Este bonito poema de Edgar Allan Poe se titula To, en español, A. Y está dedicado a la mujer que asistió a su esposa en el fallecimiento. Marie Louise Shaw. Un poema muy romántico y con muchas volutas en su escritura en el que se distingue el estilo barroco de nuestro poeta.

 

 

TO…

 

Not long ago, the writer of these lines,
In the mad pride of intellectuality,
Maintained «the power of words»— denied that ever
A thought arose within the human brain
Beyond the utterance of the human tongue:
And now, as if in mockery of that boast,
Two words— two foreign soft dissyllables—
Italian tones, made only to be murmured
By angels dreaming in the moonlit «dew
That hangs like chains of pearl on Hermon hill,»
Have stirred from out the abysses of his heart,
Unthought—like thoughts that are the souls of thought,
Richer, far wilder, far diviner visions
Than even seraph harper, Israfel,
(Who has «the sweetest voice of all God’s creatures,»)
Could hope to utter. And I! my spells are broken.
The pen falls powerless from my shivering hand.
With thy dear name as text, though bidden by thee,
I cannot write— I cannot speak or think—
Alas, I cannot feel; for ‘tis not feeling,
This standing motionless upon the golden
Threshold of the wide—open gate of dreams.
Gazing, entranced, adown the gorgeous vista,
And thrilling as I see, upon the right,
Upon the left, and all the way along,
Amid empurpled vapors, far away
To where the prospect terminates— thee only.

 

 

A…

 

No hace mucho, el autor de estas líneas,
por el orgullo loco de la intelectualidad,
afirmaba “el poder de las palabras”— negaba que alguna vez
un pensamiento surgiera dentro del cerebro humano
más allá de la expresión de la lengua humana:
y ahora, como en burla de ese alarde,
dos palabras — dos desconocidas y suaves bisílabas —
italianas sonoridades, hechas solo para ser susurradas
por ángeles que sueñan en la luna “rocío
que cuelga como perlas encadenadas en la colina de Hermon,”
han despertado de repente los abismos de su corazón,
inconcebibles — como pensamientos que son las almas del pensamiento,
más ricas, mucho más salvajes, mucho más divinas imágenes
que incluso el serafín arpista, Israfel,
(quien posee “la más dulce voz de todas las criaturas de Dios,”)
podría esperar pronunciar. ¡Ni yo! Mis hechizos están rotos.
La pluma cae impotente de mi mano temblorosa.
Respecto a tu querido nombre como texto, aunque ordenado por vos,
no puedo escribir— no puedo hablar ni pensar—
por desgracia, no puedo sentir; porque no es sentir
esta permanente inmovilidad sobre el dorado
umbral de la puerta abierta de los sueños.
Mirando, embelesado, por el hermoso panorama,
también conmovedor como veo, a la derecha,
a la izquierda, y a lo largo del camino,
entre sobreembellecidos vapores, más allá
de donde la perspectiva termina— tan sólo vos.

 

 

 

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