Toda una generación ha bailado pegado, como se decía en aquellos años, al son de “Killing Me Softly with his song” y hasta podría asegurar que más de uno, aún mas joven habrá sido engrendrado fruto de una noche de amor de sus padres llevados a la lujuria a causa de la voz aterciopelada de Roberta Flack.
Cantante y pianista extraordinaria que merece ser recordada por una carrera algo eclipsada por el inmenso éxito de su versión de Killing me softly with his song, compuesta por los músicos Charles Fox y Norman Gimbel. Se convirtió en el número uno de la lista de éxitos de medio mundo. Flack comenzó su mundo musical como pianista clásica, y su carrera discográfica despegó cuando el músico de Jazz Les McCann la escuchó y la vio cantando en un club.
Su primer éxito llegó con The first time ever I saw your face, de Ewan MacColl, que se utilizó en una tórrida escena de amor en la película de Clint Eastwood; Play Misty For Me … Película, por cierto, que debería redescubrir cualquier amante de Eastwood.
Sobre “Killing Me Softly” cancion que cambio para siempre la vida y trayectoria musical de Roberta, cuenta que la escuchó por primera vez en 1971 mientras viajaba en avión cantada por Lori Lieberman y que enseguida sintió la necesitad de hacerla suya, por lo que llamó a su gran amigo y maestro Quincy Jones para poder llegar a tales fines.
Roberta fue gran amiga de Donny Hathaway y Miles Davis, lamentablemente sólo hizo un disco junto a Donny, otra grande de la música Soul.
Tuve la suerte de verla el mismo día que vi a Isaac Hayes, un doble cartel para la memoria de dos enormes artistas. Ahora, Roberta Flack ya puede cantar a los ángeles aquello de:
«Strumming my pain with his fingers
Singing my life with his words
Killing me softly with his song
Killing me softly with his song
Telling my whole life with his words
Killing me softly with his song…«
Killing Me Softly With His Song
Rozando mi dolor con sus dedos,
entonando mi vida con sus palabras,
matándome delicadamente con su canción,
matándome delicadamente con su canción,
contando mi vida con sus palabras,
matándome delicadamente con su canción.
Oí que cantaba una canción
que tenía estilo
y entonces acudí para verle,
para escuchar un rato
y allí estaba,
joven y desconocido
para mis ojos.
Rozando mi dolor con sus dedos,
entonando mi vida con sus palabras,
matándome delicadamente con su canción,
matándome delicadamente con su canción,
contando mi vida con sus palabras,
matándome delicadamente con su canción.
Me sentí ruborizada,
como con fiebre,
avergonzada por la multitud.
Sentí que había encontrado mis cartas
y leía cada una, en voz alta.
Rogué para que acabase,
pero se mantuvo fiel
a la realidad.
Rozando mi dolor con sus dedos,
entonando mi vida con sus palabras,
matándome delicadamente con su canción,
matándome delicadamente con su canción,
contando mi vida con sus palabras,
matándome delicadamente con su canción.
Cantó como si me conociese
en toda mi oscura desesperación,
después, miró a través de mí
como si no estuviese
y siguió cantando,
cantando fuerte y claro.
Rozando mi dolor con sus dedos,
entonando mi vida con sus palabras,
matándome delicadamente con su canción,
matándome delicadamente con su canción,
contando mi vida con sus palabras,
matándome delicadamente con su canción.
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