Imagina la vida sin el hombre; ninguna especie en movimiento. Las estrellas penden del vacío emitiendo la luz de su silencio; las flores se aferran a la tierra dejando el aroma de su pensamiento; el mar sin memoria, el viento sin discurso. Solo las hojas con su nerviosa rotación y desasimiento.
Esta imagen bien podría ser nuestro mundo dentro de varias generaciones. Y no me gusta ser alarmista, pero intuyo que nos quieren ramificados neuronalmente hacia el absurdo. Hoy he visto una noticia, en la que se presentaba una plataforma de libros que han sido creados por inteligencia artificial. Algo que me parece la primera puerta al infierno futuro que nos espera; o que espera a quienes se dejen llevar por esta iniciativa.
La literatura nace de las personas; concretamente de su ser. Algo de lo que carecen las máquinas. Aun dando ventaja a la IA, y empapándola de todo el saber desde los inicios de la escritura, será imposible crear un libro que diga algo nuevo. Esto no serviría más que para dar vueltas a lo mismo siempre. Convirtiéndonos en loritos intelectuales que repiten y repiten una y otra vez las mismas conclusiones.
El arte surge de la experiencia del roce de las almas con el tiempo. Ese choque contra la valla del tiempo desnudo, el que no contiene ningún espacio, el que siempre ha sido sin comenzar nunca, es el que produce la filosofía que puebla las páginas de toda la literatura clásica y actual. Después de ese contacto, dice Larkin, nos volvemos ganado viejo. Electrizantes límites para una mayor conciencia.
A una máquina nunca le dolerá el tiempo en su glándula endocrínica, porque carece de ella. De sus entrañas nunca surgirá el leopardo entre dos robles, que diría el bueno de Vallejo. Si acaso, se volverá una especie de memoria gigante a la que acudir en caso necesario. Pero como herramienta de creación, será nula; puesto que la máquina no tiene emociones, no procesa con el corazón, que es otro cerebro.
Habrá que ser exigentes como lectores, como el que va a por el pan recién hecho en una mañana fresca y primaveral. Rechazando los subproductos de los que cada vez estamos más rodeados.
En caso contrario, cada libro creado por IA, se convertirá en un repetidor de ideas ya creadas. Como un espejo frente a otro que revela la misma imagen hasta el infinito; cerrándose así ese círculo. Como una cárcel de la que es imposible salir en la que adquirimos comodidad, y desde la que seguiríamos consumiendo y acumulando propiedades.
Todos hemos tenido crisis existenciales a una edad temprana o más tarde. Y para eso están los libros escritos por el hombre. Pero las manos del hombre amargan al hombre, se estrechan como un litoral abandonado. Por lo tanto, sal lo más pronto posible de este tipo de literatura, y no te hagas ilusiones, que diría Larkin. Aunque Bukowski te avisa de lo que te pasaría si escapas. Los pocos diferentes serán eliminados deprisa por la policía, sus madres, sus hermanos y otros por sí mismos. Lo que queda es lo que ves. Es duro, pero es así.
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