Más allá de consideraciones personales, Francis Taza se merece un respeto. Es uno de esos locos que le quita horas al sueño, a la procrastinación o a hacer el vago para construir cosas, para echar una mano a las bandas. Es, en resumen, una de esas personas que dan sentido a la expresión «la escena» de cualquier ciudad. Además, que es uno de los ingredientes que me motivan a hacer esta reseña, habla de algo que por desgracia está en nuestro día a día en este capitalismo post mortem: la salud mental. Reconociendo que soy profano en la materia, observo los fríos datos (causa de muerte número uno en adolescentes, porcentajes de población afectada, trato en medios de comunicación/redes sociales…) y concluyo, lo primero, que hay que ser valiente para exponerse uno así, y lo segundo, que es necesaria mucha fuerza de voluntad para canalizar todo esto hacia el arte. En este caso, en nada menos que 48 canciones que iremos desgranando poco a poco, así que iros memorizando este nombre, porque Francis Taza se va a convertir en uno de los clásicos del lugar. Un, dos, tres… ¡Francis!

Shame. Me dan ganas de coger una campana y señalarte con el dedo mientras caminas en pelotas. (Chiste de Juego de tronos). Empiezan unas guitarras que suenan añejas… bueno, añejas… ochenteras, de cuando yo era chavalín. Entre Van Halen y Bon Jovi, con un toque épico de Stallone zurrando al saco. Estoy volviendo a mi tierna infancia, cuando todos queríamos ser Terminator. Tal vez es la letra la que me induce esa regresión en el tiempo. Parece la lista de disculpas que redacta (no lo sé por experiencia, pero creo que se usa) alguien recién rehabilitado, pero, mientras un punteo que es puro glam rock me trepana el coco, me trae algo a la mente. Entiendo esa vergüenza como una especie de dualismo retrospectivo. Por un lado, hay un pasado que te persigue, que te hace de lastre, pero, por el otro, la mera presencia de la imagen del pasado está condicionado tu versión actual. Es complejo medir entre la autoindulgencia y la redención legítima.

Guilty. Con esta sí que conecto desde el primer hola. The unforgiven II, de los MetallicA buenos, los de Newsted. Lo que pasa es que como andaba en el Reload, le dieron leña sin conocimiento, pero es una gran canción. Cuando entra el guitarreo se acabó el espejismo, y vuelve a un sonido más cercano a Bon Jovi o al glam… Skid Row, con Bach a la cabeza, por ejemplo. Mientras avanzan las estrofas, tengo también un aire de Green Day, de Wake me up when september ends. Una mezcla curiosa, cuando menos.

Disgust. Parecía que iba a ser un medio tempo, pero no. Hombre, tampoco es un riff velocípedo, pero es rapidito, de caballo trotón. Con ese sabor ochentero… Jump, de los Van Halen, la batería simple, no en mal sentido, sino sacrificada al empuje de la letra. Sigo viendo, desde un punto de vista casi filosófico, más que psicológico, ese dualismo. Es como Frankenstein, criatura y doctor mirándose uno al otro y analizando paso a paso el desarrollo de los acontecimientos.

Para los que sienten empatía por un hombre capaz de desentrañar su historia y convertirla en arte, enlaces del proyecto:

Causa Benéfica: La recaudación es a beneficio de la Asociación Alas (lucha contra el abuso sexual infantil). https://asociacionalas.org/

YouTube. https://www.youtube.com/@francistaza

Bandcamp. https://francistazamybookoflife.bandcamp.com

Blog https://francismetalfox.blogspot.com/

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Francis Taza – The trilogy – Stained (2025)

by: Teodoro Balmaseda

by: Teodoro Balmaseda

Si te gustan mis reseñas, también escribo novelas. Cadelarias de la Virgen

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