Durante el sueño, sedado,
participo en diversos teatrillos
que pretenden confundirme
mientras ven mis reacciones.
Solo, sin garantías, rodeado de desesperanza,
mueven mi centro en todas direcciones
volviendo por su inercia al mismo punto.
Le toco el culo a una de ellas
que dice a su compañero
disfrazado de médico: déjame en paz
—riéndose.
Soltaron toda mi tristeza acumulada
y al despertar aún dolía el corazón.
Así tenemos que hacer al siguiente.
La polla ha estado en mi culo
toda la vida, pero no en la boca,
esa es la puerta de salida.
Después, enfadados, gritándome:
recuerda que eres un producto
de laboratorio.
Pero yo soy y he sido mis decisiones.



















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