Me resultan muy curiosos los tarotistas, con su entrañable obediencia ciega, allá, apoyados en la valla justo antes de que alguien se meta, esa valla sin puertas de salida.

Un tarotista siempre sabe lo que tienes que pensar por ti mismo. Te mantiene flotando con su intención. Una intención individual que no es aleatoria pero que es aleatoria, y contribuye al asunto para que nadie se dé cuen. Para que todos no nos demos cuen a la vez.

Contribuyen a lo distinto pero anulando lo extravagante, nos dicen lo que somos, lo que son otros, lo que pensamos y lo que piensan los demás, con esa dulzura trágica de quien cree que colabora en la preservación del Samsara vestido de Dios.

Están acostumbrados a leer las estrellas, todas, pero hace mucho que dejaron de observar la suya, que se ha quedado triste, sola, apartada en un mundo desconocido y cruel porque prefirieron antes sacarse los garbanzos, que la cosa está muy chunga. Lo siento, tengo que tranquilizarme.

Con los tarotistas ya no seremos, ya no, nunca más. El zapato negro en el que vivíamos como un pie durante 30 años, tontos y crédulos, osando apenas respirar o hacer atchís. En fin. Nuestra cabeza en ese Atlántico extravagante, donde el verde se vierte sobre el azul en las aguas del hermoso Nauset, nos hacía rezar para recuperarnos. Atchís…

Pero ellos nos vuelven a pegar con cola, nos ponen purpurina en nuestro pijama, y nos dejan durmiendo, soñando sueños que supuran un delicioso olor a nada, dentro de nuestra nada, en medio de la nada.

Y nosotros no queríamos ganar, solo conquistarnos.

 

by: Angel

by: Angel

Melómano desde antes de nacer, me divierto traduciendo canciones y poesía. Me gusta escribir. Soy un eterno aprendiz y bebo de casi todos estilos musicales, pero con el buen rock alternativo me derrito.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Últimas entradas

Últimos comentarios

Te puede interesar

somos como somos

somos como somos

Hace muchos años, comiendo en un restaurante con mis padres no pude evitar observar a unos comensales que había a mi lado. Eran unos padres con su hijo y la nuera que, entristecida, escuchaba sin comprender lo que yo entendía. Cómo se comunicaban entre ellos en...

lo que soy

lo que soy

No soy soldado de nadie, soy mi propio soldado, jinete de mí zarandeado sin excusas. El valor de unas decisiones arriesgadas entre la neblina de mi pensamiento reordenándose a cada instante en una vanguardia ficticia creada por un instigador engreído sin esperanza....

mi sol

mi sol

Nací en una cárcel del destino, y a medida que pasaba el tiempo, cambiaban mi ser a una celda de castigo cada vez peor. Un destello de sol, de vez en cuando. Existe la suerte, pero mi soledad es estudiada está hecha de límites. Estoy desarrollado en la inmovilización...

reencuentro

reencuentro

Un buen jinete sabe que su caballo obedece por acuerdo, pero algunos pacen como caballos solos viviendo en un establo universal temerosos de Dios, sin el viento en la cara, ni el agua fresca del río en los pies. Y dentro de ese establo se cruzan distraídos, familias...