Volver a la misma sala menos de un año después podría ser una prueba incómoda para muchas bandas. Rufus T. Firefly, sin embargo, volvieron a registrar otro triunfo entre sus fieles. El concierto de ayer en la Sala Oasis Club Teatro de Zaragoza confirmó que el grupo sigue creciendo sin prisa, pero con una idea muy clara de hacia dónde quiere ir.

El directo sonó cristalino y potente de principio a fin, sosteniendo un repertorio que evitó el camino fácil. Lejos de apoyarse sólo en los temas más reconocibles, la banda optó por rescatar canciones menos conocidas de sus primeros trabajos, construyendo un set list que terminó siendo un auténtico resumen de lo mejor de su discografía. No fue un ejercicio de nostalgia, sino de coherencia.

En lo emocional, destacaron piezas ya imprescindibles como Trueno azul, Magnolia, Río Wolf o Nebulosa jade, auténticas piedras angulares de una discografía tan seductora como personal, interpretadas con una seguridad que sólo da el paso del tiempo y la confianza en el material propio. Hablando del paso del tiempo: Víctor recordó la anécdota de cuando tocó en la Oasis hace más de 20 años como telonero de Sunday drivers. El momento más emocionante llegó con Canción de paz, con la acústica de Víctor y su voz acompañados por un silencio sepulcral en la sala, señal inequívoca de conexión real entre banda y público.

Víctor Cabezuelo dirigió el concierto desde la serenidad, mientras Julia Martín-Maestro volvió a ser fundamental en el armazón sonoro del grupo. Al cantar, eso sí, se la percibe todavía algo incómoda al salir de su zona de confort, lo que la hace todavía más admirable. ¿El resto de la banda? Impecable. Tanto Manola a los teclados y coros, Carlos Campos a las guitarras, Miguel de Lucas al bajo y Juan Feo a la percusión son piezas fundamentales de este fantástico puzzle sonoro que son Rufus T. Firefly en directo.

El mensaje quedó claro: Rufus T. Firefly nunca defraudan. De Aranjuez al cielo, pasando por la Oasis.




















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