Vemos a un niño agachado, una postura sencilla, cuando tenemos
esa edad. Una postura que algunos abandonan para siempre. Aunque
lo bueno de esa posición, es que puedes encontrar cosas inesperadas,
como un bancal de violetas amarillas, o un montón de insectos nacarados
bullendo, bajo una piedra.

Cuando el niño era niño, andaba con los brazos en los bolsillos. Quería
que el arroyo fuera un río y ese charco el mar. Para él, todas las almas
eran una. Cuando el niño era niño frecuentemente se sentaba en cuclillas,
y de pronto, echaba a correr.

Ese tiempo era el de las preguntas: ¿Por qué soy yo y no soy tú?

Cuando el niño era niño no podía tragar las espinacas. Despertó
una vez en una cama extraña, y ahora lo hace una y otra vez. En la copa
de un árbol, cortaba las cerezas emocionado, como aún lo sigue estando.
Tiraba una vara como lanza contra un árbol, y ésta, aún sigue ahí, vibrando.

Queremos que el niño crezca sano. Que sea feliz, a veces, y que salte precipicios.
Que su corazón tenga fuerzas para perdurar y que su mente despierta llegue lejos.
Pero no tan lejos como para ver el futuro. Ahorradle, fuerzas celestiales, ese don.

 

 

by: Angel

by: Angel

Melómano desde antes de nacer, me divierto traduciendo canciones y poesía. Me gusta escribir. Soy un eterno aprendiz y bebo de casi todos estilos musicales, pero con el buen rock alternativo me derrito.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Últimas entradas

Últimos comentarios

Te puede interesar

merodeando a la Verdad

merodeando a la Verdad

¿Será verdad que esto es verdad? se preguntan los intelectuales. Porque también se sangra intelectualmente. La sangre sale por los oídos, por la nariz, por los ojos, por la boca. Algo que nos hace tender a callarnos y comprender antes de que lo haga el corazón, con la...

merodeando a la obligatoriedad de amar

merodeando a la obligatoriedad de amar

Vi una vez a una mujer tan amable y sonriente, tan maltratada, que el juez no la creía, porque la única respuesta adaptativa que le quedaba era el amor. Un amor que manaba a borbotones sin medida, sin distinción. Como el de los árboles que ofrecen su oxígeno a...

merodeando a la soledad

merodeando a la soledad

Si nos mirásemos los unos a los otros justo antes de dormir, mientras, rodeados de esa resignación, cerramos los ojos y nos olvidamos de todo, nos amaríamos más. Descubriríamos el verdadero peso de nuestra soledad. Pero en ese momento nadie mira. Justo en ese momento,...

Merodeando a los invasores de cuerpos

Merodeando a los invasores de cuerpos

Si no tenemos bastante con el gusano conquistador, ese animal sin ojos que nos hace despertar a una ciencia del dolor como única sabiduría posible; asesorando como pago a mucho cómodo, (como el emperador de Gladiator), tenemos a los invasores de cuerpos. Esos que...