Dentro del surrealismo cinematográfico se destacan nombres como Luis Buñuel, Alexandro Jodorowsky o David Lynch, sin embargo no debemos olvidar el nombre del recientemente fallecido José Luis Cuerda.  Cuerda ha sido el mejor exponente de un cine patrio que poco o nada tenía que ver con lo se venía haciendo en nuestro país. Tras unos inicios dentro de la comedia urbana de los años 80, pronto se distinguió de sus coetáneos con Total (1983), una película para televisión que era su particular visión de la Biblia y con la que inició su surrealismo dentro del mundo rural: el surruralismo. Pronto cayó en sus manos el guión de Rafael Azcona para la sensacional El bosque animado (1987), adaptación de unos relatos de Wenceslao Fernandez Florez y así nació su primera colaboración juntos. El guión de Azcona recreaba magistralmente la atmósfera mágica de los relatos a pesar de eliminar no pocos pasajes y personajes mágicos. Tras el éxito de El bosque animado vino la que quizás sea para siempre su obra más recordada y querida por los cinéfilos: Amanece, que no es poco.

Amanece, que no es poco es surrealismo ibérico puro. Cuerda rodó el film en las localidades albaceteñas de Ayna, Liétor y Molinicos usando a no pocos habitantes como extras, con lo que el film es un homenaje a las gentes de Albacete y su idiosincrasia. El guión está lleno de situaciones absurdas pero que demuestran un gran sentido del humor y una desbordante inteligencia. Ese hombre que crece en medio de un huerto como si de una col se tratara, el escritor al que sólo le salen plagios o ese guardia civil que se enfrenta al sol al ver que sale por el Este son ejemplos del inteligente sentido del humor de José Luis Cuerda. Cuerda se erige como un guionista excepcional que usa el humor para radiografiar la sociedad del momento. Quizás sea el mejor guionista español junto con su amigo Rafael Azcona. Palabras mayores. Eso sí, mientras Azcona siempre mantuvo a sus personajes anclados a la realidad (como buen hijo del neorrealismo italiano), Cuerda los colocaba en realidades paralelas para usarlos como espejos deformantes. Vamos, que no pueden estar más alejados de la España real y ser paradójicamente más españoles. Los habitantes de este singular pueblo leen a Faulkner, Góngora y Dostoievsky pero no van de intelectuales. Es este contrasentido reside la genialidad del guión.

Una genialidad que, con la perspectiva que otorga el tiempo, incluso ha resultado profética al presentar comportamientos propios de redes sociales como Facebook o Instagram. No olvidemos que el pueblo elige los roles (el tonto del pueblo, la puta, la monja, etc), el alcalde exhibe a su última conquista, amenaza con suicidarse si se le lleva la contraria y hay seguidores de las calabazas. 

 Amanece, que no es poco hace que el espectador se divierta y se sienta inteligente. No estamos ante un humor facilón sino ante una elaborada crítica de los sinsentidos (o sindiós) de la sociedad. Cuerda plantea situaciones absurdas ante las que los personajes actúan con absoluta normalidad, como indicándonos que cualquier cosa es posible y que, de ocurrir, nos adaptaríamos a todo con total naturalidad. Dicha naturalidad es otra clave fundamental del cine de Cuerda. Los actores están asombrosamente naturales y espontáneos en el film. Cuerda trabajó aquí con un excelente reparto coral plagado de eternos actores secundarios de auténtico lujo: Antonio Resines, Luis Ciges, José Sazatornil (el actor al que mejor le quedaba el tricornio), Chus Lampreave, Manuel Alexandre, Gabino Diego, María Isbert, Miguel Rellán, etc.

 La trilogía del surruralismo se completó con Así en la tierra como en el cielo (1995), en la que el cielo se parece mucho a un pueblo español. Posteriormente Cuerda y Azcona escribieron a cuatro manos los guiones de La lengua de las mariposas (1999) y Los girasoles ciegos (2008) que Cuerda dirigió. Dos desgarradoras historias humanas sobre personajes atrapados por la guerra civil en las que ambos dejaron de lado sus temas habituales. Reconozco que el final de La lengua de las mariposas con ese viejo profesor insultado por sus alumnos me arrasa los ojos cada vez que me viene a la mente. Supongo que la interpretación de Fernando Fernán Gómez tiene mucho que ver. Hay que ver lo bien que dirigía Cuerda a sus actores. Sin ningún género de duda, Cuerda y Luis García Berlanga son los mejores directores de repartos corales que nunca ha tenido este desagradecido país.

También creo destacable el film La marrana (1992) sobre dos pícaros (Antonio Resines y Alfredo Landa, nada menos) en la España de los Reyes católicos. Cuerda fue también descubridor y mecenas de un tal Alejandro Amenábar, de quien acabó siendo casi un segundo padre. El último film de José Luis Cuerda fue Tiempo Después (2018), un film que salió adelante gracias al apoyo de los múltiples seguidores y amigos de Cuerda: de Muchachada Nui a Buenafuente pasando por Arturo Valls. Y ayer el amanecer nos trajo la noticia del fallecimiento de José Luis Cuerda.

 Cuentan que en el funeral de su esposa José Luis Cuerda leyó lo que el horóscopo le deparaba para ese día. No se me ocurre nada más subversivo ni más entrañable. No sé yo si existe un cielo (tengo tendencia a no creerme lo que no veo) pero, de existir, seguro que debe parecerse mucho a esa España rural de José Luis Cuerda.

P.d.: Os copio esta frase de Amanece, que no es poco que parece absurda pero tiene una retranca brutal: «¡Se me está muriendo divinamente, te lo juro! De los años que llevo de médico nunca había visto a nadie morirse tan bien como se está muriendo tu padre. Qué irse, qué apagarse, con qué parsimonia. Estoy disfrutando que no te lo puedes ni imaginar»

 Pues eso. Descanse en paz, señor Cuerda. O no, haga lo que quiera. Que bien ganado se lo tiene.

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