Quiéreme, mientras me quiero
y no me quiero; con ilusión
cuando me voy y vuelvo.
Quiéreme absorto, dolido
o contento, pero quiéreme
sin condiciones, ni tropiezos
como si el amor fuera nuestro.

Quiéreme, mientras me quiero
y no me quiero; con ilusión
cuando me voy y vuelvo.
Quiéreme absorto, dolido
o contento, pero quiéreme
sin condiciones, ni tropiezos
como si el amor fuera nuestro.

¿Será verdad que esto es verdad? se preguntan los intelectuales. Porque también se sangra intelectualmente. La sangre sale por los oídos, por la nariz, por los ojos, por la boca. Algo que nos hace tender a callarnos y comprender antes de que lo haga el corazón, con la...
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