Creía saber  con seguridad lo que iba a encontrarme en la Sala El Sol la noche del 19 diciembre. Había tenido un día muy largo, y aunque el sofá me llamaba con voz aduladora, di por hecho que un rato de rock de autor me reconfortaría. Llevaba toda la semana escuchando el nuevo trabajo de Paul Zinnard; tenía ganas de ver a ese tipo corriente sobre contar sobre el escenario historias de gente de a pie. Esperaba disfrutar de un cantautor con banda de fondo, y lo que me encontré fue a una increíble banda de rock perfectamente cohesionada. Me cazaron fuera de juego y me pasaron por encima.

Bastó un tema para admirar el sonidazo que se gastaba la banda. Cuando Paul, hacia el final del concierto y con su característica timidez, dio las gracias al técnico por ello, me dieron ganas de subir a la mesa y abrazarlo. Ojala todos los conciertos en Madrid sonasen así de bien, y sirva esto para probar que es posible, gracias a la profesionalidad de los implicados. Vaya usted a saber cómo cojones se las apaña el resto para semejantes desastres sonoros, que los hay.

También, la primer canción sentenció que los músicos no eran unos cualquiera, partiendo de un batería absolutamente bestial, hasta un bajista de precisión milimétrica y unos teclista y guitarrasta que se disputaban pose y protagonismo musical a cada intervención. Qué solos, por favor. Puro rock n’ roll de toda la vida, lleno de crescendos que ejecutaban con la naturalidad de la improvisación y la seguridad de una agrupación que lleva años rodando.

Gran parte del respetable no paró de bailar al ritmo de los rasgueos a dedo desnudo de Paul, y a un servidor se le pasó el sueño gracias al ensordecedor sonido del rock de autor de Mr. Zinnard, que se entregó con mucha concentración y profesionalidad a un repertorio de casi dos horas lleno de buenas canciones y fraseos a lo Dylan -«Regular white man stupid» lo terminó de delatar, pero ojo cómo lo gozamos-. Él espléndido de voz, por cierto, además de mostrándose de lo más humilde, descolocando así a un público extasiado ante lo que sonaba. Parecía que el espectáculo no fuese con él, que aquello que hacía era para lo que había nacido; su deber, y si los presentes bailaban, pues guay. Se me grabó su «bien, ¿no?, ¿sí?, ¿bien?, pues vamos a por otra».

Las canciones se disfrutaron de otra manera cuando el autor contó su historia, como fue el caso de «Away from home», e incluso cuando las dedicaba a algún presente. La emoción se contagiaba, y la increíble forma de tocar de esa banda, entregada a las canciones y no a su sombra, les limaba toda posible aspereza. El ritmo descendía cuando los músicos abandonaban el escenario y Paul, con todo atrevimiento se enfrentaba al público armado con su sola presencia y una guitarra acústica, pero no la emoción, pues su mano derecha raspa las cuerdas de una manera tan rítmica que es imposible no despegar los pies del suelo.

Delicado y emotivo el dueto con Willie B. Planas, este último complementado además con una armónica, que tantos puntos regala siempre. Emocionante también el último tema junto a la banda, un «Beyond The Moon» rockero y escandaloso que me dejó el cuerpo más hecho trizas de como ya me lo había traído. También, con ganas de repetir. Esta versión de Zinnard, tan americanizada y desatada sobre el escenario, le otorga a sus canciones de autor tantos decibelios y armas blancas como para ganar a cualquier guerrero del rock más duro.

Setlist de Paul Zinnard en Madrid el 19 de diciembre de 2014:

1. Red or blue
2. All around the world
3. A good thing that you know
4. All day long
5. Regular white man stupid
6. John and Claire
7. Rain or no rain
8. You and I
9. Miss Tokyo
10. Let War Begin
11. You never get what you want
12. Stop wasting my time
13. Man for you
14. Away from home
15. Man Falling on the ground
16. Happiness
———————————
17. Jo-Min’s Room (con Willie B. Planas)
18. A long time running
19. Born to lose/you say
20. Listen Everybody
21. Beyond The Moon

by: Edgar

by: Edgar

A la música le dedico la mayor parte de mi tiempo pero, aunque el rock me apasiona desde que recuerdo, no vivo sin cine ni series de televisión. Soy ingeniero informático y, cuando tengo un hueco, escribo sobre mis vicios. Tres nombres: Pink Floyd, Led Zeppelin y Bruce Springsteen.

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