MIRLOBLANCO – REINAS SALVAJES

Publicado el 18/10/2018 | por Teodoro Balmaseda | Opinión, Reviews

Hoy me ha dado por pensar en el tiempo. En teoría y según Einstein, el tiempo no es lineal y puede deformarse, es más, lo más seguro es que pudiera encontrarse una realidad más allá, o por lo menos aparte del tiempo. Pero nuestro cerebro de monos que hablan no nos permiten concebirlo, igual que puedes dibujar un cuadrado en dos dimensiones, formar un cubo en tres, pero no puedes trasladarlo al poliedro correspondiente a la cuarta dimensión. En unas semanas cumplo 15 años conduciendo. Aún me acuerdo de los nervios en las clases, los despistes, la sensación de estar rodeado de peligrosos temerarios que entraban en la circunvalación como locos… y ahora se me considera “experto” (si alguien puede ser experto en algo) y estoy mirando el reloj para ver a la siguiente generación, que cagaba en un pañal cuando ya iba yo por ahí metiendo kilómetros, empezar su odisea. Joder, me estoy haciendo viejo. Un, dos, tres… ¡Rock!

Game over. Empiezo a vislumbrar la receta de Mirloblanco: esto es rock crudo. Guitarras que dibujan sonidos inmisericordes, unida a un bajo potente en la parte melódica y una batería que no escatima en platos ni toques de caja para reforzar la parte instrumental. Vuelvo a ver ese rollo Stoner, la sombra de los Espectro Lobo es alargada. Tienen ese mismo tipo de entonación, que no de voz, heredera de bandas pioneras del glam rock como los New York Dolls, por ejemplo. El bajo tiene prácticamente todo el peso instrumental en las estrofas, donde guitarra y batería pasan a un segundo plano y quedan bajo los focos la voz y esa crudeza que mencionaba en las cuatro cuerdas.

Somos el poder. Ya les voy pillando el rollo a estos chicos. La primera siempre deja con ganas de más, a ver qué nos encontramos. A esta le veo un aire a Queens of the Stone Age (otro ejemplo de tipo gilipollas pero que hace buena música). No sé si es el tempo o la parte instrumental, pero da la sensación de haber subido la velocidad. A lo mejor es el bajo en las estrofas, que parece que va a hacer saltar chispas con las cuerdas. Después de mucho elucubrar, la escojo como el hit de Reinas Salvajes. Esta canción lo tiene todo: tiene el estribillo, en cuatro palabras: nosotros somos el poder / tú eres el poder. Simplicidad, como decía el doctor Lecter, un mensaje claro y directo. tiene una transición increíble que nos lleva a un solo demoledor. Un punteo bien agudo, una sola nota, redoble de caja, un bajo hecho una apisonadora y a disfrutar.

 

 

Para renacer. Me siento como un niño en un parque de atracciones. Sólo tengo ganas de gritar “¡Más!” mientras aplaudo. Salvando las distancias, pero me recuerda bastante a Berri Txarrak, por ejemplo, Bigarren eskuko amets. Cierto es que en mis tiempos mozos fui bajista y siempre los miro con otros ojos, pero esa receta que comparten por ejemplo U2 y Rammstein de dejar al bajo el peso melódico casi en exclusiva durante las estrofas me encanta. Claro, estas idas y venidas hacen que cuando la guitarra entra a saco, pasa de un punteo a un riff pesado o a un solo, llame aún más la atención. Esta es el vivo ejemplo de lo que digo, de estrofa a punteo, a un solo y de repente, ¡pam! Metralla a mansalva en un estribillo que no hace prisioneros. Este estribillo es de los de salir con collarín.

Carne viva. Este es más de la vieja escuela. Tiene un poso a The Small Hours, canción de los Holocaust que Metallica inmortalizó en el Garage Inc. Es su versión power trío, heredera directa del blues, a lo B. B. King, parando los instrumentos mientras canta, pero subiendo el octanaje cuando entran las guitarras.

 

 

Palos y piedras. ¿Vendrá de la frase de Einstein: “No sé cómo será la tercera guerra mundial, sólo sé que la cuarta será con piedras y lanzas”? Mismos ingredientes, diferente sonido. Sigue el bajo inmisericorde acompañando a la voz, la guitarra que pasa de punteos a riffs y la batería, generosa en platos y caja, pero ahora, sobre todo en los puentes, consiguen darle un aire grunge, a lo Come as you are, de Nirvana. Más peso aún en los riffs, mucho más crudo, digamos que han pasado del rock al umbral del metal, sobre todo de grupos pioneros. No tengo ni idea de cómo, pero tiene algo del Hocus Pocus, una de las mejores canciones de la historia. Y punto.

Fuego naranja. ¡Puro Pearl Jam! Evenflow en vena. Atención, la cita del disco: Soy hetero, soy travesti, soy homosexual / Tienes miedo, sólo miedo, a todo lo desigual / No ha amor si sólo hay fobia, vuestro dogma es el horror / libertad crucificada, bestias de la evolución. Como dijo Quevedo, donde hay poca justicia, qué peligroso es tener razón. Vamos a correr un tupido velo antes de que nos empapelen por ofensa al credo.

Amor y veneno. Esto es puro Deftones. Esa guitarra languideciendo por encima del bajo, la batería a medio gas… parece que Chino Moreno va a entrar en cualquier momento. ¿Cómo puede ser que una banda de rock tenga un rollo chill out? ¿Se me habrá ido la pinza definitivamente? Porque me trae a la mente el Big Calm de Morcheeba.

 

 

Reinas salvajes. Empieza divertido, marcando el ritmo con la voz. Ojito porque creo que son las mejores baterías del disco, pura contundencia en la percusión. Tiene ese poso canallesco, a lo Perras del Infierno, que luego fueron las Furias, pero entendido desde el rock añejo, desde The Doors, a lo Light my fire.

Vida histérica. Aquí si que han pisado el acelerador. Con la batería espoleada y el bajista hecho una ametralladora, la guitarra cabalga desbocada para cambiar la receta. En las estrofas también estalla la distorsión, pero han conseguido no quitarle espacio al bajo. Esta canción no se canta, ¡se grita! La parte del solo recuerda a Tom Morello, con Rage Against The Machine, con Prophets of Rage o en solitario.

Los chicos malditos. Reinas salvajes no es un disco precisamente breve, pero deja con ganas de más. Bueno, como en el descuento de un partido de fútbol, ánimo, que nos va a dejar la última. Están probando cosas nuevas. Empiezan todos los instrumentos a la vez, gana presencia la guitarra en las estrofas, gana peso, si cabe, el bajo, y gana energía, de una forma un poco más monolítica, la batería. ¿Soy el único que al oír Los chicos malditos se acuerda de la peli aquella de Los niños del maíz?

 

 

Pues hablando del tiempo, estos tíos son capaces de grabar un álbum en un fin de semana, en régimen de semidirecto. El mejor remedio para ese ataque de síndrome de Peter Pan es mirar atrás y ver que no hemos perdido el tiempo, o al menos, no todo el tiempo. Un disco para estar orgulloso, y tiene que ser para ver cómo lo revalidan en directo.

Antes de bajar la persiana, enlaces de la banda.

Facebook https://es-la.facebook.com/mirloblancorockband/

Twitter https://twitter.com/mirloblancoband

Spotify https://open.spotify.com/artist/0kVBdVo0DRWzi4VCjRJFNY

Youtube https://www.youtube.com/channel/UC71LJqgdfKq3SdmzWd8AAWA

NOOIRAX

TLF: 686 54 81 81

 

 

Sobre el autor

Escritor de ficción y crítico desde la admiración. Si te gustan mis reseñas, prueba 'Buscando oro' en tu librería o ebook.

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