eso es él el que las crea a su beneficio, para así, nunca tener nada que ver en el asunto, en los asuntos de esta vida triste en espiral que nos rodea. Seguramente en su día metió la pata, y se le fue...

merodeando a los obispos de la vida

merodeando a los obispos de la vida

Los obispos de la vida van por el run con la cabeza más alta que los demás, sin saber que tener la cabeza alta es otra cosa bien distinta, que cada fallo es una elevación. La vida se ejerce en libertad, con aciertos, pero también con errores, con zancadillas que...

lo que soy

lo que soy

No soy soldado de nadie, soy mi propio soldado, jinete de mí zarandeado sin excusas. El valor de unas decisiones arriesgadas entre la neblina de mi pensamiento reordenándose a cada instante en una vanguardia ficticia creada por un instigador engreído sin esperanza....