Aprovechando que tenemos a un artista del muy al sur, a caballo entre la Línea de la Concepción, provincia de Cádiz, y Jerez de la Frontera, quiero aprovechar este humilde atril para mandar un abrazo fuerte a los currelas del metal, que han demostrado tener dos cojones a la hora de reivindicar lo que es suyo. No tiene que ver con la música, pero al final todo está conectado. Sin un trabajo decente, no se come, y si no se come, pocas ganas quedan de cultura. Un, dos, tres… ¡Melodrama!

 

 

En el olvido. Empieza leñero. Un bajo que se ha convertido en la piedra angular, una batería que emula un bit de música electrónica, y unas guitarras con apariciones puntuales en forma de punteos, todo envuelto en unos teclados que crean una atmósfera digna de pelis como Tron. Yendo a la música estrictamente, es como el Bitter End, de Placebo, con la mala leche de Incendiario, de los donostiarras Correos y el Moskau, de Rammstein.

Desastre. Igual se me está yendo la flapa, pero tiene un aura yeyé. Es una especie de yeyé oscuro, como si los Duncan Dhu de Cien gaviotas (La versión del Reno Renardo mola más) se hubieran pasado dos meses encerrados en un sótano escuchando en bucle Would?, de Alice in Chains. Tiene ese aura macarrilla de bandas como Kinky Boys, como el Horror en el supermercado, de Alaska y los Pegamoides. El caso es que, a medida que la cribo una y otra vez, le veo un aire más rocker, a lo Faraones, o Tennessee. Espíritu punk en un fogonazo de minuto y medio con estribillos poderosos.

 

 

Náufrago. Un bajo acojonante, una batería tirando de redoble de caja y una guitarra que crea una atmosfera oscura, replicante, a lo Nine Inch Nails. El estribillo es como si se hiciera la luz, tirones amplios de púa con la guitarra que sacan mucha furia rockera, como los Kortatu de En la línea del frente.

Marchitando amores. Me flipa este tipo de power pop, de electro rock o como quiera etiquetarse. Ese bajo que es una apisonadora, llevando el hilo, si me apuras más que la batería. Es la batería la que se acopla a la línea de bajo, grave y potente como el martillo de Thor. La sala de máquinas tiene ese aire a U2 en New Year’s Day, no es metal destroyer, pero sí que tiene esa fuerza que se me concentra en la boca del estómago y me dan ganas de gritar Nada de nada / de ti no queda nada. Cómo me gustaría tocar el bajo sólo para tocar en directo esta, y hacerle los coros al Chico Melodrama. Cantar, ni a muerto, pero gritar… no hay una cabra en la Unión Europea que no vuelva la cabeza cuando voceo.

 

 

Cumpleaños. Esta es la canción más Zoo! del disco. Vale que Rubén, el Chico Melodrama, es el bajo de los Zoo!, y al final tantas horas de local de ensayo tiene que influir, sobre todo en los estribillos, pero ha sabido acercarse sin fotocopiar. Es más, yo hubiera puesto a Josemari Conejo, el frontman de los Zoo!, a hacer los coros.

Buscando un melodrama. Voy a hacer lo que mejor se me da: hablar sin saber. Me suena a rumba, a seguidilla, casi a tango. Una vez que tiene la estructura, le pone sus ingredientes, la batería como refuerzo, el bajo como viga maestra, esos teclados… y todo desemboca en un estribillo charanguero, digno del cántico con el que salía el pueblo a la calle en Bienvenido, Mr. Marshall. Sé lo que quiero decir, pero no tengo ni idea de lo que digo, ¿me explico?

 

 

Nuevo amor. Está entre el Wonderwall, de Oasis, al principio, y el Precious, de unos Depeche Mode que en teoría no me deberían gustar, pero me flipan. Siempre he pensado que Gahan es un rockero que hace máquina. Por esa misma ley de tres, Chico Melodrama es un punk-rocker que hace electro-pop-rock. Y me quedo tan ancho, ni me he despeinado siquiera.

Bar Sevilla. Dos minutos experimentales en plan sesión replicante a altas horas de la madrugada con un theremín y una experimentación indocumentada con algunas sustancias. Seguro que no pasó así, pero si escuchas la canción mientras lees esto, casi ves hasta el sótano donde se grabó.

Chica vintage. ¡Qué pena! Se me está escapando entre los dedos… con esos acordes del Something in the way, de los Nirvana, que tiene una atmosfera de We Are All Made of Stars, de Moby (otro que no me debería molar, pero es la hostia). Fuera de la base instrumental, una voz rockera, macarrilla, pasota, como cuando Almodóvar cantaba con McNamara. No sé exactamente en que, tal vez en la pose, pero tiene algo de La Movida (ojo, tiene algo de lo bueno. De estos inconformistas que hacen anuncios para bancos no quiero saber nada). Mientras berrea un estribillo que podría ser una alegoría de las experiencias con drogas, veo la base del Anna Molly, de Incubus, esbozada con trazo fino y borroso hasta el decrescendo final.

Para los que os guste el rock, tenéis que probar este tipo de sonidos. Enlaces del artista.

 

Bandcamp https://chicomelodrama.bandcamp.com

Spotify https://open.spotify.com/artist/70QENJE9x5ykrsDgJEDIND?si=A0ciAOdWSiWks_Dcxz193Q

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Instagram https://www.instagram.com/chicomelodrama/?hl=es

Chico Melodrama – Algo Para Recordar

by: Teodoro Balmaseda

by: Teodoro Balmaseda

Si te gustan mis reseñas, también escribo novelas. Cadelarias de la Virgen

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