En este poema, el número LVIII de Las Flores del Mal, la obra de Charles Baudelaire, se puede apreciar a un Baudelaire gravemente afectado— que no enamorado— por la sensualidad de una misteriosa mujer. Con versos cortos, nuestro poeta describe sus sensaciones así como la feminidad de dicha mujer, que parece muy consciente de sus encantos.

 

LAS FLORES DEL MAL – CHARLES BAUDELAIRE

 

CHANSON D’APRÈS-MIDI

 

Quoique tes sourcils méchants
Te donnent un air étrange
Qui n’est pas celui d’un ange,
Sorcière aux yeux alléchants,

Je t’adore, ô ma frivole,
Ma terrible passion !
Avec la dévotion
Du prêtre pour son idole.

Le désert et la forêt
Embaument tes tresses rudes,
Ta tête a les attitudes
De l’énigme et du secret.

Sur ta chair le parfum rôde
Comme autour d’un encensoir ;
Tu charmes comme le soir,
Nymphe ténébreuse et chaude.

Ah ! les philtres les plus forts
Ne valent pas ta paresse,
Et tu connais la caresse
Qui fait revivre les morts !

Tes hanches sont amoureuses
De ton dos et de tes seins,
Et tu ravis les coussins
Par tes poses langoureuses.

Quelquefois, pour apaiser
Ta rage mystérieuse,
Tu prodigues, sérieuse,
La morsure et le baiser ;

Tu me déchires, ma brune,
Avec un rire moqueur,
Et puis tu mets sur mon cœur
Ton œil doux comme la lune.

Sous tes souliers de satin,
Sous tes charmants pieds de soie,
Moi, je mets ma grande joie,
Mon génie et mon destin,

Mon âme par toi guérie,
Par toi, lumière et couleur !
Explosion de chaleur
Dans ma noire Sibérie !

 

 

CANCIÓN DE MEDIODÍA

 

Aunque tus malévolas cejas
te hacen una mirada misteriosa
que no es la de un ángel,
hechicera de ojos tentadores,

te quiero, oh frívola mía,
¡mi terrible pasión!
con la devoción 
del sacerdote por su ídolo.

El desierto y la selva
perfuman tus duras trenzas,
tu cabeza tiene las actitudes
del enigma y del secreto.

En tu piel el aroma acecha
como alrededor de un incensario;
seduces como la noche,
ninfa oscura y ardiente.

¡Ah! las pócimas, las más poderosas
no valen lo que tu indolencia,
y tú conoces la caricia
¡que hace revivir a los muertos!

Tus caderas están enamoradas
de tu espalda y de tus senos,
y te encantan esos cojines
para tus poses lánguidas.

A veces, para apaciguar
tu rabia misteriosa,
prodigas, seria,
el mordisco y el beso;

Me desgarras, morena mía,
con esa risa traviesa,
y después pones en mi corazón
tu mirada mansa como la luna.

Bajo tus zapatos de satén,
debajo de tus adorables pies de seda,
yo, pongo mi mayor alegría,
mi genio y mi destino,

mi alma por ti sana
¡por ti, luz y color!
¡Explosión de calor
en mi sombría Siberia!

 

 

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