Tomamos los bártulos y cual peregrinaje se produce el traslado a ese Templo que es la Sala Salasón en la localidad de Cangas con el fin de renovar los votos de obediencia al Santo clásico rock and roll. Pese a ser domingo la congregación abarrota el lugar y ello por cuanto uno de los más grandes predicadores del estilo, el natural de Tennessee JOHN PAUL KEITH ,va a descargar su excelsa Oratoria Músical.  Mucho más de como suena en sus discos, el directo John Paul Keith es todo un homenaje a los sonidos de los añejos años 50 siempre, eso si con la melodía como base de su quehacer, y ello no sólo por las versiones de Little Richard ( Lucille ), o Moon Mulligan ( Seven Nights To Rock ) que fueron cayendo sino por el propio estilo  de su repertorio propio que supone un reconocimiento implicito a los fundadores de esto que amamos llamado rock and roll ( Buddy holly, Roy Orbison, Dick Dale, Carl Perkins ,… ) . 

Siguiendo la estela de otros recuperadores de lo añejo como Marshall Crenshaw ( con un parecido sonoro asombroso ) o Nick Lowe, su actuación fue un estupendo y excelso cóctel de ambrosías de country pop y rock and roll como salidas de aquellos añorados recopilatorios Hit The Hay llenos de perlas de primigenio powerpop con sustrato de folk américano .

Recorrido muy completo por su discografía con la lógica parada en su último trabajo «Heart Shaped World» con un repaso extenso al mismo  ( Something So wrong, 901 Number , Aint Letting Go Of You, Little Bit of Loving, Do You Really Wanna Do it  o  Miracle Drug ) , un interesante interludio en su banda paralela Motel Mirrors con una saltarina y vibrante Meet Me On The Corner y Let Me Be Sweet To  You, y sobre todo por acudir en bastantes ocasiones a su mejor lp ( a mi juicio ) «The Man That Time Forgot» ( Never Could Say No, You Devil You, Anyone Can do it, Songs For Sale y las que sirvieron para terminar el set regular y bises I Work at Night y Afraid To Love ) .

Impecable con su traje negro con sus brillos a tono con la magia que salía de las seis cuerdas de sus guitarras de colores pasteles y brillantes ( por sus guitarras los conoceréis , dice el Nuevo Testamento del rock and roll a la hora de valorar y describir a un artista  ) ya que si algo queda patente en esta gira y con la formación de trío es que John Paul Keith es que su guitarra rezuma carisma y savoir affaire tanto en los momentos de Honky Tonk como cuando aparece el espíritu  de los Crickets por la lontanaza . Así entre la contundencia chulesca de Baby We’re A Bad Idea, el country rock de 99 Proof Kiss, el preciosismo melódico de If You Catch Ne Shanning y el vibrato de Looking For a Thrill,  se logró una comunión indisoluble público y artista de amor por el genuino y clásico rock and roll.

Una festividad que debe ser estar apuntada en su calendario para celebrarla sin duda alguna si quiere salvar su alma

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