Durante el sueño, sedado,
participo en diversos teatrillos
que pretenden confundirme
mientras ven mis reacciones.
Le toco el culo a una de ellas
que dice a su compañero
disfrazado de médico: déjame en paz
—riéndose.
Así tenemos que hacer al siguiente.
La polla ha estado en mi culo
toda la vida, pero no en la boca,
esa es la puerta de salida.
Después, enfadados, gritándome:
recuerda que eres un producto
de laboratorio.
Pero yo soy y he sido mis decisiones.




















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