Se han cumplido 30 años del estreno de Mi vecino Totoro, un tiempo en el que el film de Hayao Miyazaki ha ganado prestigio y fans por todo el mundo. Todo ello ha propiciado que se reestrene en salas de cine para que las nuevas generaciones (y los que la tuvimos que en vídeo en su día) la disfruten en pantalla grande. Nunca es tarde para descubrir esta pequeña joya del estudio Ghibli.

De Hayao Miyazaki ya hemos hablado en alguna ocasión y creo que nunca me cansaré de repetir que me parece un autor imprescindible dentro del cine de animación y del cine en general de las últimas décadas. Su influencia ha sido enorme no sólo dentro del anime japonés sino en gente como Pixar, los títulos de crédito finales de muchos de sus films han servido de inspiración evidente para Pixar. Sin ir más lejos, Disney se encarga hace años de distribuir internacionalmente las películas del japonés. E incluso El viaje de Chihiro le arrebató el Oscar a Monstruos S.A.

¿De qué va Mi vecino Totoro? Mei y Satsuki son dos hermanas que se trasladan con su padre a una casa en el campo para estar más cerca del hospital en el que se encuentra su madre. Parece ser que la madre de Miyazaki también estuvo hospitalizada durante una larga temporada y de ahí le vino la inspiración para el film. De hecho, al principio del film la protagonista iba a ser hija única pero finalmente se decidieron por que fueran dos hijas. Allí las dos niñas descubrirán unos seres sobrenaturales con los que, tras la sorpresa inicial, entablarán una amistad. Con Mi vecino Totoro Miyazaki rompió barreras y empezó a desarrollar las claves de lo que luego sería su cine posterior: ecologismo, pacifismo e infancia. Mi vecino Totoro es aún una historia bastante simple, alejada de la complejidad de films como La princesa Mononoke o la citada El viaje de Chihiro. 

A pesar de cierta deuda argumental con Alicia en el país de las maravillas, Miyazaki sabe crear un universo arrebatador. Los personajes de las dos hermanas (y en especial la hermana pequeña, Mei, manos mal que apostaron por que fueran dos hermanas) provocan una enorme ternura y logran que el espectador se encariñe con ellas sin remedio. Igualmente secundarios como el tímido niño Kanta o su abuela están muy bien definidos con leves pero concisas pinceladas. Por ejemplo, Kanta es un niño que se muestra enfadado y receloso hacia las niñas pero más parece que es por timidez que por otra cosa, e incluso puede ser debido a que está enamorado de Satsuki. Pero Miyazaki nunca lo aclara, es el espectador quien debe sacar sus propias concusiones. Tampoco se especifica el año exacto en el que transcurre la acción ni la enfermedad de la madre, pero tampoco son difíciles de deducir.

Por otro lado, los seres sobrenaturales no son los típicos chistosos cantarines al estilo Disney. Los Totoros (que son tres y no uno) son unos espíritus del bosque con forma de conejo, siendo el más grande un tipo bastante perezoso que no dice ni una sola palabra en toda la peli pero aún así se hace entrañable. Tan entrañable y carismático que acabó siendo el logotipo de los estudios Ghibli de Miyazaki. Otro personaje que tiene una gran importancia aunque sale poco es el Gatobus, un claro ejemplo de los personajes de Miyazaki, seres mágicos nacidos directamente de la naturaleza. Seres que aparecerán en todas sus películas posteriores. Miyazaki imprime al film un ritmo perfecto además del dibujo claro y aparentemente sencillo que ya era la marca de la casa. Por momentos me pareció estar viendo un episodio de Heidi o Marco en los Miyazaki colaboró.

Aparte de ser una maravilla técnica, Mi vecino Totoro es todavía hoy capaz de sorprender y emocionar a niños y mayores.

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