Ufff…a ver cómo puedo hacerlo…

Desde hace bastante, hay una pregunta que me ronda la cabeza. Ahí va, sin anestesia: ¿es realmente bueno que una banda saque un disco excepcional? Y cuando me refiero a excepcional hablo de un disco de 10. Uno de esos álbumes que te llevarías a una isla desierta o a un viaje Cádiz-Vigo en bus (creedme, sé de lo que hablo). De esos que pides en tu bar de confianza sin importar qué canción, ya que todas son geniales. Todas tienen algo.

Dejando el mundo de las ideas y bajando a la tierra firme, voy a centrarme en los dos casos concretos que me han inclinado a pensar en ello: Operation Mindcrime de Queensryche y The Blackening de Machine Head. Entre ambos hay casi veinte años de distancia, diecinueve para ser exactos, pero creo que han causado un efecto similar en sus autores.

Antes de nada, aclaro lo importante. ¿Estoy diciendo que no hay más discos así? No, pero no me vienen a la cabeza casos tan claros como éstos. ¿Es que esas bandas no tienen otros discos buenos? Sí que los tienen, y muy buenos. Empire es un discazo con mayúsculas e Unto The Locust es un trabajo más que sólido. Por eso es importante aclarar que, aunque dichas agrupaciones cuentan con una producción musical envidiable y admirable, existe un álbum que no es que brille entre sus hermanos. Es que brilla entre todos los discos de todas las bandas de un mismo estilo. Estamos hablando de discos que deben tener una calle bautizada con sus títulos.

Me encantaría hablar detalladamente de todo lo que me parecen los mencionados álbumes. Pero eso lo dejaré para otro momento. Lo que pretendo no es aportar una respuesta, ya que lo que yo opine apenas importa. El objetivo de estas líneas no es otro que compartir con vosotros esta pregunta. Dejarla salir, ya que no dejo de darle vueltas.

Cuando uno se embarca en una empresa musical en la que pone todo lo que tiene y no tiene sueña con crear una obra maestra. Ese disco que dará el pelotazo, que te llevará a lo más alto. Vender discos, llenar estadios. En definitiva, VIVIR DE LA MÚSICA. Un sueño que muchos hemos tenido despiertos, mirando los pósters en las paredes de tu habitación en el reflejo del espejo en el que te miras mientras tocas (sin amplificador) las canciones que suenan de la mini-cadena a todo volumen.

Pero, ¿qué pasaría realmente si logras sacar ese disco? ¿Qué ocurriría después de las presentaciones, giras y demás rituales musicales? ¿Cómo mejorarlo? La respuesta a esta última pregunta es fácil. Sacando otro disco aún mejor. Pero, ¿realmente lo será? O, si confías en que lo es, ¿el público te dará la razón o te condenará por defraudarles? El miedo a que todo lo que produzcas se compare con (lo que consideran) tu punto más alto está ahí. Creciendo a cada día que pasa. Porque año tras año, ese (maldito) álbum obtiene cada vez más un sitio mayor en el Olimpo Musical.

Anoche leí que lo que no crece automáticamente comienza a menguar, que no existe un punto estable de excelencia. Si no que es el crecimiento constante lo que nos hace estar en ella. Y lo peor de todo es que puede ser verdad.

 

 

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