Opinión

NIÑA COYOTE ETA CHICO TORNADO – AITZSTAR

Lo mejor, o una de las mejores cosas que tiene el rock en particular o la música en general es que no es una ciencia exacta. Puedes tener a los mejores instrumentistas del mundo y sin embargo armar un proyecto que no despega, mientras el proyecto del chavalín que monta el escenario es un misil total. Puedes hacer un disco profundo y enrevesado que no enganche o hacer una tontadita graciosa que no te la puedas quitar de la cabeza. Cuando vi por primera vez el planteamiento de Niña Coyote eta Chico Tornado, la niña a la batería y el chico a la guitarra y voz, pensé: “¿Algo tan austero se va a sostener?”. Pues sí, se sostiene, se sostiene, pero claro, tirando de una gran composición que hace que lo tararees casi sin querer.

 

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Errautsak. Qué difícil va a ser no tirar de referencia continua a The White Stripes. Yo lo intento, pero es que se parecen mucho. Mismo organigrama, sonido parecido… hasta transmiten ese puntito psicodélico en los punteos o la forma de cantar. El caso es que empiezan con una batería monolítica, bombo y caja bien espaciados, tirando de plato grande en vez de charles (nota a observar: bombo sencillo y batería tocando con los brazos abiertos, fuerza garantizada) y una guitarra en un par de acordes. La canción más difícil técnicamente no siempre es la mejor, y esto es un ejemplo. A medida que entramos en harina, hay efectos, pero no dejamos de recurrir al cabeceo, hasta por debajo de las voces. Me activa una cosa mala en el cerebro, como lo hacían canciones como There’s No Home for You Here, de los mencionados The White Stripes. One, two, three… Rock!

 

 

Cabezacuvo. Me encanta esta batería. Ni dobles bombos ni gaitas. Bombo y caja a medio tempo y buenos trallazos a los platos, pura contundencia. Lo más parecido a la palabra solemnidad que puede estar una percusionista. Tienen un momento Led Zeppelin, con una arrancada a lo Rock and Roll, con la guitarra emulando al bajo revienta púas de John Paul Jones con las cuerdas más graves.

Azeri eta Herio. Ahora sí que tenemos charles por un tubo, intercambiándolo con buenos peñazos a los platos marca de la casa. La guitarra recuerda un poco a The Smashing Pumpkins en el puente de Zero, justo antes del estribillo. Una guitarra más pesada, más machacona, emulando a en los estribillos un bajo contundente, llevándose los estribillos a una especie de power pop a lo The Strokes, pero la misma esencia de rock genuino.

Jungle Tornado. He pensado en el comienzo de One, de MetallicA, en el This is the end de The Doors, con la barcaza abriéndose paso por la inhóspita jungla del Vietnam, pero era un espejismo. Úrsula saca un ritmo parecido a las estrofas de Jet Pilot de System of a Down, que se intercambia con un poderoso decrescendo guitarrero. Esto huele bien, huele muy bien.

Backintown. ¡Lo necesitábamos! Menos contundencia y más velocidad desde la línea defensiva de Úrsula y desparrame total de Koldo, que no sé por qué —¿será el idioma?—, pero me trae a la mente a Gorka, de Berri Txarrak (los estilos son diferentes, pero cierto rollo en el tono de voz…). Si supiera algo de música, me gustaría tocar el bajo en un misil como esta. Dos minutos a todo trapo.

Metl. Esta tiene un rollo más trash. Podría ser de unos MetallicA en el Load, de unos Black Sabbath… hasta de unos Judas Priest si me apuras. Una guitarra muy grave, mucho más oscura. Esta es el tipo de canción que le jodió las cervicales a Newsted. Úrsula, como siempre, quirúrgica, mete los platos perfectos para que la canción pueda despegar con un rollo entre el Space Oddity de Bowie y el Space Lab de los Krafktwerk, para volver a un rock contundente y oscuro.

Geroa. A esta le veo un rollo más Deftones, en ese medio tempo somnoliento que parece que está haciéndole hueco a Chino Moreno para que empiece con esos gritos desgarrados. En cambio, entra la voz de Koldo, pero tiene algún efecto. Es como si cantase desde el otro lado de la línea telefónica. Como si oyésemos la instrumental a pie de suelo y las voces entrasen desde arriba.

Sinestesia. Volvemos a coquetear en esta instrumental con el metal. Desde un espejismo al Enter Sandman de MetallicA, salimos a una guitarra que podría ser Mustaine tranquilamente. Si partimos de la —injusta— base del parecido de Niña Coyote eta Chico Tornado con The White Stripes, aquí estos euskoparlantes han abierto un camino nuevo. No oí tanto guiño al metal en los americanos.

 

 

Neu ta Zeu. El tic tac de una bomba de relojería, una frase repetida como un mantra, golpecitos a la caja, entra el charles… y ¡boom! Igual de machacona que Mein Land, de Rammstein, pero mezclada con una voz a punto de romperse en exceso psicodélico. Me encanta el tic tac con el bombo, y el puente es una locura, entre la guitarra y la batería, a lo Franz Ferdinand, más power pop, pero lo dicho, otro espejismo, en seguida vuelve la batería a esa crudeza marca de la casa.

Bai bye. ¿Por qué Tony Iommi debería tener una estatua de bronce a la que deberían peregrinar obligatoriamente todos los guitarristas del mundo? Dime si esta canción no tiene raíces en el Iron Man de los Sabbath. Entre ellos y una versión a medio tempo del Am I Evil? de los Diamond Head (aunque la famosa es la de MetallicA). Acaba derivando a una especie de The four horsemen, también de los MetallicA (qué puedo decir, estos dos tienen un rollo trash metal), que tiene rasgos de Anthrax (así resumiendo, no me gusta, me flipa).

F.U.A. Última parada. De las reseñas más largas que he hecho, y estoy triste porque quiero más. Con eso digo todo. Ball and Biscuit, de los White Stripes, como base. Vale, mucho dj por encima, un estribillo como mis admirados (nunca han tenido el empuje que merecen) Saliva en Fuck All Y’All, pero esa base puramente The White Stripes. Un bombo que llama a la guerra y una guitarra que puede ser distorsión, machaqueo y punteo a la vez.

En resumidas cuentas, dos músicos, sin bajo, sin teclados, sin una guitarra rítmica que lleve el peso… la exigencia de un proyecto así es que no hay tiempo para dejarte llevar o ceder el protagonismo al compañero. Úrsula y Koldo cumplen con creces, haciendo canciones cortas pero intensas (ni 40 minutos para 11 temas), no echando en falta nada en parte instrumental —a ver, se nota que no hay dos guitarras o que no hay bajo, pero no es una ausencia que haga que la canción cojee—, y destacando tanto los platos de una como la voz de otro. El disco suena tan motherfucker que quiero verlos en directo, a ver si con los nervios son capaces de defender con dignidad semejante propuesta.

Y el que quiera hablar con ellos, que les vocee.

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Bandcamp: http://niacoyoteetachicotornado.bandcamp.com/

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